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Acceder a una propiedad sigue siendo uno de los mayores desafíos del mercado inmobiliario argentino. Aunque la reaparición de los créditos hipotecarios volvió a mover consultas y operaciones, las exigencias de ingresos, el ahorro previo necesario y el costo financiero todavía dejan fuera de muchas transacciones a familias, profesionales y empresas.

En ese escenario, el leasing inmobiliario aparece como una herramienta capaz de ofrecer una solución distinta. Si bien no reemplaza al crédito hipotecario, amplía el menú de alternativas ya que permite usar un inmueble durante un plazo determinado, pagar cuotas periódicas y conservar la posibilidad de comprarlo más adelante.

La lógica combina elementos del alquiler, del financiamiento y de la compraventa. El tomador utiliza el inmueble desde el inicio, pero la propiedad queda en manos del dador —por lo general, una entidad financiera o sociedad autorizada— hasta que se ejerce la opción de compra.

Una alternativa frente al crédito tradicional

La diferencia principal con una hipoteca está en el momento en que se adquiere la propiedad. En un crédito hipotecario, el comprador recibe el dominio desde el comienzo y el banco toma el inmueble como garantía.

En el leasing, en cambio, el dador adquiere el inmueble y cede su uso al tomador durante la vigencia del contrato.

Durante la vigencia del contrato, el usuario paga un canon periódico. Ese pago no es un alquiler puro sino que suele incluir una parte destinada a amortizar el valor del inmueble, otra vinculada al costo financiero y, según lo pactado, gastos asociados como seguros, impuestos, expensas o tasas.

Al final del contrato o en el momento previsto por las partes el tomador puede ejercer la opción de compra. Para quedarse con la propiedad debe pagar el valor residual establecido en el acuerdo. Recién entonces se realiza la transferencia definitiva del dominio.

Cómo funciona el leasing inmobiliario

Una operación de leasing inmobiliario comienza cuando una persona o empresa identifica un inmueble de interés. En lugar de comprarlo directamente, solicita que la entidad financiera lo adquiera y se lo entregue en leasing.

(foto: archivo).
(foto: archivo).

A partir de la firma del contrato, el tomador puede utilizar la propiedad para el destino acordado: vivienda, oficina, local comercial, depósito, centro logístico, planta industrial o actividad profesional.

Habitualmente, el contrato establece el plazo, el canon, la periodicidad de los pagos, el valor residual y las condiciones para ejercer la opción de compra.

En el caso de inmuebles, la formalización requiere escritura pública e inscripción en el Registro de la Propiedad correspondiente. Esa inscripción es clave porque permite que el contrato tenga efectos frente a terceros y protege los derechos del tomador durante la vigencia de la operación.

La opción de compra, el corazón del esquema

La opción de compra es la pieza que distingue al leasing de una locación tradicional dado que el tomador no solo usa el inmueble sino que también conserva el derecho de adquirirlo si cumple las condiciones pactadas.

Salvo que las partes pacten otra cosa, la legislación prevé que la opción de compra pueda ejercerse una vez canceladas las tres cuartas partes del canon total previsto en el contrato.

El valor residual suele definirse desde el inicio. Eso aporta previsibilidad, porque el tomador conoce cuál será el monto necesario para quedarse definitivamente con la propiedad.

Para qué perfiles puede servir

El leasing inmobiliario puede aplicarse a personas físicas, profesionales independientes, pymes y grandes empresas. En la práctica, su utilización suele concentrarse en operaciones corporativas y productivas.

Para una empresa, comprar una oficina, un depósito o una planta puede implicar inmovilizar una suma significativa de capital. El leasing permite acceder al uso del inmueble sin absorber de inmediato todo el costo de adquisición.

Eso puede liberar recursos para capital de trabajo, inversión en tecnología, ampliación de operaciones, contratación de personal o expansión comercial.

También puede ser útil para compañías que necesitan probar una ubicación antes de tomar una decisión definitiva de compra. En sectores donde la demanda, la logística o la escala del negocio pueden cambiar, esa flexibilidad tiene valor.

Leaseback: vender el inmueble sin dejar de usarlo

Una de las modalidades más relevantes para empresas es el leaseback o retroleasing.

En este esquema, una compañía vende un inmueble propio a una entidad financiera y, en el mismo acto, lo toma en leasing. El resultado es que obtiene liquidez inmediata, pero continúa usando el inmueble para operar.

La empresa no abandona su oficina, planta o depósito, pero transforma un activo inmovilizado en fondos disponibles. Al final del contrato, conserva la posibilidad de recuperar la propiedad mediante el pago del valor residual.

Esta herramienta puede servir para compañías que necesitan financiar capital de trabajo, cancelar pasivos, sostener inversiones o encarar proyectos de expansión sin desprenderse operativamente de un inmueble estratégico.

Ventajas financieras y fiscales del leasing inmobiliario

El leasing puede ofrecer beneficios de flujo de caja porque evita una compra inmediata y permite distribuir los pagos en el tiempo. En operaciones empresarias, también puede tener efectos contables e impositivos relevantes, pero, de todas maneras, su conveniencia debe analizarse caso por caso, porque depende del destino del inmueble, la estructura del contrato, el plazo, el valor residual y la situación fiscal del tomador.

En términos generales, los cánones pueden recibir un tratamiento fiscal diferente al de una compra directa financiada con deuda, aunque los efectos concretos dependen de la estructura de la operación y de la situación fiscal de cada contribuyente.

También puede haber efectos sobre el IVA según el tipo de inmueble, el destino y la operación concreta. Por eso, la conveniencia del leasing no debe evaluarse solo por el valor de la cuota, sino por el costo total, el impacto fiscal, el plazo, el valor residual y las condiciones de salida.

Leasing inmobiliario: los riesgos que hay que mirar antes de firmar

El leasing no está exento de riesgos, el principal es que el tomador no es propietario del inmueble durante la vigencia del contrato. Si incumple los pagos, puede perder el derecho de uso y también la posibilidad de ejercer la opción de compra.

El régimen legal prevé mecanismos específicos para que el dador recupere el inmueble ante situaciones de mora, generalmente más ágiles que los previstos para la ejecución de una hipoteca.

También deben analizarse con detalle las condiciones de actualización del canon, los gastos trasladados al tomador, las obligaciones de mantenimiento, los seguros exigidos, el tratamiento de mejoras realizadas sobre el inmueble y las consecuencias de una rescisión anticipada.

Otro punto central es el valor residual. Un canon bajo puede parecer atractivo, pero si el valor final de compra es demasiado alto, el costo total de la operación puede perder conveniencia.

Diferencias con el alquiler con opción de compra

Aunque a simple vista pueden parecer parecidos, el leasing inmobiliario no es lo mismo que un alquiler con opción de compra.

En el alquiler, el eje del contrato es el uso del inmueble. La opción de compra puede existir, pero funciona como un acuerdo adicional entre partes.

En el leasing, en cambio, la opción de compra forma parte esencial del instrumento. Se trata de un contrato de financiamiento regulado específicamente, con reglas propias sobre inscripción, ejercicio de la opción, mora y efectos frente a terceros.

Esa diferencia es clave porque el leasing cuenta con una regulación específica dentro del Código Civil y Comercial, con reglas propias sobre inscripción, mora y ejercicio de la opción de compra.

Leasing inmobiliario, una herramienta para ampliar el acceso

El leasing inmobiliario no resuelve por sí solo los problemas estructurales del mercado. Su desarrollo depende de que existan entidades dispuestas a ofrecerlo, inmuebles aptos para la operatoria, condiciones financieras razonables y demanda con capacidad de pago.

Frente a un escenario donde comprar exige altos niveles de ahorro previo y alquilar no genera acumulación patrimonial, el leasing ofrece una vía intermedia al permitir usar hoy un inmueble y decidir más adelante si conviene incorporarlo definitivamente al patrimonio.

Para empresas, puede ser una herramienta para crecer sin descapitalizarse. Para profesionales o particulares, una opción para evaluar cuando el crédito tradicional no resulta accesible o no se adapta a sus necesidades.