

El emprendimiento se ha convertido en una opción cada vez más apreciada entre las salidas profesionales posibles. Son los jóvenes sobre todo quienes impulsan esta idea que prioriza la independencia laboral y la creación de proyectos propios.
Sin embargo, son muchos los autónomos que argumentan que el camino del emprendimiento se encuentra plagado de riesgos, sacrificios y desafíos. A su vez, todos los emprendedores que cuentan sus experiencias comparten algo en común: las ganas y el esfuerzo por sacar adelante un proyecto.
En este aspecto, la historia de Julián Fernández es una de las que más resuenan. A los 16 años, el joven fundó una asociación sin ánimo de lucro, consiguió 30.000 euros de una empresa tecnológica y lanzó su primer satélite al espacio desde Nueva Zelanda en 2019, sin haber cumplido los 18 años.
Hoy tiene 22 años, dirige Fossa Systems con más de 50 empleados, tiene más de 20 satélites en órbita, vende tecnología a la OTAN, al Ministerio de Defensa español y a Microsoft, y proyecta facturar cientos de millones de euros en 2030.

Cómo un joven de 16 años construyó un satélite en su cuarto sin ninguna formación oficial
Fernández comenzó su carrera en su dormitorio, en Cádiz, con 15 años, leyendo tesis doctorales que descargaba de internet. “Soy autodidacta. Me formé leyendo tesis doctorales, trabajos de fin de grado y de máster. Aunque suene un poco friqui, así me empapé de conocimientos”, comentó en entrevista para El Economista.
No tiene familiares en el sector aeroespacial. Estudió en un colegio internacional en Sotogrande bajo un sistema educativo anglosajón, habla inglés, francés, italiano y algo de portugués, y desde los 13 años tenía claro que quería acercarse al espacio de la forma más directa posible.
Lo que construyó en su dormitorio fue un picosatélite: menos de un kilo de peso, 10x5x5 centímetros, diseñado no para dar acceso a internet sino para ofrecer conectividad de bajo ancho de banda a sensores del Internet de las Cosas.
Para financiar el lanzamiento lanzó una campaña de micromecenazgo en la que los donantes a partir de cinco euros podían ver su nombre inscrito en el artefacto. Esos vídeos explicativos llamaron la atención de Everis, ahora NTT Data, que puso 30.000 euros en el proyecto.

Cómo logró un adolescente lanzar un satélite con 16 años
Montar la empresa siendo menor de edad fue, según sus propias palabras, casi tan complicado como lanzar el satélite. “Tuve que pedir la emancipación para poder montar la empresa. En el banco crearon un procedimiento específico para que pudiera abrir una cuenta”, recordó.
Esa dificultad para ser tomado en serio se prolongó incluso después de que la empresa empezara a crecer. “Lo más complejo fue ganar credibilidad. Al principio había que demostrar que, pese a la edad, teníamos capacidad técnica y visión empresarial. Muchos se sorprendían al ver a un equipo joven liderando proyectos espaciales”, declaró.
Su conclusión llegó años después: “Hoy, más que un hándicap, lo considero una ventaja: la juventud aporta energía, rapidez de adaptación y una forma distinta de ver los problemas”.
De 4 satélites a vender tecnología a la OTAN y al Ministerio de Defensa
La aceleración de Fossa Systems en los últimos dos años ha sido notable. La empresa pasó de una facturación de 200.000 euros en 2023 a un millón de euros en 2024, cerrando contratos en sectores como la defensa, la energía y las telecomunicaciones.
Levantó una ronda de financiación de 6,3 millones de euros y tiene en marcha una segunda ampliación para financiar los próximos lanzamientos y su expansión internacional.
El objetivo para 2030 es una constelación de más de 80 satélites con cobertura global, con 50 unidades en órbita para 2027. Y una facturación de cientos de millones de euros.
Cuando El Economista le pidió resumir en una frase los primeros cinco años de Fossa Systems, Fernández lo hizo simple pero gráfico: “Una escalada hacia la cima. Cada año ha sido un peldaño más hacia esa cima que todavía seguimos escalando”.
“Una empresa no la creas si solo estás pensando en el dinero. La creas porque hay una pasión por lo que estás haciendo. Y porque de verdad piensas que estás cambiando el mundo. Si no, no hubiese llegado a donde estoy”, sentenció.














