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La empresa creada por los fundadores de Viapool levantó 700.000 dólares en dos rondas y ya tiene más de 1500 familias en 17 países. Su propuesta reemplaza el control parental tradicional por reportes emocionales basados en el análisis del comportamiento digital.
Alejo Miragaya tiene 45 años, una larga trayectoria en el mundo tech y lo más importante: tres hijos de 13, 10 y 7 años. Después de fundar y vender Viapool, una plataforma de movilidad corporativa, en 2022, se tomó un año sabático que él mismo prefiere llamar “detox”. Lo que encontró al otro lado no fue el retiro, sino una problemática que le golpeaba en casa todos los días: cómo acompañar a sus hijos en el mundo digital sin caer en la trampa del control, la vigilancia o el castigo.
De esa inquietud nació Xoul, tan simple en su concepto como ambiciosa en su ejecución: analizar el comportamiento digital de los chicos, principalmente a través de WhatsApp, para inferir su estado emocional y entregar reportes periódicos a los padres. Sin mostrarles las conversaciones. Sin exponer la privacidad. Sin convertirse en una herramienta de espionaje. “Nosotros lo llamamos acompañamiento parental, no control parental”, explica Miragaya. La distinción no es semántica: es el núcleo de todo el modelo de negocio.
Desde su lanzamiento público en enero de 2026, Xoul ya cuenta con más de 1500 familias activas en 17 países y crece a un 40% semanal. La aplicación, disponible para iOS y Android, estuvo en fase beta desde mediados de 2025 y este abril activa su modelo de suscripción.
De Viapool a Xoul: el camino de dos emprendedores en serie

Miragaya y su cofundador, Alejandro Taubas (radicado actualmente en Australia), se conocen desde hace 22 años, cuando coincidieron en el cumpleaños de un amigo en común. En 2009 co-fundaron Viapool, una empresa de tecnología aplicada a la movilidad de flotas corporativas, charters y taxis, que construyeron durante más de una década y vendieron en 2022.
Con ese historial de exit y la red de contactos construida durante años en el ecosistema emprendedor local, la búsqueda de capital para Xoul resultó más fluida de lo que podría esperarse.
“A fines de 2023, principios de 2024, empezamos a darle forma a la idea. Para ese momento, mi hijo mayor tenía 10 años y recién se empezaba a familiarizar con la tecnología. Ahí fue cuando vimos la problemática de primera mano”, cuenta el emprendedor.
La semilla no cayó en tierra fértil sólo por ser padres: ambos fundadores venían de trabajar con datos, tecnología y modelos de eficiencia operativa. La IA generativa que comenzó a masificarse en esos años les dio la clave técnica que faltaba para escalar el análisis de comportamiento digital a miles de familias.
El camino hacia el primer cierre de inversión no requirió un producto terminado, apenas un white paper con la tesis, un plan de ejecución detallado y algunos nombres del equipo ya comprometidos. La recepción fue positiva desde el primer momento impulsada precisamente por el enfoque diferencial: hablar de impacto emocional cuando todo el mercado hablaba de tiempo de pantalla, algo que resultó disruptivo incluso ante inversores.
Cómo funciona Xoul: IA, psicólogos y privacidad por diseño
La mecánica de Xoul arranca con un proceso de vinculación similar al de WhatsApp Web: el padre o la madre escanea un código QR desde el dispositivo del hijo. A partir de ahí, la plataforma accede a las conversaciones, las anonimiza en forma inmediata, genera observaciones sobre el comportamiento detectado y descarta el material original. “Lo que queda en nuestra base no son conversaciones, sino observaciones, como las notitas de un psicólogo en una sesión de terapia”, describe el cofundador.
Esas observaciones alimentan reportes que se entregan cada cuatro días a los padres, con información sobre el estado emocional inferido del menor, señales de riesgo y recomendaciones de acompañamiento. Todo el proceso está supervisado por un equipo de psicólogos que validan la consistencia científica de los entregables y retroalimentan los modelos de IA de manera continua. Es lo que en la jerga técnica se conoce como “Human in the Loop”: humanos que supervisan y mejoran el output de la máquina.
Además de los reportes periódicos, Xoul cuenta con un sistema de alertas para situaciones de riesgo: grooming, bullying, autolesiones o ideación suicida. En estos casos, los psicólogos del equipo contactan directamente a las familias y les proveen recursos locales especializados según el país. “Han sido pocos casos hasta ahora, pero los hemos tenido”, reconoce el fundador. La plataforma ya procesa texto y audio; el análisis de imágenes y video está previsto para los próximos meses.
Expansión global, modelo freemium y el nuevo paradigma de las startups con IA
El 35% de los usuarios estan actualmente en la Argentina, seguido por México con el 25% y España con el 20%. En total, Xoul tiene presencia en 17 países, incluyendo Estados Unidos, Alemania y Holanda, mercados en los que la startup aún no realizó acciones de marketing pero que ya generan descargas orgánicas. La aplicación está disponible en español e inglés.
Brasil y otros mercados no hispanohablantes también registran usuarios, lo que anticipa una eventual internacionalización más amplia.
En cuanto al modelo de negocio, la aplicación fue gratuita durante toda la fase de experimentación. Para abril de 2026 está previsto activar el modelo de suscripción. Los usuarios actuales recibirán una bonificación significativa como reconocimiento a haber formado parte del beta. Los precios definitivos y la posible segmentación por mercado todavía están en definición, con pruebas de pricing planificadas para las próximas semanas.

El equipo detrás de todo esto es de apenas seis personas, algo que Miragaya no plantea como una limitación sino como un modelo. “Somos recontra eficientes gracias a la IA, no solo en el producto sino en toda la gestión operativa. La tendencia que veo en las startups que surgieron en los últimos 12 o 24 meses es justamente atomizar equipos y escalarlos a partir de inteligencia artificial. Las compañías van a crecer en usuarios, en facturación, en importancia, pero no necesariamente en headcount”, concluye. Un paradigma que, según él, ya no tiene marcha atrás.













