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Tres empresas argentinas entendieron cómo hacer plata cuidando el planeta: qué venden y cómo facturan millones

Estas startups reúnen lo mejor de las fintech y las propuestas a favor del medioambiente para dar sus primeros pasos dentro de un ecosistema emprendedor que tiene objetivos a largo plazo.

El último reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático perteneciente a la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) que se publicó en febrero señaló que el promedio anual de emisiones de gases de efecto invernadero durante el período 2010-2019 fue el más alto desde que se tienen registros. 

Con este resultado en mano, se hace más que urgente el compromiso por parte de gobiernos, empresas e individuos para bajar las emisiones de efecto invernadero. Por el lado de las empresas, hay cada vez más interés: el 45 por ciento de las compañías latinoamericanas afirman contar con un programa de sostenibilidad, según un estudio patrocinado por SAP. 

En este contexto, hay empresas que redoblan la apuesta y hacen de la ecología su core business en un cruce entre finanzas y sostenibilidad que derrama conciencia ambiental a muchas otras empresas sin importar el tamaño o tipo de industria. 

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Gracias a la tecnología y al desarrollo de una nueva economía -más orientada a los assets y a las finanzas descentralizadas-, esta nueva generación de "ecofintechs" promueve el cuidado del medioambiente ampliando el acceso a bonos verdes, aportando transparencia a los procesos de verificación de captura de carbono o generando ganancias a quienes deciden invertir en proyectos de preservación forestal.

 Huella verde para todos 

La compensación de la huella de carbono no es algo nuevo. La Unión Europea, por ejemplo, se ha comprometido a alcanzar la neutralidad del carbono para 2050, motivo por el cual ha establecido un tope a las emisiones de gases de efecto invernadero de algunas industrias, que deben compensar si superan ese límite comprando créditos de carbono. 

En América latina no existe esa obligatoriedad. Solo las empresas de gran envergadura o las que deben cumplir con los lineamientos de sus casas matrices europeas tienen acceso a los instrumentos y al capital necesarios para medir y comprar los créditos de carbono certificados que las conviertan en industrias neutras en carbono. Esta situación deja a las pymes y emprendedores sin oportunidades de hacer algo más por el ambiente. 

Sebastián Fragni, Federico Moyano y, más tarde, Federico Falcón, pensaron una manera de revertir esta limitación y hace un año lanzaron The Carbon Sink, el primer marketplace argentino para medir y compensar la huella que le permite a pymes y a individuos comprar créditos de carbono. 

"Lo que queremos nosotros es democratizar el acceso a la medición y compensación de la huella de carbono", dice Falcón, co-founder y gerente general de la firma. La plataforma incluye una calculadora que ayuda a las empresas a conocer cuántas son las emisiones que producen con su actividad. 

Las compensaciones se realizan a través de la adquisición de una participación (a través de un bono) en un proyecto que evite la emisión de dióxido de carbono y libere oxígeno a la atmósfera. Esos créditos son certificados por estándares internacionales y el comprador puede tener un registro de las emisiones compensadas, así como una garantía de que las ha compensado. 

El sistema es similar al del crowdfounding, donde no es necesario ser el propietario de un proyecto entero, sino que uno aporta una pequeña parte. Del otro lado, tampoco es necesario compensar las emisiones de toda una operación, sino que también es posible empezar de a poco. 

"El interés es gigante, todos quieren hacer algo. La realidad es que todavía no todos están compensando, pero sí están dando pequeños pasos como, por ejemplo, compensar eventos, vuelos, o los envíos de productos desde la fábrica hasta el consumidor final", explica Falcón. 

"Lo que está faltando es que las empresas pongan el ojo en las emisiones de su día a día: los viajes de los colaboradores a la oficina, el consumo eléctrico, el consumo de gas... todo eso también se puede medir y compensar para llegar a ser carbono neutro", sostiene. 

El equipo planea expandirse a toda la región, pero hoy el foco está puesto en la Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Colombia y México. Además de contar con proyectos forestales en varios de esos países, Falcón cuenta que hay una necesidad de concientización muy grande que se refleja en los pedidos de capacitaciones que reciben. 

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"Un montón de empresas nos han pedido dar workshops para explicar qué es la crisis climática, el calentamiento global y la huella de carbono a sus colaboradores para que luego midan su huella con nuestra calculadora y que las empresas puedan actuar al respecto, y sí ayudarlos a compensarla dándoles tips para reducirla, etcétera", precisa.

THE CARBON SINK
En números
Fundación: 2020
Inversión inicial: u$s 80.000
Facturación anual: u$s 115.000

Tradear capital natural 

¿Cómo recaudar dinero para reforestar la selva sin que sea una donación? Con esta sencilla pregunta, en 2019, GreenBondMeter comenzó el camino que lo condujo a la creación de la GBM Coin, la primera criptomoneda donde el valor de cada token (1 GBM coin) está respaldado en un metro cuadrado de tierra reforestada. 

"Yo soy abogado especializado en tecnología de seguridad y desde el 2016 venía minando criptos. Cuando mi amigo llegó con la pregunta, le dije que había que tokenizarlo", cuenta Juan José Núñez, CEO y cofundador de GBM. 

Juan José Núñez.

"Empezamos a trabajar con el proyecto, cada uno con su trabajo. Al principio fue difícil, pero justo nos agarró la pandemia y había dos opciones: mirar Netflix o armar GBM", recuerda. En total son seis fundadores con un equipo de 66 personas trabajando en cuatro países distintos que incluyen Estonia, la Argentina y Uruguay. 

Aunque los tokens aún no salieron a la venta pública en los exchanges -saldrá en los próximos meses- Núñez anticipa que hay un mercado que se verá muy beneficiado con esta moneda verde. 

"Hay corporaciones que deben ser neutrales para 2030 y esa compensación de carbono que deben hacer puede volver riesgosa la rentabilidad de sus modelos de negocio. GBM puede ser un aliado estratégico porque la compra de tokens no significa un gasto, sino una posibilidad de inversión", afirma. 

GBM basa su estrategia de creación de valor a partir de un modelo creado por la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE) y el Intrinsic Exchange Group (IEG) que desarrollaron una nueva clase de activos que cotizan en bolsa denominados Empresas de Activos Naturales, o NAC, por sus siglas en inglés. Bajo este sistema, los recursos naturales son activos y las acciones que realizan estas empresas para mejorar el capital natural de la tierra como captura de carbono, preservación de la biodiversidad, etcétera, generan un valor en el mercado. 

"Los modelos filantrópicos de las fundaciones no permiten un desarrollo a escala. Al tener un modelo de negocio que tiene una rentabilidad estimada, nos permite establecer un proceso a largo plazo para adquirir tierras y reforestar a niveles que a una fundación se le haría más complejo", explica. 

Actualmente, la ecofintech protege 24.500 hectáreas de la selva de Misiones y su objetivo es llegar a 300 millones de hectáreas globales en un plazo de 10 años. Por otra parte, la pregunta por el impacto ambiental del minado es inevitable. La actividad requiere cada vez más energía y se ha comprobado que la producción de bitcoins producen más de 30.000 toneladas de residuos electrónicos por año. 

Sobre este tema, Núñez explica que "estamos en la red de Ethereum y nuestro protocolo en las redes es preminado. Esto significa que GBM está dentro de redes que usan menos del uno por ciento de energía que la de bitcoin".

Además, refiere que "el token que está respaldado en un metro cuadrado de selva rescatado de la deforestación, que remediamos por 100 años y que donamos al Estado para la creación de un Parque Nacional. Ese proceso es una acción antrópica a perpetuidad y el impacto que tiene el consumo de energía sobre la acción que estamos llevando adelante es mínimo".

GREEN BOND METER
En números
Fundación: 2020
Inversión inicial: u$s 300.000
Criptos vendidas:1 millón (u$s 1 cada una)  

Cuidar los bosques con IA 

Diego Sáez Gil creció en la yunga tucumana y siempre quiso combinar su amor por la naturaleza con su pasión emprendedora. Luego del éxito frustrado de Bluesmart -una compañía de valijas inteligentes que en 2018 tuvo que cerrar sus operaciones cuando las aerolíneas prohibieron las baterías de litio-, el emprendedor se tomó un tiempo para viajar y reflexionar. 

Diego Sáez Gil.

"Visité el Amazonas y vi la deforestación en primera persona. En China, vi la polución de las fábricas. Entonces decidí que iba a poner todo lo que había aprendido al servicio de frenar el cambio climático", recuerda. Después de un tiempo de investigación, fundó Pachama, un marketplace que permite a las empresas comprar créditos de carbono para compensar el daño que producen en el ambiente. La firma con sede en California utiliza imágenes satelitales e inteligencia artificial para validar el trabajo que hacen los restauradores de bosques y así ofrecer una lista de proyectos forestales de calidad. 

"Estamos automatizando muchos de los procesos para monitorear los bosques. Antes, hacía falta enviar una persona al bosque con una cinta métrica para contar y medir los árboles. Nosotros apuntamos a reemplazarlo por imágenes satelitales en tiempo real para darle más transparencia al proceso mientras que reducimos los costos y la complejidad de participar en el mercado de los créditos de carbono para los dueños de las tierras", precisa Sáez Gil. 

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A esta altura, no cabe dudas de que integrar naturaleza con economía es un buen negocio. Inversores de la talla de Bill Gates, Jeff Bezos, Ryan Graves (Uber), Paul Graham (Y Combinator), Chris Sacca (Google) ya han prestado su apoyo a esta iniciativa y, este año, Pachama proyecta lanzarse en Brasil, México y el sur de Estados Unidos. También quieren ayudar a nuevos proyectos forestales a que obtengan su inversión inicial. 

PACHAMA
En números
Fundación: 2018
Inversión inicial: u$s 150.000
Facturación anual: N/D
Créditos de carbono vendidos: más de 1 millón de toneladas

"Hasta hace poco se pensaba que la ecología era algo que se tenía que cuidar por medio de una ONG o una fundación, pero se está demostrando que puede haber empresas cuyo objetivo sea trabajar en la crisis ambiental y climática. Tesla es un gran éxito de negocios y es un ejemplo de eso. Como esta, vamos a ver muchas más", concluye.

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