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Con una historia ligada a los orígenes de los grandes vinos argentinos y una mirada exploradora liderada por el enólogo Sergio Casé, la bodega celebra una cepa emblemática que hoy vuelve a demostrar todo su potencial en los terroirs del país.

En el marco del Día Internacional del Cabernet Sauvignon, que se celebra el 3 de septiembre, la vitivinicultura argentina vuelve a poner en primer plano al considerado “rey de las tintas”.

Si el Malbec fue la gran llave que durante las últimas décadas abrió las puertas del mundo al vino argentino, variedades históricas como el Cabernet Sauvignon permiten descubrir otra faceta del país: la de un territorio diverso y versátil, capaz de ofrecer grandes expresiones de una de las cepas más reconocidas y competitivas a nivel internacional.

En este escenario, Bodega Trapiche atraviesa un momento especialmente destacado ya que sus etiquetas han cosechado importantes distinciones en certámenes internacionales, reafirmando la calidad y el potencial de los vinos argentinos en los principales mercados.

Una historia que comenzó hace más de un siglo

Para Trapiche, hablar de Cabernet Sauvignon implica también volver sobre una parte de la historia de la vitivinicultura argentina.

Con casi tres décadas de trayectoria como Enólogo de Trapiche y un legado familiar profundamente arraigado en la vitivinicultura mendocina, Sergio Casé, destaca el lugar que esta variedad ocupó desde los comienzos de los grandes vinos del país.

“La vitivinicultura argentina, allá por principios del siglo XX, cuando los grandes industriales de la época hacían vinos para el público argentino, empezaba también a recibir visitas de europeos. Ahí aparecen los primeros vinos de alta gama, que básicamente eran Cabernet Sauvignon, porque era lo que se conocía”, explica.

Esa historia también está estrechamente vinculada con Trapiche. “Fond de Cave, una de las marcas emblemáticas de la bodega, fue creada en 1908 justamente para que Tiburcio Benegas pudiera recibir a los franceses y europeos que venían a conocer la Argentina. Se apostaba por vinos varietales, vinos de otra estirpe. Y el varietal de esa época era el Cabernet Sauvignon. Siempre fue el Cabernet Sauvignon”, señala Casé.

Precisión, paciencia y trabajo en el viñedo

Pero detrás de un gran Cabernet hay mucho más que historia. Es una variedad exigente, que requiere precisión tanto en el viñedo como en la elaboración y que, según Casé, tiene una enorme capacidad para expresar las decisiones que se toman durante todo el proceso.

“Hay mucho trabajo detrás de un Cabernet, porque es una variedad que requiere muchísimo trabajo. Todos los factores se ven reflejados en la calidad final: el deshoje, el grado de exposición, el tipo de suelo, el drenaje y el clima”, explica.

La combinación de esas variables permitió obtener uvas con madurez plena y taninos finos, dos elementos fundamentales para alcanzar equilibrio, elegancia y profundidad.

“El Cabernet, a nivel de viñedo, es mucho más preciso. Todos los trabajos que hagas se van a ver reflejados en la calidad final”, resume el enólogo.

Una cepa argentina frente al mundo

Los reconocimientos internacionales adquieren un valor particular cuando se trata de Cabernet Sauvignon. A diferencia del Malbec, inmediatamente asociado con la Argentina en los mercados externos, el Cabernet compite en una categoría global en la que participan prácticamente todas las grandes regiones productoras de vino.

“Que sommeliers de otras partes del mundo, y no solamente de Argentina, reconozcan estos vinos te abre ventanas. El Cabernet es difícil de vender porque es una categoría extremadamente competitiva. Hay Cabernet en todas partes del mundo y en diferentes estilos”, explica Casé.

Es uno de los pueblitos más hermosos del país, se encuentra en La Rioja y se obtiene el mejor vino y aceite de oliva (foto: Pexels).
Es uno de los pueblitos más hermosos del país, se encuentra en La Rioja y se obtiene el mejor vino y aceite de oliva (foto: Pexels).

Por eso, sostiene, cada distinción ayuda también a ampliar la percepción que existe sobre el vino argentino: “Estas menciones hacen que te miren y digan: ‘Ah, ustedes son expertos en Malbec, pero también hacen Cabernet’. Y eso es muy importante”.

En el Día Internacional del Cabernet Sauvignon, esa mirada cobra una dimensión especial. Porque detrás del protagonismo indiscutido del Malbec existe una Argentina vitivinícola mucho más amplia, con variedades que llevan más de un siglo formando parte de su historia y que hoy encuentran nuevas maneras de expresarse.

El Cabernet Sauvignon es una de ellas. Exigente, preciso y universal, encuentra en los distintos terroirs argentinos la posibilidad de mostrar identidad propia y competir de igual a igual con las grandes expresiones del mundo. Para Trapiche, celebrar esta cepa es también reivindicar esa diversidad y continuar una búsqueda que comenzó hace más de cien años: demostrar que la Argentina no es solamente tierra de grandes Malbec, sino tierra de grandes vinos.