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El cierre de 2025 dejó como señal clara para los flujos de capital y para la lectura de la macro global que el inversor volvió a mirar fundamentals. Ya no hay beta automática ni para emergentes ni para desarrollados. Es decir, el mercado volvió a los números y dejó de comprar categorías.
Ya no alcanza con ser un país “desarrollado” para atraer capital, ni con evitar la etiqueta de “emergente” para quedar afuera. Hoy el dinero discrimina según deuda, déficit y credibilidad económica.
Los datos revelan que el capital fluye hacia mercados emergentes, pero lo hace con lupa. Va a la deuda, busca ingresos estables y elige países con cuentas más ordenadas. Al mismo tiempo, empieza a ser más exigente con las economías grandes, donde la deuda crece rápido y el costo de financiarla es cada vez más alto. En ese cambio de foco está la clave para entender por qué el mercado volvió a premiar fundamentals por sobre etiquetas.
Dos informes —el Capital Flows Tracker del Institute of International Finance (IIF) y el DVV de Criteria— convergen en una misma conclusión: la asignación global de capital dejó de ser geográfica y pasó a ser selectiva, con una ventaja creciente para la deuda emergente frente a la del G10.
Los flujos
Desde el lado de los flujos, el IIF muestra que diciembre cerró con ingresos netos por u$s 36.700 millones a mercados emergentes, liderados casi por completo por la deuda. No fue un regreso al riesgo, sino un reordenamiento defensivo.
El capital volvió atraído por carry, duraciones cortas y marcos de política más previsibles. A lo largo de todo 2025, la deuda emergente absorbió más de u$s 315.000 millones y contrasta con la fragilidad persistente de la renta variable, que volvió a cerrar el año en negativo.
Al respecto, Pedro Moreyra, director de Guardian Capital, dijo a El Cronista que la parte final de 2025 dejó una señal clara en los flujos hacia mercados emergentes: “América Latina empezó a destacarse frente al resto del universo EM. En un contexto de mayor volatilidad global, marcado por temores de shutdown en Estados Unidos, toma de ganancias y dudas en torno a una posible burbuja en la inteligencia artificial, desde noviembre se observó un ingreso de capitales significativo hacia la región”, aseguró el experto.
Y es que, mientras los ETF globales, como $SPY y $EEM, mantuvieron una correlación elevada en el corto plazo, Latinoamérica comenzó a desacoplarse en términos de rendimiento. Brasil, México y Colombia lideraron ese movimiento.
“Argentina también formó parte de esa dinámica, aunque con un comportamiento más explicado por factores domésticos que por una reasignación global de portafolios”, dijo Moreyra.
Y, de cara a 2026, el estratega ve que el escenario luce constructivo. “Un dólar más débil podría seguir jugando a favor de los emergentes, incluso en un contexto de commodities menos dinámicos, bajo una lógica de asignación de mediano y largo plazo”, dijo.
En ese marco, para Moreyra, la Argentina aparece bien posicionada para beneficiarse de la ausencia de eventos electorales relevantes y para captar flujos en busca de retorno en mercados con historias propias de transformación.

China se desacopla y el capital discrimina
El dato clave es que ese flujo no fue homogéneo. La divergencia entre China y el resto de los emergentes se consolidó, con salidas de deuda en el gigante asiático y fuertes entradas en EM ex China.
El mercado ya no compra la etiqueta “emergente” como un bloque. Premia a los países con balances ordenados, credibilidad monetaria y condiciones de financiamiento claras, y castiga a quienes no pueden ofrecer esos atributos, independientemente de su tamaño o peso en los índices.
El DVV de Criteria aporta el marco estructural que explica este comportamiento. El problema de fondo ya no es la inflación, sino la dinámica de la deuda soberana en las economías desarrolladas.
Aunque las tasas de política comenzaron a moderarse, el costo de intereses sigue al alza y presiona los presupuestos públicos. En el G10, la combinación de déficits elevados, gasto rígido y refinanciación a tasas más altas redujo drásticamente el margen fiscal. No se trata de insolvencia, sino de sostenibilidad: la deuda dejó de ser una herramienta flexible y pasó a ser una restricción.

Estados Unidos es el caso más visible. El costo de intereses se ubica en el extremo superior de su rango histórico y, a diferencia de otros ciclos, los rendimientos largos siguen elevados incluso en un contexto de recortes de tasas. El empinamiento de la curva refleja una prima de riesgo fiscal creciente. El mercado empieza a exigir más retorno por financiar déficits persistentes a largo plazo, un fenómeno que se replica —con matices— en Europa y Japón.
Este cambio también se ve en el comportamiento de los bancos centrales. La reducción de la exposición al dólar y el hecho de que las reservas de oro hayan superado por primera vez en décadas a las tenencias de bonos del Tesoro de EE.UU. es una señal política, no táctica. El activo “libre de riesgo” dejó de ser incuestionable.
En ese contexto, la lectura contraria se vuelve evidente: varios mercados emergentes llegan a 2026 con balances más saneados, menor presión fiscal y mayor credibilidad monetaria que muchas economías del G10. Por eso, tanto el IIF como Criteria coinciden en que la deuda emergente —en especial en moneda local y en países seleccionados— puede funcionar como refugio relativo y herramienta de diversificación. No porque el riesgo haya desaparecido, sino porque está mejor compensado.
Cabe recordar que la ola global de aversión al riesgo volvió a presionar a los bonos del Tesoro de EE.UU., que quedaron inestables (“wobbling”) ante una renovada venta. La suba de rendimientos se dio en un contexto de ventas de activos de riesgo a nivel global, con el oro en máximos históricos y las acciones cayendo en distintos mercados.

El movimiento fue lo suficientemente relevante como para que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, interviniera directamente y se comunicara con autoridades japonesas luego de un aumento en los rendimientos de los Treasuries a 10 años. El texto remarca que las tensiones en el mercado de deuda estadounidense no quedaron aisladas, sino que se propagaron a otros mercados, especialmente Japón.
Al respecto, Gustavo Neffa, explicó en declaraciones a este medio que, la caída de los Treasuries de hoy está directamente vinculada a una guerra económica y financiera que ya venía gestándose.
“China viene reduciendo de manera sostenida su exposición a bonos del Tesoro de Estados Unidos y hoy esa tenencia se ubica aproximadamente en la mitad del máximo histórico, dentro de un fondo de reservas que supera los u$s 3 billones”, aseguró el estratega.
A ese proceso se suman señales recientes desde Europa. “Por ejemplo, la decisión del fondo soberano y de pensión de Dinamarca de reducir a cero su exposición a activos estadounidenses dentro del portafolio”, comentó Neffa.
Así, todo esto refuerza la idea de que se está reactivando una guerra comercial y financiera a escala global, un escenario en el que Washington aparece más vulnerable por el lado financiero.
En ese marco, Neffa advirtió que el dólar podría buscar niveles sensiblemente más bajos y que el comportamiento de hoy confirma que no hubo “vuelo a la calidad”.
Así, todo esto refuerza la idea de que se está reactivando una guerra comercial y financiera a escala global, un escenario en el que Washington aparece más vulnerable por el lado financiero.
Por el contrario, los rendimientos suben porque se están liquidando bonos largos, principalmente por parte de inversores institucionales europeos. “Esa dinámica explica por qué caen las acciones y, al mismo tiempo, caen los precios de los bonos, empujando los rendimientos al alza”, analizó el experto.
Para la Argentina, este contexto es negativo aseveró Neffa. “Con mayor aversión al riesgo y tasas largas más altas, el escenario externo deja de jugar a favor. En un verdadero flight to quality, los bonos subirían y los rendimientos bajarían, lo que ayudaría a los activos locales. Pero hoy ocurre lo opuesto: acciones y bonos caen en simultáneo, los rendimientos suben y eso termina siendo un viento en contra para la Argentina”, concluyó.
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