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La vida de un camionero transcurre buena parte del tiempo lejos de casa. Kilómetros, rutas, horarios cambiantes y largas jornadas al volante forman parte de una rutina que no siempre resulta fácil de combinar con la vida personal. Sheila Guitián conoce esa realidad de primera mano después de más de dos décadas en el transporte.

La transportista asturiana tiene 47 años, recorre unos 150.000 kilómetros al año y puede afrontar jornadas de hasta 15 horas. “Hago 150.000 kilómetros al año y jornadas de hasta 15 horas, con dos hijos es duro”, contó Sheila al referirse a una de las principales dificultades de su profesión.

Cómo empezó a trabajar como camionera

Sheila había estudiado Educación Primaria y no tenía pensado dedicarse al transporte. Sin embargo, a los 24 años decidió sacar el carné de camión para acompañar a su marido durante sus viajes de larga distancia. Lo que comenzó como una forma de ayudarlo terminó convirtiéndose en su profesión cuando él enfermó y ella tuvo que hacerse cargo de la conducción.

Más adelante, ambos compraron un segundo camión y se convirtieron en autónomos. Desde entonces, la carretera pasó a ser una parte central de su vida, aunque combinarla con la crianza de sus hijos no siempre fue sencillo. “Tenía que apoyarme en mi familia. Mi hermano se quedaba con ellos muchas veces porque yo no podía”, explicó.

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La independencia, uno de los puntos a favor

A pesar de las dificultades, Sheila asegura que todavía disfruta de su trabajo y destaca especialmente la independencia que tiene durante la jornada. “Lo que más me gusta es que voy a mi aire, en la cabina, sin estar cara al público”, explicó. Sin embargo, también señala los problemas que existen en algunas áreas de servicio donde los conductores deben detenerse y descansar.

Cada vez hay más mujeres al volante

Durante sus 23 años de trayectoria, Sheila también fue testigo del crecimiento de la presencia de mujeres en el transporte. Según cuenta, siempre recibió un trato igualitario en el ámbito laboral, aunque todavía hay personas que se sorprenden al verla conducir un vehículo pesado. “Cada vez hay más mujeres. Antes éramos muchas menos, pero ahora se nota el cambio”, sostuvo.

Para Sheila, la profesión tiene aspectos que disfruta, pero también un costo personal importante. Las largas jornadas y los 150.000 kilómetros anuales forman parte de una rutina que puede ser difícil de compatibilizar con una familia, especialmente cuando los hijos son pequeños y la presencia en casa se vuelve más necesaria.