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Después de más de tres décadas, la cadena de supermercados Supercoop volvió y busca recuperar su lugar en el retail. La histórica marca vinculada con El Hogar Obrero ya reabrió dos locales en la Ciudad y tiene otros dos en carpeta para 2026. Su apuesta es hacerse espacio en el segmento de autoservicios de cercanía, para disputar la compra cotidiana.
Detrás del regreso hay un esquema operativo poco habitual para el retail porteño: los inmuebles son propiedad de El Hogar Obrero, pero la gestión está a cargo de la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca, que cuenta con una red de 152 locales y presencia en unas 75 ciudades.
Hasta ahora, la cadena ya inauguró sus primeros dos puntos de venta. El primero fue San Telmo, sobre Independencia, en diciembre de 2024. El segundo llegó un año más tarde, en Caballito, sobre Avenida La Plata. Los próximos son Balvanera, en Perón, previsto para junio, y Saavedra, en Manzanares al 3900. En todos los casos se trata de locales que la propia cadena había ocupado hasta fines de los 80, cuando se vio forzada a cerrar en medio de una crisis financiera que derivó en un concurso preventivo que se extendió durante más de 20 años.
Un formato “de todos los días”
En esta nueva etapa, Supercoop apuesta a un formato que apunta a la compra cotidiana: locales de 300 m2. “Son locales chiquitos, lo que nosotros denominamos autoservicio de compra de todos los días”, explicó Pablo Barbieri, subgerente general de la Cooperativa Obrera. La excepción es el de Independencia, más grande, con cerca de 700 m2.
El dato no es menor para el negocio: en CABA el terreno está copado por formatos exprés, tiendas de proximidad y cadenas con gran capilaridad. La entrada de Supercoop, que intenta hacerse lugar en esa liga, tiene una ventaja concreta: no paga el “peaje” del alquiler premium en varias ubicaciones porque se apoya en inmuebles históricos del Hogar Obrero.
El regreso de la marca, sin embargo, se hace con extremada cautela. Según reconoció el propio Barbieri, el plan de expansión de la cadena se hará despacio y tratando de pisar sobre seguro.
“Por el momento son solo estos cuatro locales que vamos a abrir. Estamos tratando de entender al consumidor de Buenos Aires. Es muy diferente al del interior”, detalló el ejecutivo, que agregó en la ciudad los patrones de consumo son distintos y los obligó a reforzar la oferta de congelados listos para consumir y porciones individuales.

Esa adaptación ya empieza a verse en el funcionamiento de los locales abiertos: “Estamos contentos con la respuesta de los consumidores. Lo medimos por la recurrencia: vemos que repiten compra una vez por semana, que es lógico para el tamaño de los locales”, explicó.
Sin embargo, reconoció que todavía les falta escala para competir con los grandes jugadores del sector. “Por ahí no llegamos a los volúmenes de las grandes cadenas”, señaló Barbieri, que, además, destacó que Buenos Aires es una plaza más dura que el resto del país, con mucha más competencia, en la que el éxito no está asegurado.
Inversión y empleo
Barbieri estimó que el desembolso por cada inauguración oscila en función de las obras necesarias. “Siempre estás hablando de inversiones entre u$s 1 millón y u$s 2 millones, depende si hay que construir de cero o remodelar”, explicó. En el caso de la próxima tienda en Balvanera, adelantó, está previsto un trabajo de mejora más importante, lo que empuja el número hacia arriba.
“Cada local necesita en el orden de 20 a 25 puestos de trabajo; algunos pueden llegar a 30”, destacó. Con ese parámetro, el plan porteño de cuatro bocas implica entre 80 y 100 empleos directos.

La Cooperativa Obrera, como grupo, ya emplea a más de 5500 personas de manera directa y articula con miles de proveedores y empresas de servicios. El desembarco en Buenos Aires agrega una nueva plaza laboral en un sector intensivo en mano de obra.
Precios “sin barrio”
Uno de los diferenciales que la Cooperativa Obrera trae a Buenos Aires es su desarrollo de marcas propias. La organización ya opera con más de 1200 productos bajo ese paraguas, con cuatro sellos principales: Cooperativa (la más representativa en volumen), Primer Precio (la línea más económica), Coop (artículos del hogar) y Sombra del Toro (cárnicos), esta última con elaboración propia en un frigorífico.

“Nosotros no variamos precios por barrio: tenemos los mismos precios en todos nuestros locales”, afirmó. La cadena monitorea la plaza “todas las semanas” y negocia con proveedores para mantenerse competitiva, aun sin los volúmenes de los líderes del sector.
Una marca con memoria
Supercoop tiene una carga histórica que todavía pesa en el consumo porteño. El Hogar Obrero, que había nacido con un fuerte perfil ligado a la vivienda, llegó en los años 80 a ser “el número uno del retail argentino”, recordó Barbieri. La crisis y el posterior concurso marcaron el declive.
“En las dos aperturas invitamos a los vecinos de los edificios, que fueron construidos por El Hogar Obrero. Hubo personas que viven ahí desde entonces, que lloró de emoción cuando entró a la tienda”, relató. como una muestra de que la marca no había desaparecido, sino que se mantuvo dormida durante más de tres décadas.
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