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Un duro editorial publicado por el Daily Mail generó fuerte repercusión por estos días en el Reino Unido. Su autor es Andrew Roberts, historiador y columnista habitual del diario británico. El texto analiza la disputa por las Malvinas desde un ángulo poco habitual.

El editorial no responsabiliza a Argentina por el reclamo territorial. Tampoco pone el eje principal en Donald Trump, pese a que su reciente frase sobre “revisar” la postura de Washington sobre las islas fue el disparador de la nota.

La tesis central del texto es otra. Sostiene que, si Argentina intentara hoy una acción como la de 1982, la responsabilidad recaería sobre el propio gobierno británico. La razón: el debilitamiento sostenido de sus Fuerzas Armadas.

El Daily Mail recuerda que en 1982 el desenlace fue distinto. Margaret Thatcher logró reconquistar las islas porque contaba con una armada, un ejército y una fuerza aérea con capacidad real de despliegue. Esa capacidad, según el editorial, ya no existe.

Menos presupuesto y una fuerza reducida para defender las islas

Los datos que aporta la nota son elocuentes. En el ejercicio fiscal 1982/83, Gran Bretaña destinaba el 5% de su PBI a defensa. Hoy ese porcentaje es del 2,4%, menos de la mitad.

El plan oficial contempla subir el gasto militar recién en 2030 y 2035. Roberts cuestiona esos plazos con dureza. Advierte que ningún funcionario actual seguirá en el cargo cuando llegue el momento de cumplir esas metas.

El editorial también describe el despliegue actual en las islas. Hay un sistema de defensa aérea Sky Sabre, cuatro aviones Typhoon, un avión de transporte y hasta 1700 militares. Alcanza para disuadir, pero no para repeler una invasión a gran escala, sostiene el texto.

Otro punto que remarca el Daily Mail es el respaldo de Estados Unidos. En 1982, pese a las dudas internas de la administración Reagan, Washington aportó apoyo logístico y de inteligencia decisivo. Hoy ese respaldo ya no puede darse por garantizado.

El editorial suma ejemplos recientes para sostener su diagnóstico. El mes pasado, reservistas del Ejército se quedaron sin trabajo días antes de Navidad. Al menos uno debió recurrir a una organización benéfica para conseguir alimentos.

En marzo, Alemania tuvo que ceder una fragata para una misión de la OTAN. El motivo fue que los dos únicos destructores operativos británicos estaban comprometidos en otras tareas, pese a tratarse de una misión liderada por el Reino Unido.

El texto también incluye el testimonio de un oficial militar aliado. Durante una visita a instalaciones de la Marina Real en Plymouth, contó que hasta los cuadros de las paredes estaban a la venta, según relata el editorial.

Otro dato que aporta la nota tiene que ver con el HMS Prince of Wales. El portaaviones, valuado en 3500 millones de libras, debió entrar a un puerto noruego por reparaciones. Eso retrasó su llegada a un acto internacional relevante.

El editorial cita además al historiador naval Nicholas Rodger. Según su análisis, la Marina Real es hoy “lamentablemente pequeña” porque, tal como escribe el propio Rodger, “los sucesivos gobiernos le han prestado muy poca atención” durante dos décadas.

Javier Milei reclamó ante la ONU la soberanía sobre las Islas Malvinas.
Javier Milei reclamó ante la ONU la soberanía sobre las Islas Malvinas.

La bandera de Malvinas en el Mundial y el antecedente de las islas Chagos

El texto no deja afuera a la Argentina de Javier Milei. Sostiene que las señales de Trump pueden avivar el reclamo argentino sobre las islas. Recuerda además que la FIFA multó a Argentina por una pancarta con la consigna “Malvinas son argentinas” durante el Mundial.

También aparece el antecedente de las islas Chagos. El editorial recuerda que el gobierno laborista ofreció a Mauricio 35.000 millones de libras para ceder soberanía sobre ese archipiélago. Para Roberts, ese antecedente envalentona aún más a Buenos Aires.

El cierre del editorial es el más contundente. El texto aclara que nada de esto es responsabilidad de los soldados, marineros y aviadores británicos, a quienes describe como profesionales bien entrenados.

Toda la responsabilidad, remata Roberts, recae en los políticos y funcionarios que permitieron ese deterioro. Trump puede ser torpe e intimidante, admite el editorial, pero la debilidad militar es un problema exclusivamente británico.