

MÉRIDA.- La inteligencia artificial ya está modificando la estructura de las empresas y presionando al mercado laboral, pero para Mauricio Sánchez, CEO de las empresas de tecnología en recursos humanos IU Corporation y Humanlab, el problema que viene después de la automatización puede ser todavía más profundo: que las compañías comiencen a sustituir no solo tareas, sino también el criterio de las personas que toman decisiones.
“El principal cambio que hay, yo creo que es la confusión”, dijo Sánchez en entrevista con El Cronista. El ejecutivo observa que muchas organizaciones están llegando a la IA con una premisa principalmente financiera: si una máquina puede hacer el trabajo, entonces puede reducirse la plantilla.
“Los dueños de las organizaciones están pensando siempre en abaratar costos”, señaló en el marco del Púrpura AI Summit, un evento para discutir el impacto de la inteligencia artificial aplicada en distintas áreas de negocio, celebrado en Mérida Yucatán.
La consecuencia ya es visible en algunas industrias. Sánchez mencionó los recortes de personal asociados con la adopción de IA y puso como ejemplo los servicios profesionales: un análisis jurídico que antes podía tomar 10 días puede realizarse en tres con asistencia de inteligencia artificial.
El problema para las empresas es que esa reducción de tiempos también cambia el valor económico del trabajo: “Obviamente ya no costea lo mismo 10 días que 3 días”.
Pero detrás de esa búsqueda de eficiencia aparece, para Sánchez, el principal dilema ético empresarial. La pregunta no es únicamente cuántos puestos puede sustituir la IA, sino qué lugar ocuparán las personas dentro de organizaciones que cada vez pueden hacer más con menos trabajadores.
“Yo creo que el gran dilema hoy en día es verdaderamente [...] la explotación”, afirmó. Su preocupación es que las compañías terminen tratando a las personas como “recursos humanos” o incluso como recursos materiales, priorizando el ahorro por encima del equilibrio entre vida y trabajo.
El criterio humano, el nuevo límite de la automatización
El riesgo se extiende también a la toma de decisiones. Para Sánchez, una de las mayores amenazas es que las organizaciones utilicen la IA como una autoridad que justifique decisiones que los propios empleados dejan de cuestionar.
“Aún cuando la inteligencia artificial [...] quiera programar el criterio, después de eso vamos a necesitar el criterio humano”, afirmó. En su visión, ninguna empresa debería despedir a alguien o tomar una decisión relevante simplemente porque “lo dijo la IA”.
La experiencia de IU Corporation está vinculada precisamente con el estudio del comportamiento humano dentro de las organizaciones. Sánchez explicó que la compañía ha identificado más de 5,000 variables relacionadas con las personas y ha evaluado a más de 20 millones de individuos en México y Centroamérica.
Su trabajo busca entender cómo factores individuales, sociales y organizacionales se relacionan con el desempeño y la cultura empresarial.
En ese contexto, Sánchez considera que la IA puede procesar datos y encontrar patrones, pero no sustituir capacidades humanas vinculadas con la experiencia, las emociones y el contexto.
“El criterio no lo va a poder tener la IA, jamás”, dijo. Por eso, entre las competencias que cobrarán mayor importancia en las empresas están la alfabetización en IA, la evaluación crítica de información, la interpretación de datos y la capacidad para cuestionar los resultados de las herramientas.
El cambio también elevará la presión sobre los trabajadores. Sánchez considera que la capacitación dejará de ser una opción para convertirse en una condición para permanecer en el mercado laboral.
“Va a llegar alguien que sí lo sabe y los va a sustituir”, advirtió al referirse a quienes no desarrollen competencias para trabajar con inteligencia artificial. Para él, esto obliga incluso a profesiones que tradicionalmente no estaban asociadas con la tecnología a incorporar nuevas habilidades.
Sánchez mostró también durante su ponencia ante más de 2,200 asistentes al Púrpura IA Summit que el desafío para los CEO no será solamente decidir qué procesos automatizar, sino establecer hasta dónde puede llegar una máquina dentro de la organización y quién responde por sus consecuencias.
Sánchez plantea que la respuesta pasa por construir sistemas con reglas, incentivos, gobernanza, límites y trazabilidad.
“No permitan que la IA le resuelva todo”, sostuvo. En su visión, la próxima etapa de la transformación empresarial dependerá menos de qué tan rápido adopten IA las compañías y más de qué tan capaces sean de combinar su potencia con responsabilidad, ética y criterio humano.
















