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El impacto de la basura depositada en la costa durante las temporadas turísticas dio origen a una iniciativa transformadora en el noreste de Brasil.

Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly Dantas decidieron hacer frente a la contaminación local recolectando miles de envases descartados para utilizarlos como materia prima estructural en la edificación de su propio hogar.

Iniciado el 1 de mayo de 2020, el proyecto denominado “Casa de Sal” se extendió a lo largo de cinco años de trabajo continuo, resultando en una vivienda de siete habitaciones fabricada casi en su totalidad con insumos reutilizados y el apoyo de la comunidad local.

La técnica artesanal para levantar paredes con botellas

Para garantizar la estabilidad del edificio y resistir las exigentes condiciones climáticas de la zona marítima, las constructoras desarrollaron un método de edificación propio sin apilar el vidrio de forma convencional:

  • Colocación vertical y alternada: A diferencia del uso horizontal habitual, las botellas se ubicaron de pie en hileras intercaladas (una sobre la base y la siguiente boca abajo) para compensar las diferencias entre cuellos y fondos, logrando muros perfectamente nivelados.
  • Esqueleto de madera reutilizada: Una estructura de madera recuperada absorbe la carga del techo, evitando que el peso ejerza presión directa sobre los envases de vidrio.
  • Relleno de fijación y tabiques: La unión de las piezas se realizó con una mezcla de cemento y arena, mientras que una serie de tabiques internos hechos con palets aportan la rigidez lateral necesaria para soportar los fuertes vientos marinos de la isla.
Ecocasas con botellas de vidrio y de plástico.
Ecocasas con botellas de vidrio y de plástico.El Cronista | Grok

Un refugio de materiales recuperados y tejas ecológicas

Durante los primeros 18 meses de obra, madre e hija habitaron un espacio inicial de apenas 20 metros cuadrados que funcionó simultáneamente como taller y refugio temporal mientras avanzaban con el resto de la edificación.

La búsqueda de sustentabilidad se extendió más allá del vidrio recolectado en las playas.

La vivienda fue equipada con mobiliario a base de palets, muebles restaurados y una cubierta confeccionada con tejas ecológicas fabricadas a partir de tubos reciclados de pasta de dientes, logrando reducir al mínimo el desperdicio de materiales durante todo el proceso constructivo.

Un modelo de autoconstrucción comunitaria con impacto ambiental

La concreción de la “Casa de Sal” trascendió la escala familiar para convertirse en un referente de bioconstrucción participativa en la isla.

La recolección sostenida de los 8.000 envases a lo largo de dos años no solo permitió la edificación de la vivienda, sino que retiró toneladas de residuos de los ecosistemas marinos locales.

A su vez, el proyecto contó con la colaboración activa de vecinos y residentes de la zona, quienes aportaron materiales en desuso y mano de obra para la colocación de la cubierta y la división de los ambientes, consolidando un prototipo de hábitat sustentable accesible para comunidades costeras.