Dólar electoral, sigue con brecha del 90% pero se mantiene competitivo

Si bien en retroceso, el índice de tipo de cambio real multilateral permanece en niveles competitivos. Pero la brecha por encima del 90% refleja una tensión cambiaria que el oficialismo deberá resolver.

La historia se repite cada año impar, en la recta final rumbo a las elecciones. Los oficialismos buscan incrementar sus posibilidades en los comicios apelando casi siempre a la misma receta: atrasar al tipo de cambio.

Si bien el cierre de listas puede haber marcado el inicio "formal" de la carrera rumbo a las PASO, el Gobierno lleva casi seis meses apostando a esta reconocida fórmula pre-electoral. ¿El objetivo? Que el ancla cambiaria recorte los elevados niveles de inflación.

Para ello, el Banco Central (BCRA) redujo el ritmo de crawling peg. Pasó de niveles de 3,7% en enero, a 2,8% en febrero, 2,4% en marzo, 1,7% en abril, 1,2% en mayo y casi 1,1% en junio. Durante el corriente mes, en tanto, llevó el ritmo de depreciación del peso a un promedio apenas inferior al 1%, su nivel más bajo desde enero de 2020.

Pero el éxito de esta estrategia, al menos en cuanto a su impacto en la inflación, parece demorarse. No ocurre lo mismo con el efecto en el tipo de cambio real, que se ubica ahora en su nivel menos competitivo en 14 meses. Según publica el BCRA, el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) cedió a 113,7, el más bajo desde mayo de 2020. Cuándo más baja es esa cifra, más apreciado -y menos competitivo- estará el peso en relación al resto de las monedas que componen el índice.

Pero así como es cierto que el Gobierno está atrasando el tipo de cambio real, también lo es que aún permanece en niveles elevados. El Ejecutivo, por lo tanto, está aprovechando el "margen" que tenía para apreciar al peso. Prueba de ello puede verse en que se mantiene en niveles más competitivos que los que tenía en la mayoría de las elecciones de la última década. En ocho de los 11 comicios celebrados desde 2011, la sociedad argentina concurrió a las urnas con un atraso cambiario mayor.

Adrián Yarde Buller, economista jefe de Facimex Valores, explica que "apelar al ancla cambiaria para inducir una desaceleración de los números de inflación en el corto plazo necesariamente llevará a una apreciación del tipo de cambio en términos reales". No obstante, subraya que la competitividad relativa a esos momentos (es decir, a los períodos anteriores a las elecciones de la última década) seguirá siendo muy superior si los precios de los commodities se mantienen en los niveles actuales.

Visión similar aporta Amilcar Collante, economista de Cesur. "Es típico de los años electorales que se atrase el tipo de cambio nominal y por la inflación se atrase el tipo de cambio real. En la comparación interanual puede que estemos atrasando el tipo de cambio real, pero todavía hay cierto colchón de competitividad respecto de otros momentos electorales", dice.

Pero así como este colchón de competitividad puede darle aire al Gobierno, el nivel actual de la brecha cambiaria podría quitárselo. Es que si se observa el ITCRM actual, no parece haber motivos para creer que el Gobierno se verá forzado a convalidar una devaluación más brusca tras los comicios. Pero la brecha por encima del 90% refleja una tensión cambiaria que el oficialismo deberá resolver.

"Eso muestra la expectativa de devaluación y refleja la gran desconfianza en el Gobierno y en la Argentina", remarcó Collante.

Otro de los factores que comienza a vigilar el mercado es la inflación reprimida durante el corriente año, que podría sumar mayores presiones devaluatorias tras las elecciones.

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