

Hay una costumbre que durante generaciones se volvió indiscutible: irse a dormir junto a la pareja, en la misma cama, todas las noches. Pero en la actualidad esa tradición está empezando a resquebrajarse.
Un estudio global de ResMed, que relevó a más de 30.000 personas en 13 países, puso en números algo que muchas parejas ya estaban viviendo: dormir mal se convirtió en un problema común, y cada vez son más los que deciden separar sus habitaciones para poder descansar.
Los investigadores lo definen como “sleep divorce”, o divorcio del sueño; y, aunque suene drástico, no tiene nada que ver con el fin de una relación. Para muchas parejas es, de hecho, la forma que encontraron para cuidar el vínculo.
Lo que encontró ResMed al preguntarle a 30.000 personas cómo duermen
El relevamiento se trata de la quinta edición de la Encuesta Global del Sueño de ResMed y llegó a 13 mercados distintos, entre ellos Estados Unidos, China, India, Reino Unido, Alemania, Francia, Japón y Corea del Sur.
El diagnóstico indicó que el promedio diario de sueño fue de siete horas por noche pero solo se reportaron cuatro noches de buen descanso por semana. En las otras tres, aunque las personas durmieron las horas “correctas”, se levantaron sintiendo que no descansaron.
Entre los factores que más afectan el descanso aparecen el estrés (57%), la ansiedad (46%) y las presiones financieras (31%). También se mencionan las condiciones de salud mental (17%) y cuestiones familiares o de pareja (15%).
Por qué las parejas ahora deciden dormir separadas

Según el estudio de ResMed, el 32% de las personas que están en pareja señala que los ronquidos, la respiración ruidosa o las dificultades para respirar de su compañero interrumpen su sueño.
Otras causas también influyen, aunque en menor medida: la inquietud al dormir (12%), tener horarios diferentes para acostarse o levantarse (10%) e incluso mirar televisión o usar el celular en la cama (8%).
Lo llamativo es que, en muchos casos, la decisión de dormir separados no surge de un problema en el vínculo, sino que se pone foco en satisfacer la necesidad vital de poder descansar bien.
En el fondo, esta tendencia también replantea la manera de entender la vida en pareja: durante generaciones, compartir la cama fue parte de una tradición vinculada a la intimidad y la convivencia. Hoy, cada vez más personas prefieren a revisar esa costumbre y priorizar el descanso individual, incluso si eso significa dormir en habitaciones distintas.
Quiénes son los que eligen dormir separados de su pareja
El “divorcio del sueño” no se vive de igual manera en todas las generaciones. Según el informe de ResMed, las personas de mayor edad son quienes más reportan dormir separadas de sus parejas y quienes mencionan con mayor frecuencia síntomas asociados a la apnea del sueño como parte del problema.
Los ronquidos, la interrupción del sueño y los distintos hábitos nocturnos pueden afectar a parejas de cualquier edad. Pero el estudio muestra que, entre las generaciones mayores, la búsqueda de una noche sin interrupciones aparece con más relevancia.
Los países donde más parejas eligen dormir separadas
Las diferencias también se observan al comparar los países incluidos en la encuesta. En India, el 78% de los participantes dijo dormir separado de su pareja al menos algunas veces.
Le siguen China (67%), Corea del Sur (65%), Hong Kong (58%), Japón y Tailandia (57%). En Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, en cambio, la proporción es del 50% o menos.
Los jóvenes también empiezan a dormir separados de sus parejas
El llamado “divorcio del sueño” no es una práctica exclusiva de las personas mayores.
Una encuesta de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM), realizada en Estados Unidos en 2023, mostró que también aparece entre las generaciones más jóvenes.
Entre los millennials de 27 a 42 años, el 24% afirmó dormir ocasionalmente en otra habitación para adaptarse a su pareja, mientras que el 19% dijo hacerlo habitualmente. En la Generación Z, de 18 a 26 años, ambas proporciones fueron del 14%.
El dato es llamativo porque la decisión de dormir separados aparece en distintas generaciones y de forma contundente en las personas mayores, aun cuando fueron quienes crecieron con una idea mucho más arraigada de que compartir la cama era parte natural de la vida en pareja.
De esta manera, una costumbre que durante décadas estuvo ligada a la intimidad y la convivencia comienza a flexibilizarse: dormir juntos deja de ser una obligación implícita de la pareja y el descanso individual gana cada vez más espacio.















