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Después de varios días de lluvia, es habitual que se formen charcos en calles, plazas, patios y espacios verdes. También es común que perros y gatos aprovechen esas acumulaciones para beber agua durante los paseos o mientras permanecen al aire libre. Sin embargo, lo que parece una conducta inofensiva puede representar un riesgo para la salud de las mascotas.

El principal problema es que el agua de lluvia acumulada rara vez permanece limpia. A medida que se mezcla con tierra, residuos, materia orgánica y distintos contaminantes presentes en el ambiente, puede convertirse en un foco de microorganismos capaces de provocar enfermedades.

Qué peligros puede esconder el agua estancada

Cuando el agua permanece durante horas o días en charcos, zanjas, macetas o recipientes expuestos al exterior, se crea un ambiente favorable para la proliferación de bacterias, hongos y parásitos.

Además, las precipitaciones pueden arrastrar sustancias presentes en calles y veredas, como combustibles, aceites, restos de productos químicos, pesticidas y desechos de otros animales.

Entre los contaminantes que con mayor frecuencia pueden encontrarse en este tipo de agua aparecen:

  • Bacterias capaces de generar infecciones digestivas.
  • Parásitos intestinales.
  • Hongos y microorganismos.
  • Residuos químicos arrastrados por la lluvia.
  • Sustancias presentes en zonas urbanas o inundadas.

Una enfermedad que preocupa especialmente

Uno de los mayores riesgos asociados al contacto con agua contaminada es la leptospirosis, una enfermedad bacteriana que puede afectar tanto a animales como a personas.

La bacteria suele encontrarse en ambientes húmedos y puede sobrevivir durante largos períodos en agua estancada, especialmente cuando existe contaminación proveniente de otros animales.

En los casos más graves puede comprometer órganos vitales y requerir atención veterinaria inmediata.

El agua acumulada tras las lluvias puede contener bacterias, parásitos y sustancias contaminantes que ponen en riesgo a perros y gatos.
El agua acumulada tras las lluvias puede contener bacterias, parásitos y sustancias contaminantes que ponen en riesgo a perros y gatos.

Qué síntomas conviene vigilar

Si una mascota bebe accidentalmente agua de un charco, no significa necesariamente que vaya a enfermarse. Sin embargo, es recomendable observar su comportamiento durante los días siguientes.

Algunas señales de alerta pueden incluir:

  • Vómitos.
  • Diarrea.
  • Falta de apetito.
  • Decaimiento.
  • Fiebre.
  • Cambios de comportamiento.

Ante cualquiera de estos síntomas, lo aconsejable es consultar con un veterinario.

Cómo prevenir problemas

La mejor forma de reducir riesgos es ofrecer siempre agua limpia y fresca, tanto dentro del hogar como durante los paseos.

También resulta importante evitar que perros y gatos beban de charcos, zanjas o recipientes con agua acumulada, especialmente después de lluvias intensas o en zonas urbanas donde la contaminación puede ser mayor.

En el caso de los perros, mantener al día el calendario de vacunación es una herramienta fundamental para prevenir enfermedades asociadas a ambientes húmedos y agua contaminada.

Aunque un sorbo ocasional no suele derivar en consecuencias graves, los especialistas coinciden en que evitar el consumo de agua estancada sigue siendo una de las medidas más efectivas para proteger la salud de las mascotas.