El valor de la economía del conocimiento para multinacional líder en servicios tecnológicos

El dinamismo de la llamada economía del conocimiento ya dejó de ser una sorpresa. Se trata de un sector heterogéneo que se expande a un ritmo tan acelerado que sufre muchas veces la escasez de personal propiamente capacitado. Desde hace tiempo que la demanda de este tipo de empleos supera ampliamente a la oferta.

Conocedora de esta realidad, la compañía Accenture lanzó una llamativa y pintoresca campaña para la incorporación de nuevos trabajadores. La empresa, una multinacional líder en consultoría y servicios tecnológicos, está pisando fuerte en el país y apunta a superar pronto la barrera de los 15.000 empleados. En ese marco, se propuso salir a buscar talentos por todo el país con un enfoque muy literal: entre abril y junio, un colectivo impecablemente ploteado, bautizado como el Accenture Talent Bus, recorrió los polos universitarios más importantes de 13 provincias argentinas.

Los perfiles buscados fueron diversos: desde programadores a analistas de recursos humanos, pasando por otros rubros como la consultoría y las finanzas. Los interesados podían postularse previamente y también acercarse personalmente al colectivo cuando llegara a su provincia. El trajín del Talent Bus comenzó en Córdoba, y, luego de visitar provincias del NOA, de Cuyo, de la Patagonia y del Centro del país, llegó a la Ciudad Universitaria de la UBA, su parada final.

Se trata de posiciones generalmente codiciadas: la superioridad de la demanda de empleos respecto a su oferta suele ser sinónimo de salarios jugosos y condiciones laborales favorables. De todos modos, esto no siempre parece ser así. En el seno de Accenture han surgido conflictos laborales, tanto en la filial nacional como en la de otros países del mundo.

Hace algunos años, trabajadores informáticos de Accenture Argentina entraron en conflicto con la empresa por el encuadramiento compulsivo de personal en el convenio colectivo de Empleados de Comercio. Esta maniobra, según denunciaron antiguos empleados, forzaba a que los empleados gozaran de paritarias más magras que las que hubieran tenido en otro convenio (o, incluso, si hubieran negociado su salario por fuera de convenio) y a conformarse con que su única opción de obra social fuera OSECAC.

Otra situación denunciada fue la existencia de empleados tercerizados: bajo la pantalla de una contratación por una empresa llamada Innova, en la práctica la mano de obra trabajaban exclusivamente para Accenture. En el marco de ambos conflictos, además, la comisión interna de Accenture denunció aprietes y hostigamiento por parte de personal jerárquico y de seguridad.

Tensiones de similar talante se desarrollan actualmente en España, donde se está elaborando un nuevo convenio para trabajadores de consultoría, y la negociación entre las partes está lejos de ser sencilla. Accenture tiene representación en la cámara empresarial, la cual propuso que se puedan implementar jornadas laborales de 12 horas y semanas laborales de 6 días. La reacción de los sindicatos fue instantánea: rechazaron de cuajo esas propuestas y, además, pidieron actualizar salarios, que en múltiples segmentos se encontraban por debajo del salario mínimo de 1000 euros brutos.

Paradójicamente, Accenture informa que sus rendimientos en España no paran de crecer: en el tercer trimestre fiscal de este año alcanzaron los 1.300 millones de euros de ganancias, un 27% más que las ganancias para el mismo período del año pasado. Al mismo tiempo, la sucursal española ha dotado a principios de mes con 5 millones de dólares a la Fundación Entreculturas para colaborar con la formación de más de 137.000 jóvenes y adultos desfavorecidos en España y Latinoamérica, con el objetivo de desarrollar sus conocimientos digitales básicos y sus habilidades técnicas desde una perspectiva sostenible para con el medio ambiente.

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