Vicentin redobla la apuesta y le sube el precio a su oferta: u$s 3,5 millones para quedarse con Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la empresa que, durante años, elaboró los yogures, flanes y postres de SanCor, como Yogs y Shimy.
En julio, la agroexportadora había manifestado ante la Justicia su interés por la láctea. En ese entonces, hizo una oferta por u$s 2,5 millones para comprar toda la unidad productiva, que comprende tanto las marcas de la compañía como sus dos plantas industriales ubicadas en Monte Cristo (Córdoba) y en Arenaza (Buenos Aires).
Ahora, está dispuesta a desembolsar u$s 1 millón más ante la llegada de un jugador de peso que amenaza con sacarle el negocio...
Se trata de Adecoagro, el gigante agroindustrial que en 2025 le compró Profertil, la única productora de urea granulada del país, a YPF y a la canadiense Nutrien.
Este año quiso hacer lo mismo con SanCor, luego de que se decretara su quiebra y se le colgara el cartel de venta por u$s 52,1 millones. Pero, la decisión judicial de frenar el proceso dejó en suspenso sus intenciones.
Meses después miró hacia otro lado y esa mirada no cayó muy lejos de SanCor. En agosto le pidió a la Justicia visitar las plantas de ARSA para analizar el estado de sus activos y contemplar una posible adquisición por el 100% de la empresa.

De hecho, se adelantó y, si bien aún no hizo una oferta formal, dijo cuánto estaría dispuesta a pagar: u$s 3 millones por toda la unidad productiva. En ese momento, superaba la oferta de Vicentin por u$s 500.000.
Concretaría la operación a través de L3N S.A., una de las empresas del grupo dedicada específicamente a la producción y comercialización de productos lácteos.
Adecoagro creó la sociedad en 2019 para adquirir, en ese entonces, marcas de SanCor como Las Tres Niñas, Angelita y Apóstoles, además de las dos plantas industriales que hoy integran la empresa, ubicadas en Chivilcoy y Morteros.
La apuesta de Vicentin
Vicentin argumenta que no solo su oferta supera la de los otros jugadores, sino que busca preservar la totalidad de la empresa. Para la agroexportadora, vender las plantas, las marcas y los demás activos por separado les quitaría valor, ya que perderían la posibilidad de funcionar como una empresa integrada.
En ese sentido, propone efectuar el pago de contado, dentro de los 20 días hábiles de aprobada la adjudicación.
Vicentin es el principal acreedor de ARSA, condición que explica, en parte, su interés por adquirir la empresa.

Si bien hoy no existe una relación societaria entre la agroexportadora y la láctea, ambas estuvieron ligadas durante años por sus accionistas. En 2016, Vicentin Family Group (VFG), un holding integrado por las familias que entonces controlaban Vicentin, compró, a través de ARSA, el negocio de yogures y postres a SanCor por unos u$s 100 millones.
Hoy, VFG posee el 1% del capital de la láctea, a la vez que controla a South American Food Company, titular del 99% restante.
En tanto, Vicentin quedó, luego de seis años y en diciembre de 2025, bajo el control de la corredora de granos Grassi S.A., en manos de Mariano Grassi, tras imponerse en el proceso de cramdown que permitió destrabar una de las reestructuraciones empresariales más extensas de la Argentina.
La quiebra de ARSA
La compañía está detrás de las marcas Yogs, Shimy, Sancorito, Sublime, Vida, Primeros Sabores y Lechelita.

Fue considerada como “la última joya” del Grupo Vicentin, pero estaba gerenciada desde 2021 por la venezolana Maralac, una de las principales lácteas de su país.
Antes de eso, VFG intentó vender la compañía. Pero la Justicia Penal, en una de las múltiples causas abiertas por el default de la cerealera, le prohibió alterar su propia composición accionaria y vender activos con valor superior a los $ 50 millones en empresas sobre las que presuntamente tendría participación Vicentin o sus representantes legales.
Esto frustró su venta a un grupo de inversores locales. Fue en ese entonces que apareció Maralac como gerenciador.
La empresa atravesaba una situación financiera inestable desde diciembre de 2023 que derivó en la apertura de su concurso preventivo cuatro meses después. Finalmente, en noviembre del año pasado, la Justicia decretó su quiebra.
La láctea atribuyó su crisis financiera a la situación económica de aquel entonces: caída del consumo, inflación, escasez, encarecimiento de materia prima y el aumento de la mano de obra. Subrayó también su dificultad de mantener el negocio rentable tras las “políticas de control de precios impuestas por el Gobierno anterior“, haciendo alusión, principalmente, al programa Precios Justos.
A partir de ese entonces, la firma buscó, sin éxito, reactivarse.
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