

El precio de esta inversión viene en alza y, según David Einhorn, la tendencia está lejos de terminar.
El reconocido inversor multimillonario y fundador de Greenlight Capital asegura que el oro no sube por la inflación, como muchos creen, sino por algo mucho más profundo: la pérdida de confianza en la política fiscal y monetaria de Estados Unidos.
Durante la Conferencia Sohn en Nueva York, Einhorn dejó en claro que ve un potencial alcista para el metal precioso. "Estaría contento si el oro llega a los 3.500 o 3.800 dólares por onza, pero me preocuparía si toca los 30.000 o 50.000", advirtió. Hoy en día, el precio ronda los 3.285 dólares, tras haber alcanzado un pico en abril.
Su fondo, Greenlight Capital, tuvo un rendimiento del 8,2% en el primer trimestre de 2025, superando al S&P 500, impulsado principalmente por su fuerte posición en oro. Para Einhorn, este rally todavía tiene recorrido.
¿Por qué el oro sigue subiendo?
Contrario al consenso general que vincula la suba del oro con la inflación o los aranceles del gobierno de Donald Trump, Einhorn sostiene que el verdadero motor del aumento es el deterioro fiscal de EE.UU. y la pasividad política ante el déficit.
"El oro no tiene que ver con la inflación. Tiene que ver con la confianza en la política fiscal y monetaria", remarcó el inversor. El déficit federal de Estados Unidos supera los 1,9 billones de dólares, y las promesas de ajuste han sido, en su mayoría, incumplidas.

Incluso iniciativas como el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de Elon Musk, creado para reducir el gasto, apenas lograron un ahorro estimado de 150.000 millones de dólares, insuficiente frente al crecimiento del gasto en defensa. Lo mismo ocurre con los nuevos aranceles, que aportarían apenas 100.000 millones.
Además, los planes de Trump para extender los recortes fiscales de 2017 podrían agravar el déficit aún más, lo que genera un escenario ideal para el oro como activo refugio.
¿Hasta dónde puede llegar el oro?
A pesar del optimismo de Einhorn, algunos analistas dudan de que el oro mantenga este ritmo. Desde ING, por ejemplo, proyectan un promedio de 3.128 dólares por onza para lo que resta del año, argumentando que varios factores positivos ya están perdiendo fuerza.

Pero si la historia reciente sirve de guía, la apuesta de Einhorn no parece tan descabellada. Para él, el verdadero driver no es coyuntural, sino estructural: la creciente desconfianza en la sostenibilidad del sistema económico norteamericano.











