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El consumo masivo atraviesa una transformación que ya no se explica solo por precio, disponibilidad o fortaleza de marca. Las empresas del sector coinciden en que el consumidor está más informado, compara más, exige valor concreto y redefine las ocasiones en las que compra o consume. Ese cambio obliga a las compañías a revisar productos, formatos, canales y formas de comunicación.

Matías Canzani, gerente de Marketing de CCU, señaló que las tendencias de bienestar, cuidado del cuerpo y consumo más consciente impactan de lleno en las decisiones de compra. En ese contexto, sostuvo que el desafío está en mantener la fortaleza de las marcas instaladas, pero con capacidad de adaptación. “Se trata de mantener tu foco de negocio, pero viendo qué está pasando alrededor”, planteó.

En el caso de CCU, esa mirada se traduce en innovaciones como cervezas sin alcohol, bebidas listas para tomar y propuestas saborizadas de bajo alcohol. Para Canzani, la clave está en moverse con rapidez, aprender del consumidor y animarse a probar, incluso cuando eso implique salir de los formatos tradicionales.

Analía Mikati, directora de Marketing y Fidelización de DIA, puso el foco en un “consumidor experto”, que busca hacer una compra inteligente. Según explicó, el cliente ya no elige únicamente por precio, sino por una ecuación de relación precio-calidad. Ese cambio se refleja en el crecimiento de los productos de marca propia, que hoy representan más del 30% de la canasta de la cadena.

Trabajar en cercanía física y digital

Además, Mikati destacó que la cercanía dejó de ser solo física. Aunque la tienda de barrio sigue siendo parte del ADN de DIA, la compañía también trabaja en una cercanía digital a través de su app, canales de WhatsApp, cupones personalizados, compra online y envíos express. “Las promociones masivas son necesarias, pero no suficientes”, afirmó, al remarcar el peso de la data para ofrecer beneficios relevantes según los hábitos de cada cliente.

Pablo Moraca, gerente de Marketing Global de Grupo Peñaflor, explicó que la industria vitivinícola también enfrenta el reto de reinterpretar sus códigos. “El mundo del vino no existe. Existe un mundo donde la gente hace un montón de otras cosas y cada tanto se da el gusto de tomar un vino”, resumió. Esa lectura lleva a la compañía a desarrollar vinos más livianos, propuestas con bajo alcohol, formatos en lata y productos pensados para nuevas ocasiones de consumo.

Moraca sostuvo que la categoría necesita cuestionar convenciones y acercarse a consumidores que no necesariamente entran al vino por los rituales clásicos. En esa línea, mencionó lanzamientos como tintos de verano, versiones más dulces y alternativas de menor graduación alcohólica.

Sol Fernández Ballart, directora del negocio de Café de Nestlé Argentina, aportó otra mirada sobre la ampliación de ocasiones. Explicó que el café dejó de estar asociado únicamente al hábito matutino o a la estimulación, y empezó a ocupar un lugar más vinculado con el ritual, el disfrute y la experiencia. Una de las oportunidades más relevantes, señaló, está en el café frío.

Según Fernández Ballart, en la Argentina el café frío todavía tiene una penetración baja frente a otros mercados, pero crece como puerta de entrada para nuevas audiencias. En especial, destacó que la generación Z se acerca a la categoría a través de cafés fríos, listos para tomar, cápsulas o instantáneos preparados con leche fría o agua.