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Dormir poco tiene mala fama, y con razón. Pero la pregunta de cuántas horas son las ideales no tiene una respuesta única para todos: depende de la edad, el estado de salud y el momento de la vida.
Lo que sí es claro, según la evidencia científica acumulada en los últimos años, es que tanto el déficit como el exceso de sueño se asocian a consecuencias concretas para el organismo.
El sueño insuficiente: más que cansancio
Cuando una persona duerme menos de siete horas por noche de manera sostenida, el cuerpo empieza a acusar el impacto. La Mayo Clinic y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos advierten que la privación crónica de sueño se vincula con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares —incluyendo infartos y accidentes cerebrovasculares—, diabetes tipo 2, obesidad, hipertensión y problemas de salud mental como depresión y ansiedad.
A corto plazo, los efectos también son perceptibles: menor energía, irritabilidad, dificultad para concentrarse y una respuesta inmune más débil. A largo plazo, la privación sostenida compromete la capacidad del cuerpo para consolidar la memoria, regular las emociones y recuperarse de enfermedades. Investigaciones publicadas en medios como Healthline también señalan que el sueño insuficiente puede elevar los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y alterar el apetito, lo que a su vez favorece cambios de peso y puede afectar la piel.
Las horas recomendadas según la edad
La cantidad de sueño necesaria varía a lo largo de la vida. Las recomendaciones más difundidas a nivel internacional, avaladas por organizaciones como la Sleep Health Foundation y el CDC, establecen los siguientes rangos:
| Grupo etario | Horas recomendadas | |
|---|---|---|
| Bebés (4–12 meses) | 12–16 hs (con siestas) | |
| Niños 1–2 años | 11–14 hs (con siestas) | |
| Niños 3–5 años | 10–13 hs (con siestas) | |
| Niños 6–12 años | 9–12 hs | |
| Adolescentes (13–18 años) | 8–10 hs | |
| Adultos (18–64 años) | 7–9 hs | |
| Adultos mayores (65+) | 7–8 hs |
Respetar estos rangos no solo mejora el rendimiento cotidiano, sino que también fortalece el sistema inmune, favorece la memoria y el aprendizaje, y contribuye a la estabilidad emocional. Desviarse hacia abajo o hacia arriba se asocia a riesgos concretos.
El otro extremo: ¿se puede dormir demasiado?
Sí, y los datos no son menores. Dormir más de nueve horas diarias de manera regular en adultos se asocia con un incremento de hasta el 34% en el riesgo de mortalidad respecto a quienes mantienen un rango de siete a ocho horas, según investigadores citados por el medio británico The Independent. También se lo vincula con mayor prevalencia de depresión, dolor crónico, aumento de peso y trastornos metabólicos.
Sin embargo, hay un matiz importante que los propios científicos subrayan: no necesariamente dormir mucho causa estos problemas. En muchos casos, es al revés: quienes padecen enfermedades crónicas, sufren efectos secundarios de medicamentos o atraviesan procesos de recuperación tienden a pasar más horas en cama. El exceso de sueño puede ser, entonces, un síntoma antes que una causa.

La Sleep Health Foundation señala que si alguien se despierta sistemáticamente después de nueve o diez horas y aun así se siente fatigado, eso puede ser una señal de que algo más está ocurriendo: desde apnea del sueño no diagnosticada hasta cuadros depresivos o enfermedades subyacentes que requieren atención médica.
Antes de ajustar horarios o tomar suplementos por cuenta propia, lo más recomendable es registrar los patrones de sueño durante una o dos semanas —hora de acostarse, de levantarse, calidad percibida del descanso— y consultar con un médico si los síntomas persisten.
El sueño es uno de los pilares más subestimados de la salud, y en muchos casos su mejora tiene efectos en cadena sobre el estado de ánimo, el peso y la inmunidad.















