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La Reserva Federal (Fed) enfrentará el próximo miércoles una de las reuniones más delicadas de los últimos meses. El motivo no es únicamente la decisión sobre la tasa de interés, sino un cambio que modifica el panorama y las mediciones de los próximos meses: la irrupción del petróleo como una nueva amenaza para la inflación cuando el mercado ya comenzaba a descontar un escenario de mayor estabilidad.

Hasta hace apenas dos semanas, el consenso parecía despejado. La desaceleración de la inflación y algunos datos más débiles del mercado laboral estadounidense parecían darle margen al banco central estadounidense para mantener las tasas sin cambios.

Sin embargo, la nueva escalada del conflicto en Medio Oriente disparó el precio del Brent nuevamente hasta los u$s 100 y modificó rápidamente las expectativas del mercado. Ahora, los inversores vuelven a preguntarse si la inflación realmente está bajo control.

La reunión de la Fed no será el único factor capaz de mover a los mercados. En los días siguientes se conocerán los balances de Microsoft, Meta, Amazon y Apple, cuatro compañías que representan una porción significativa del S&P 500 y cuya inversión en infraestructura para inteligencia artificial viene marcando el pulso del Nasdaq.

Al mismo tiempo, se publicarán el PBI de EE.UU. y el PCE, el indicador de inflación que la Fed sigue con mayor atención.

Así, la combinación entre política monetaria, crecimiento económico, inflación y resultados corporativos convierte a esta en una de las semanas más importantes del año para Wall Street.

El petróleo volvió a mover los bonos

La primera señal aparece en el mercado de renta fija. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a dos años, el más sensible a las expectativas de política monetaria, volvió a subir en paralelo con el petróleo.

Y es que cada avance del crudo estuvo acompañado por una venta de treasuries. Así elevaron sus rendimientos, lo que se interpretó como que los inversores comenzaron a descontar una Fed más agresiva.

Para el Bank of America (BofA), esa relación no responde solamente al nivel del petróleo, sino a su volatilidad.

En su último informe semanal, la entidad sostiene que el verdadero riesgo es que los movimientos bruscos del crudo terminen “contaminando” la inflación núcleo.

“La volatilidad del petróleo puede ser inflacionaria”, resume el banco. La explicación es que muchas empresas trasladan rápidamente el aumento de los costos energéticos a sus precios, pero cuando el petróleo vuelve a bajar esos precios rara vez retroceden con la misma velocidad.

Ese comportamiento hace que la inflación se vuelva más persistente y obliga a los bancos centrales a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo, dice el gigante de Wall Street.

Un mundo que ya no cree en tasas bajas

La segunda señal proviene del mercado global de bonos. Los rendimientos promedio de la deuda soberana mundial alcanzaron su nivel más alto desde la crisis financiera de 2008.

Detrás de ese movimiento el mensaje es que los inversores empiezan a aceptar que el ciclo de tasas elevadas puede durar bastante más de lo previsto. Y no solo porque la inflación muestra resistencia, sino porque los shocks geopolíticos se volvieron mucho más frecuentes.

Precisamente ese es uno de los argumentos centrales de Bank of America. El banco sostiene que el manual tradicional de los bancos centrales que se bsa en “ignorar los shocks temporales de oferta podría haber quedado obsoleto”.

“Después de cinco años de inflación por encima del objetivo y con shocks de oferta cada vez más frecuentes por las tensiones geopolíticas, una gestión prudente del riesgo puede justificar una respuesta diferente de la política monetaria”, señala el informe.

Kevin Warsh enfrenta su primera gran prueba

En ese contexto aparece Kevin Warsh, el nuevo chairman de la Fed. Para Bank of America, la decisión de este miércoles es, literalmente, “la decisión de Warsh”.

El banco mantiene como escenario base que la Fed dejará las tasas sin cambios en el rango de 3,50%-3,75%. Sin embargo, reconoce que la reunión pasó de ser prácticamente un trámite a convertirse en una decisión muy dividida.

El motivo es que cualquier alternativa tiene costos. Si mantiene las tasas, podría transmitir una imagen de excesiva tolerancia frente al nuevo riesgo inflacionario y afectar la credibilidad de la Fed.

Si decide subirlas, estaría reaccionando a un shock de oferta, algo que históricamente la Reserva Federal intentó evitar.

Aun así, Bank of America mantiene su proyección de tres aumentos de 25 puntos básicos durante el resto del año, en septiembre, octubre y diciembre.

El mercado ya no descarta una sorpresa

Asimismo, las probabilidades implícitas en los futuros de tasas muestran hasta qué punto cambió el escenario.

Al día de hoy, el mercado asigna aproximadamente un 62% de probabilidad a que la Fed mantenga las tasas y un 38% a una suba de 25 puntos básicos.

Para una reunión que hace pocos días parecía completamente definida, ese porcentaje refleja un nivel muy elevado de incertidumbre.

Las tres preguntas que definirán la reacción de Wall Street

Más allá de la decisión puntual sobre las tasas, el mercado buscará respuestas a tres cuestiones.

La primera será si la Fed considera que el aumento del petróleo es un fenómeno transitorio o cree que puede trasladarse de forma permanente a la inflación núcleo.

La segunda será conocer si Warsh mantiene la doctrina tradicional de ignorar los shocks de oferta o si comparte la visión que empieza a ganar terreno en bancos como Bank of America: que la repetición de estos episodios obliga a una política monetaria más preventiva.

La tercera será la señal sobre septiembre. Incluso si las tasas permanecen sin cambios este miércoles, cualquier indicio de que una nueva suba está sobre la mesa podría impulsar nuevamente los rendimientos de los bonos y aumentar la presión sobre las acciones.

Lo que realmente está en juego

La reunión del miércoles trasciende una decisión de 25 puntos básicos.

Lo que está en discusión es si la Reserva Federal considera que el nuevo ciclo de tensiones geopolíticas cambió definitivamente el comportamiento de la inflación.

Si Warsh sugiere que el petróleo puede volver más persistente la inflación, el mercado probablemente reforzará la idea de que las tasas permanecerán altas durante más tiempo.

Si, en cambio, insiste en que se trata de un shock temporal y evita endurecer su discurso, los inversores podrían interpretar que la Fed todavía cree posible controlar la inflación sin acelerar el ajuste monetario.