

Las hormigas que avanzan en fila por el tronco de un árbol frutal no suelen aparecer allí por casualidad. En muchos casos, su presencia está relacionada con los pulgones, pequeños insectos que se alimentan de la savia y producen una sustancia dulce llamada melaza.
A cambio de esa fuente de alimento, las hormigas pueden proteger a los pulgones de sus depredadores naturales, como las mariquitas y las crisopas. Esta relación puede favorecer la aparición de colonias que terminan debilitando las plantas y afectando la producción de frutos.
El antiguo truco romano para frenar a las hormigas
Mucho antes de la aparición de los insecticidas modernos, distintos pueblos ya buscaban formas de interrumpir el paso de los insectos sin recurrir a productos químicos. Una de estas prácticas aparece vinculada a los agricultores romanos y tiene más de 2.000 años de antigüedad.
El método fue mencionado por Columela en De re rustica, un tratado agrícola escrito durante el siglo I. La técnica consistía en colocar una banda de tela gruesa alrededor del tronco, aproximadamente a 40 centímetros del suelo, y cubrirla con una mezcla de ceniza húmeda y arcilla.
La superficie resultante funcionaba como una barrera difícil de atravesar para las hormigas. Como el material podía perder efectividad después de las lluvias, era necesario renovarlo periódicamente para mantener la protección.

Otras técnicas para evitar que las hormigas lleguen a las plantas
Otra práctica antigua utilizaba una sustancia resinosa conocida como “pez negra”, obtenida a partir de la madera de pino. Al aplicarla sobre el tronco, generaba una superficie pegajosa que dificultaba el avance de los insectos.
La misma idea aparece en antiguas prácticas mesoamericanas, donde se utilizaba resina de copal alrededor de los árboles para impedir que las hormigas alcanzaran las ramas. Una versión sencilla de esta estrategia puede adaptarse al jardín actual con una banda de tela o arpillera impregnada con vaselina.
Para que funcione, es importante revisar que ninguna rama, pared o estructura cercana permita a las hormigas esquivar la barrera. La capa de vaselina también debe renovarse cuando pierda adherencia.
Plantas y cítricos: otras alternativas naturales
El manejo de las hormigas también puede complementarse con determinadas plantas. En antiguos huertos mesoamericanos se utilizaba, por ejemplo, el epazote, cuyos aceites esenciales generan aromas que pueden resultar repelentes para distintas especies.
La caléndula también fue utilizada como parte de estrategias de protección de árboles frutales en algunas comunidades. Sin embargo, no todos los insectos deben eliminarse: mariquitas, larvas de crisopa y ciertas avispas parasitoides pueden alimentarse de pulgones y convertirse en aliados naturales del jardín.
Otra alternativa mencionada consiste en aprovechar cáscaras de naranja o limón. La preparación requiere hervir las cáscaras durante unos 15 minutos, dejar enfriar el líquido y aplicarlo sobre el tronco, desde la base hasta la primera bifurcación.
La explicación se relaciona con el limoneno presente en las cáscaras de cítricos, un compuesto aromático que puede interferir con los rastros químicos que utilizan las hormigas para orientarse. Según la investigación mencionada en el material, las aplicaciones semanales de un extracto acuoso de cáscara de naranja se asociaron con una reducción del 84% en el tránsito de hormigas.
















