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La morosidad récord en el sistema financiero está provocando nuevas actitudes de los bancos. “Estamos intentando recomponer activos con garantías o de mejor calidad como cupón de descuento, eso nos va a hacer licuar la mora”, revela un banquero.
Se refiere a que empiezan a dar préstamos a empleados estatales que cobran haberes en la entidad. El máximo que le pueden prestar es entre el 20 y el 25% del sueldo, y le pasa a la empresa el monto que le debe debitar de la cuota.
“Así te anticipas, ya se le descuenta del sueldo. La mora es baja pero no es cero, porque lo pueden echar, aunque en el Estado es más difícil. Cuando se haga con privados, la mora será mayor”, advierte.
Tasas altas
La tasa que le cobran, de todos modos, es del 60%, ya que en el sistema parecen no estar dispuestos a prestar a tasas más bajas, excepto que sea a empresas, al 35%.
Cuando se le remarca el enorme spread entre lo que pagan por los plazos fijos minoristas, del 15% en los grandes bancos, el ejecutivo recalca que el 70% de los depósitos hoy son mayoristas, a una tasa de TAMAR del 23%.
“Estamos ayudando a quienes deben con préstamos ajustados por inflación porque esos implican una cuota más baja. A aquellos a los cuales les refinancias le quitas la tarjeta para evitar aumentar la explosión con un cliente ya en problemas".
“Volveremos a tener una oferta de crédito cuando veamos buen comportamiento y haya cancelado una porción significativa de la deuda”, se sincera el CEO de uno de los grandes bancos.
Incobrables
El cargo por incobrabilidad de individuos viene bajando desde diciembre. Lentamente y a niveles muy altos aún pero encontró en principio un techo.
“Las pymes vienen empeorando y aún no vimos que de la vuelta. El portafolio de pymes en los bancos es muy menor comparado con individuos y grandes empresas, pero es el foco de deterioro que se ve. El resto parece más estabilizado con tendencia leve hacia la baja”, admiten.
La mora efectivamente subió en los últimos meses, pero viniendo de niveles excepcionalmente bajos. Hoy en bancos grandes está en torno al 7%, que sigue siendo un nivel manejable y más cercano a una situación “normal” en términos históricos.
Nuevo escenario
Lo que cambió es el contexto: “Con menor inflación ya no hay licuación de las deudas, y al mismo tiempo hubo un reacomodamiento fuerte de precios relativos que impactó en el ingreso disponible de las familias. Eso explica gran parte del comportamiento”, detallan.
Qué están haciendo
- No están aplicando medidas masivas o indiscriminadas, sino un enfoque bastante segmentado.
- Trabajan mucho en prevención, con modelos que detectan señales tempranas de estrés antes de que el cliente entre en mora.
- Cuando aparece una dificultad, activan refinanciaciones y reestructuraciones para ordenar la deuda y estirar plazos.
Sobre las refinanciaciones
Se están ofreciendo y la adopción es buena, sobre todo en clientes que quieren mantenerse dentro del sistema. El foco es bajar la carga mensual más que “patear el problema”: extender plazos, consolidar deudas y dar algo de alivio en tasa en relación al producto original.
No hay una tasa única, depende mucho del perfil y del caso, pero en general son condiciones más blandas que las de originación, justamente para facilitar la normalización.
Medidas más preventivas
- Ajuste de límites en algunos casos para evitar sobreendeudamiento.
- Pausa en oferta de crédito a clientes que ya muestran señales de estrés.
“Estamos viendo que este proceso es bastante distinto según el tipo de actor. En el sistema regulado la mora sigue contenida, mientras que en algunos no regulados es bastante más alta, lo que también termina impactando indirectamente en los bancos”, subrayan los banqueros.
Su mirada es que esto es un proceso de transición. A medida que bajen las tasas reales y se recupere el ingreso, debería tender a estabilizarse. Sobre la decena de proyectos que ingresaron al Congreso para sobre regular esto, lo que ven es que responden a una preocupación real por el sobreendeudamiento y el costo del crédito, que es entendible en este contexto.
Tope a tasas
Ahora, cuando se avanza en topes a tasas o regulaciones muy rígidas de precios, la experiencia —tanto local como internacional— muestra que suele haber efectos no deseados: se retrae la oferta de crédito, se endurecen las condiciones de acceso y, en la práctica, muchos clientes terminan quedando afuera del sistema formal.
Eso genera un efecto paradójico: quienes tienen mejor perfil siguen accediendo, pero los segmentos más vulnerables —que son los que se busca proteger— pierden acceso o migran a circuitos más caros y menos regulados.
Desde el lado de los bancos, creen que el enfoque más efectivo pasa por tres cosas:
- Transparencia total en precios y condiciones
- Competencia real entre jugadores
- Herramientas de alivio y educación financiera para clientes en dificultad
Y agregan algo importante: muchas veces el costo del crédito también está muy influido por factores estructurales —impuestos, regulación, costo de fondeo— que, si no se corrigen, limitan cualquier intento de bajar tasas de forma sostenible.
En síntesis, la discusión es válida, pero es clave que la regulación cuide el equilibrio entre protección al cliente y sostenibilidad del crédito. Porque sin crédito, el problema social termina siendo mayor.
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