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Tras más de dos décadas en el mercado argentino, una prestigiosa fábrica de galletitas ha comunicado el cierre definitivo de su planta principal. Esta resolución consigna el final de una etapa para una firma que supo enfrentarse en términos de competitividad a las grandes multinacionales del sector.

La planta situada en la localidad de Albardón, provincia de San Juan, cesó su producción de manera abrupta después de casi treinta años. Este establecimiento representó el centro operativo de la empresa y el símbolo de su expansión a nivel nacional en los años recientes. La fábrica constituyó un motor económico esencial para la región y la comunidad local.

El histórico emprendimiento familiar cerró tras casi 30 años.
El histórico emprendimiento familiar cerró tras casi 30 años.

¿Qué fábrica emblemática fue cerrada y por qué motivo?

La crisis económica actual y la caída del consumo interno fueron factores determinantes que llevaron a la empresa a cerrar la fábrica de galletitas Tía Maruca en San Juan. El incremento desmesurado en los costos de los insumos básicos, como la harina y el azúcar, socavó la rentabilidad de la producción a gran escala. A pesar de los intentos por reestructurar la deuda, el contexto inflacionario concluyó con las finanzas de la compañía.

Por otro lado, la dificultad para acceder a créditos blandos y las altas tasas impositivas impidieron la modernización tecnológica necesaria para mantener la competitividad. La competencia con segundas marcas más económicas también redujo la participación de Tía Maruca en el mercado de las galletitas dulces.

Según datos del INDEC, la industria manufacturera comenzó el 2026 con una caída interanual del 8,7% en febrero. El consumo masivo, tras haber experimentado un derrumbe histórico del 16% en 2024, no logró una recuperación sólida en 2025 (apenas un 2%), dejando al mercado en niveles muy por debajo de los estándares históricos.

Desafíos financieros y de competitividad en la industria galletera

En última instancia, la acumulación de pasivos financieros en los últimos dos años ha llevado a que la continuidad operativa resulte completamente insostenible en la actualidad.

Para empresas como Tía Maruca, el inconveniente no se limitó únicamente a la disminución de ventas, sino que también se relaciona con la estructura de costos. La utilización de la capacidad instalada en el sector industrial se redujo al 52% a comienzos de 2026.

De este modo, operar una planta moderna, como la de Albardón, a la mitad de su capacidad genera un costo unitario por galletita que vuelve al producto poco competitivo frente a marcas de menor precio o productos provenientes de la “panadería” informal.

Tía Maruca se vio obligado a cerrar su fábrica de San Juan.
Tía Maruca se vio obligado a cerrar su fábrica de San Juan.

¿Qué pasó con los trabajadores de Albardón?

El cierre de la planta de Albardón dejó a decenas de trabajadores en la calle. Los operarios fueron notificados de la decisión mediante telegramas que confirmaron el fin de la relación laboral de manera inmediata y sin previo aviso. Esta situación ha provocado movilizaciones en las puertas de la fábrica para reclamar por la preservación de los puestos de trabajo.

Sobre las indemnizaciones, existe una gran incertidumbre y tensión entre el gremio de la alimentación y los directivos de la empresa por los montos. Los trabajadores denuncian que las ofertas iniciales no cumplen con lo establecido por la ley y exigen el pago total de los años de servicio.

El conflicto se encuentra en instancias legales. Mientras tanto, los despedidos aguardan una resolución que les permita afrontar su futuro económico.

La crónica de la empresa que cerró

Tía Maruca surgió en 1998 como un emprendimiento familiar cuyos objetivos abarcan la producción de galletitas de alta calidad artesanal mediante un proceso de fabricación industrial.

Con un enfoque en el marketing que prioriza la cercanía y el sabor propio del hogar, rápidamente se consolidó en un estatus preferencial en los almacenes y supermercados a nivel nacional. Su avance fue tan notable que, en un corto periodo, se transformó de una pequeña y mediana empresa (pyme) en un referente del sector.

En 2017, la marca realizó su movimiento más audaz al adquirir la planta de Dilexis en San Juan, lo que le permitió aumentar considerablemente su capacidad de producción. Durante su mejor momento, sus productos llegaron a ser exportados a naciones vecinas; sin embargo, tal crecimiento acelerado resultó ser susceptible a las irregularidades de la economía argentina, lo cual condujo a su declive.

Preocupación en el gremio alimentario por despidos y derechos

A medida que la situación avanza, el gremio de la alimentación expresa su preocupación por el futuro de los trabajadores despedidos. La incertidumbre sobre las indemnizaciones continúa y muchos operarios organizan movilizaciones en busca de una solución que garantice sus derechos laborales. La falta de acuerdo entre las partes solo agrava el clima de tensión en la región.

En este contexto, se destaca la necesidad de un cambio en la política industrial del país. Expertos sugieren que sin medidas que apoyen la producción nacional y la mejora en la competitividad, se arriesga ver un aumento en los cierres de plantas y la pérdida de más empleos en el sector. La situación de Tía Maruca puede ser solo el principio de un fenómeno que afecte a otras empresas del rubro.