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Es argentina y sus empanadas son furor en EE.UU.: noches de mujeres y un negocio exitoso

Hace un año, cortó cintas el primer local de Belén de la Cruz Empanadas & Pastries cerca de Atlanta. Hoy, la firma está por abrir un segundo punto de venta y ya avanza en la estrategia para crecer en el canal mayorista.

El 8 de febrero de 2020, abría las puertas el primer local de Belén de la Cruz - Empanadas & Pastries, ubicado en Johns Creek, a 40 minutos al norte de la ciudad de Atlanta, en los Estados Unidos. El alma máter del emprendimiento es la argentina Belén de la Cruz, quien había empezado tres años antes a dictar clases de cocina en su casa, con impronta criolla, para grupos reducidos. El punto de venta es, además, el primero en comercializar este producto gastronómico tan común entre los argentinos en aquella urbe.

"Una amiga me propuso que le enseñara algunas recetas; al principio me pareció una ridiculez, porque nunca lo había hecho, pero igual probamos una clase y sentí como si lo hubiera hecho toda mi vida. Sabía que si le daba un toque diferente iba a lograr atraer a ciertos grupos dentro de la comunidad en la que vivimos", comparte De la Cruz, nacida en Buenos Aires, quien reside junto a su marido y tres hijos en el estado de Georgia.

El primer paso fue armar un flyer en el que ofrecía "Noche de mujeres", una propuesta enfocada en reuniones con amigas, empanadas, un buen malbec y postres con dulce de leche. A la primera semana, recibió tres reservas por grupos de 10 mujeres. 

El proyecto comenzó a andar sobre ruedas y, en aquella primera instancia, la emprendedora daba clases y vendía repostería con una licencia desde su casa. Pero, a medida que sus clientas le consultaban dónde podían adquirir las empanadas, De la Cruz empezó a ver una nueva oportunidad de negocio. "Después de dos, años mi hermano me propone abrir un local. Aprovechando que teníamos repostería, clases y mi conocimiento de diseño, armamos un espacio con la estética de un coffee shop".

Historia de una emprendedora

Cuando tenía 17 años, De la Cruz transitó su primera experiencia de estudios, Fashion Merchandising, fuera de la Argentina. Ya de regreso al país, entrados los años 90, hizo un curso en diseño de moda y empezó a trabajar. Por ese entonces, su padre exportaba a Europa y necesitaba a necesitaba a alguien que presentara los productos, que organizara los eventos, los stands y contratara promotoras. Y De la Cruz no dudó en ocupar ese rol. Dos años después, sintió la necesidad de ponerle nombre a lo que estaba haciendo y viajó a Santa Barbara, California, a hacer un Certificate in Business con especialización en Marketing.

Durante un tiempo, hizo una pasantía en una firma estadounidense de relojería. Luego, nuevamente en la Argentina, ocupó posiciones de Marketing en Grupo Clarín y en Burger King. "Ese fue el último pie que tuve en una corporación. A partir de ahí comencé a hacer todas cosas de emprendedora, desde comprar marcos antiguos y hacer cuadros, a empezar a diseñar".

Sin embargo, por razones laborales, su marido empezó a viajar mucho. Juntos se expatriaron en Brasil y México y, desde 2015, residen en los Estados Unidos. "Cuando llegamos a Atlanta, me vuelvo a conectar con hacer algo para mí porque mis hijos ya estaban más grandes", comparte.

Las clases de cocina en el hogar venían dando buenos frutos. Pero fue su hermano quien la incentivó a dar un paso más: "No sabés la cantidad de gente que me pide que le haga empanadas y yo no las puedo hacer porque no tengo la cocina", le dijo. Y ahí fue cuando él replicó: "¿No te das cuenta la ventana que hay y no la estás abriendo?". Así empezó a escribirse la historia de Belén de la Cruz - Empanadas & Pastries.

A mediados de 2019, De la Cruz comenzó a buscar un espacio. Lo encontró a pocas cuadras de su casa, en un lugar bastante transitado, donde supo haber una bicicletería. "Atlanta está en pleno crecimiento y no hay nada vacío, lo vi desde afuera y lo alquilamos sin siquiera entrar", comparte.

La aventura empezó cuando firmó el contrato, recibió las llaves y se encontró con un sitio vacío, listo para ser reacondicionado. Entre los primeros trámites, incluyó ir al departamento de Salud, de Agricultura y empezar a meterse de lleno en las cuestiones normativas para construir lo que algún día iba a ser una fábrica. De la Cruz se encontró con una lista de requisitos, que siguió al pie de la letra. "Los primeros días fueron con un montón de incertidumbre, pero sabíamos que el producto lo teníamos; yo venía hacía dos años desarrollando recetas, de hecho, hice venir a un chef amigo a que las cuantificara para saber que íbamos a poder reproducir el sabor todos los días", recuerda la emprendedora, que empezó el negocio con una inversión inicial de u$s 250.000 y que vende unas 10.000 empanadas por mes.

A las pocas semanas de cortar cintas, las noticias sobre la expansión del Covid-19 ganaban atención en los medios. "Tuvimos que aprender a manejar el negocio mientras aprendíamos a lidiar con una pandemia. Si bien en Atlanta no hubo cuarentena obligatoria, sí cerramos las puertas para atender solo por teléfono y llevar al auto sin contacto. Así estuvimos durante dos meses. Después, para junio, volvimos a abrir las puertas con recaudos. En un 90% somos take out. La pandemia nos ayudó a ajustar procesos".

Se viene el tercero

Con cuatro empleados full time y cuatro part time, De la Cruz se encuentra en la búsqueda de otras seis personas para cubrir la puesta en marcha del próximo local y dar soporte en producción. Es que, a fin de febrero, estará abriendo su segundo punto de venta, a 40 minutos del primero, y ya analiza un tercero. Pero los planes no se terminan ahí: "El Departamento de Agricultura nos aprobó como mayoristas, así que estamos con las primeras tratativas de cerrar el primer contrato con un café que estaría vendiendo nuestras empanadas. También acabamos de alquilar el negocio de al lado de nuestro primer local para poder expandir la cocina y el lugar de abastecimiento; la idea es seguir apostando y creciendo. Hoy necesitamos más distribución y nuestro foco va a estar en abrir más bocas".

La docena de empanadas se comercializa a u$s 35, las tortas parten en u$s 40 y el ticket promedio es de u$s 28. "Desde que abrimos estamos en break even. Todos los meses crecemos un poco más. Estamos arriba de una facturación cercana de u$s 40.000 por mes".

Me llamó gente desde otros puntos del país para pedir recomendaciones al empezar un emprendimiento. "Hacé todo al pie de la letra de los requerimientos: acá, lo único que te salva es seguir los requerimientos y hacer todo a rajatabla. El sistema te ayuda y te empuja. Tenemos que sacarnos los vicios del que improvisa. Sí hay una luz al final del túnel. Estamos en proceso de reinversión y tenemos muchos frentes abiertos. No es ni tan fácil ni es imposible", concluye.

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