

Por costumbre, comodidad o incluso para ahorrar, muchas personas usan la misma esponja durante meses para lavar todos los utensilios después de comer.
Sin embargo, la esponja puede permanecer húmeda entre un lavado y otro, una condición que favorece la supervivencia de determinados microorganismos.
Una investigación de científicos del Norwegian Institute of Food, Fisheries and Aquaculture Research (Nofima) comparó la presencia de bacterias en esponjas y cepillos y concluyó que la segunda opción puede ser una alternativa más higiénica.
Esponjas de cocina: qué encontraron los investigadores
El estudio, publicado en el Journal of Applied Microbiology, analizó esponjas y cepillos utilizados por personas de Noruega y Portugal. La idea de los investigadores era identificar la cantidad y diversidad de bacterias presentes en estos elementos y estudiar cuánto tiempo podía sobrevivir la Salmonella bajo diferentes condiciones.
Los resultados mostraron una curiosa diferencia: los cepillos utilizados presentaron menores niveles de bacterias que las esponjas.
¿Qué bacterias encontraron en las esponjas de cocina?
El estudio identificó un grupo de bacterias que aparecía de manera habitual tanto en las esponjas como en los cepillos.
Entre las más frecuentes estaban Acinetobacter, Chryseobacterium, Enhydrobacter, Enterobacteriaceae y Pseudomonas. Los científicos aclararon que se trataba, en su mayoría, de bacterias no patógenas.
Entonces, ¿por qué llamó la atención el hallazgo? Porque estas bacterias muestran que la esponja no queda totalmente limpia después de lavar la vajilla. Al revés, puede convertirse en un lugar donde distintos microorganismos permanecen y se acumulan, porque retiene humedad y restos de materia orgánica.
Los investigadores indicaron que algunas de estas bacterias, como Pseudomonas y Acinetobacter, están distribuidas en el ambiente y pueden encontrarse en agua, suelo y alimentos.
Qué sucede con la Salmonella y las esponjas
Más allá de analizar las bacterias presentes en utensilios utilizados por las personas, los investigadores realizaron experimentos específicos con Salmonella, una bacteria que sí puede causar enfermedades transmitidas por alimentos.
En esas pruebas, la cantidad de Salmonella no disminuyó en las esponjas, sin importar cómo se las guardara. En cambio, cuando los cepillos contaminados se dejaron secar durante la noche, la cantidad de bacterias bajó.

Por qué no conviene dejar la esponja húmeda, según los investigadores
La esponja retiene el agua y puede permanecer húmeda durante mucho tiempo, mientras que el cepillo escurre con más facilidad y se seca más rápido.
Uno de los científicos explicó que las esponjas de uso diario prácticamente nunca llegan a secarse, y que por eso las bacterias sobreviven mejor en ellas.
Una de las principales conclusiones del estudio fue que los cepillos pueden ser una alternativa más higiénica que las esponjas para lavar la vajilla.
Mientras que la esponja absorbe agua y puede permanecer húmeda durante bastante tiempo, el cepillo permite que el líquido escurra con mayor facilidad y se seca más rápido.
Las prácticas que recomiendan adoptar para evitar que los microorganismos queden en los utensilios
Un trabajo previo del mismo equipo de Nofima, con experimentos de laboratorio y una encuesta a casi 10.000 consumidores de diez países europeos, evaluó distintas formas de limpiar las esponjas y cepillos.
El estudio determinó que lavarlos con cloro, hervirlos o limpiarlos en el lavavajillas dio resultados más eficientes para reducir la Salmonella.
Los científicos también recomendaron reemplazar o limpiar los que pudieron haber estado en contacto con microorganismos patógenos, por ejemplo después de lavar utensilios que tocaron carne cruda.















