En esta noticia

Hay historias que demuestran que la perseverancia puede transformar una situación que parece imposible. Ese fue el caso de Cindy Mora, una madre soltera de Costa Rica que durante nueve años guardó dinero con un objetivo claro: comprar un terreno propio para construir un hogar seguro para ella y su hijo Fabrizio.

Después de casi una década de ahorro, consiguió adquirir el terreno en Alajuelita, pero apareció un nuevo obstáculo: ya no contaba con dinero suficiente para levantar la vivienda. Sin presupuesto para afrontar una construcción tradicional, encontró una alternativa que le permitió convertir un problema ambiental en una solución habitacional.

Cómo construyó su casa con plástico reciclado

La respuesta llegó a través de una alianza entre Hábitat para la Humanidad Costa Rica, Procter & Gamble, Urbarium y Ekojunto. El proyecto buscó resolver dos problemas al mismo tiempo: la falta de vivienda digna en sectores vulnerables y la acumulación de residuos plásticos. Para la construcción se recolectaron 7,5 toneladas de plástico, que luego fueron procesadas y transformadas en 850 bloques sintéticos de alta resistencia.

Los materiales utilizados incluyeron botellas, bolsas comerciales, envases flexibles y otros empaques. Mediante un proceso industrial de calor y prensado, los residuos adquirieron la forma necesaria para convertirse en piezas de construcción que podían encastrarse entre sí, como si se tratara de un enorme rompecabezas. Esto permitió reducir los tiempos de montaje y utilizar menos mezclas de cemento tradicional.

Redes sociales/Shutterstock

Más de 800 horas de trabajo para levantar la vivienda

La construcción también involucró a la comunidad. Voluntarios y vecinos de la zona aportaron más de 800 horas de trabajo, durante las cuales transportaron los bloques, levantaron la estructura y colocaron los distintos módulos que formarían las paredes de la vivienda.

Aunque las paredes fueron realizadas con material reciclado, la casa contó con los elementos necesarios para garantizar su estabilidad y seguridad. La base se construyó con hormigón armado, mientras que el techo incorporó una estructura metálica preparada para soportar las lluvias intensas habituales en Costa Rica.

El resultado de nueve años de ahorro

En la etapa final, los bloques fueron cubiertos con revestimiento protector, masilla y pintura exterior, por lo que el material reciclado quedó completamente oculto y la vivienda adquirió una apariencia similar a la de una construcción convencional.

Tras nueve años de ahorro y el trabajo colectivo de cientos de personas, Cindy y su hijo Fabrizio finalmente consiguieron el hogar que buscaban. La vivienda no solo significó para la familia el acceso a un techo propio, sino que también se convirtió en un ejemplo de cómo los materiales reciclados pueden utilizarse para desarrollar soluciones habitacionales sustentables.