Los mercados siguen sin rumbo definido: ayer fue el turno de las bajas. Con los bonos en caída, el riesgo país avanzó 1,6% hasta los 586 puntos básicos, luego de haber llegado a tocar los 600 en la apertura. El rebote cortó una racha que había entusiasmado a inversores: el lunes y el martes el indicador había perdido más de 80 unidades, impulsado por el resultado electoral en Brasil y los dichos de Scott Bessent sobre un eventual respaldo adicional a la Argentina.
Wall Street cerró en baja, aunque sin dramatismo. El S&P 500 y el Nasdaq cedieron 0,2%, en una toma de ganancias tras los máximos históricos de la víspera. Toda la atención estaba puesta en un documento: las minutas de la reunión de la Fed del 15 y 16 de septiembre. Lo que mostraron no fue tranquilizador. La mayoría de los miembros considera apropiada una suba adicional de tasas antes de fin de año, aunque aclararon que llegan a cada reunión con mente abierta y que todo dependerá de los datos.
El mercado asigna apenas un 20% de probabilidad a un ajuste en la reunión del 28 de octubre y descuenta el próximo movimiento recién para diciembre. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años, terminó cediendo a 5,28%, ocho puntos básicos por debajo del máximo en 24 años que había tocado durante la jornada. Con la tasa a 10 años en torno a 5,3% y un riesgo país de 586 puntos, el país enfrenta un costo implícito cercano al 11% anual en dólares. Un nivel incómodo para pensar en que Argentina retorne rápido acceso a los mercados.
Un informe de Grit Capital destaca que “la cuestión clave es si la reciente mejora representa únicamente la cobertura de posiciones cortas o el inicio de una normalización más amplia”. Destaca que la Argentina “se beneficia de la reducción gradual del posicionamiento extremo en CDS (seguros de default), de los primeros indicios de remonetización del peso y de la disminución de la tensión en los mercados globales de alto rendimiento”, pero advierte que “la confirmación requerirá mayores descensos tanto en el DXY (Indice del dólar) como en la volatilidad de los bonos del Tesoro”.
Su escenario favorable tiene condiciones: “Si las condiciones crediticias globales se estabilizan mientras la liquidez interna continúa expandiéndose gradualmente, esta combinación podría aliviar la presión sobre los bonos soberanos y respaldar una recuperación de la actividad local sin que el gobierno tenga que abandonar sus políticas fiscales o de desinflación”. La mitad de la ecuación depende del Gobierno. La otra mitad, de Washington.
Brasil, el gran protagonista de la semana, también entra en el cálculo. Citi ve margen para que el real siga apreciándose y para que eso habilite una política monetaria más laxa del otro lado de la frontera. “Un desempeño positivo en el tipo de cambio del real brasileño (una posible caída del 1,5-2% a pesar de la escasa demanda del dólar en los mercados actuales) y en las tasas de interés podría permitir al Banco Central de Brasil recortar más de lo que se prevé actualmente”, señala el banco, que hoy proyecta recortes de menos de 20 puntos básicos en los próximos seis meses. Un Brasil con tasas más bajas y moneda firme es una buena noticia para la Argentina: es el principal socio comercial y el termómetro con el que los inversores miden a la región.
Los papeles argentinos están necesitados de excusas para subir. Los avances del gobierno en el Congreso con el proyecto para eliminar las PASO pueden ser una señal. El balotaje en Brasil el domingo 25 puede ser otra. El dato de inflación de septiembre que se conocerá el próximo martes puede ser otro. Por lo pronto, todo es un serrucho.

Por Guillermo Laborda
Subdirector periodístico de El Cronista
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