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Por qué los bonos ya no son la opción más segura

En 2023, la renta variable estadounidense le ha ganado la partida a los pagarés del Estado.

En los últimos días y semanas, los inversores en renta fija han estado nerviosos. Tanto es así que cabe preguntarse por qué los economistas y los inversores profesionales siguen refiriéndose a los bonos del Estado como inversiones seguras y sin riesgo, en comparación con la renta variable, supuestamente más arriesgada.

La carga contra estos pagarés gubernamentales es bastante condenatoria. Tomemos como ejemplo el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerado el más seguro del planeta. Sin embargo, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense en 2022 fue de -17,8%, frente al -18% de las acciones del índice S&P 500.

Sí, los bonos ofrecen una renta fija contractual y, en el mercado corporativo, están por delante de las acciones en caso de liquidación. Sin embargo, la realidad es que tanto los bonos como las acciones son arriesgados, con diferencias matizadas.

El atractivo de los bonos a largo plazo

Hasta ahora, en 2023, la renta variable estadounidense ha arrasado en relación con la renta fija. Esto es en parte ilusorio porque el rebote tanto en el índice S&P 500 como en el Nasdaq ha sido impulsado casi exclusivamente por las siete mayores empresas tecnológicas [Apple, Amazon, Alphabet, Meta, Nvidia, Microsoft y Tesla].

A principios de año, la opinión generalizada era que el aumento de las tasas de interés estaba reduciendo el valor actual de los futuros flujos de ingresos de las empresas tecnológicas, ya que mayores ingresos por intereses hoy reducen el atractivo de los beneficios en dólares en el futuro.

En efecto, esta lógica matemática aparentemente ineludible ha sido anulada por el poder de la narrativa de la inteligencia artificial (IA).

El entusiasmo por la IA refleja un nivel de euforia del mercado que recuerda incómodamente a la burbuja de las puntocom, cuando las acciones tecnológicas mostraron un rendimiento estelar frente al endurecimiento de la política monetaria. Mientras tanto, los temores de recesión están en retirada.

Pero volviendo a los bonos, el gran bull market que comenzó en la década de 1980 ha llegado claramente a su fin. Y el reciente nerviosismo tiene muchas causas, desde la rebaja de los bonos del Tesoro de EE.UU. por parte de Fitch, hasta las preocupaciones por los déficits presupuestarios endémicos y la retirada de capitales japoneses de EE.UU. (una respuesta a la relajación de la política de control de la curva de rendimientos del Banco de Japón).

La cuestión más fundamental, planteada por William White, exjefe del departamento monetario y económico del Banco de Pagos Internacionales, es que el mundo está pasando de una era de abundancia a una era de escasez.

El momento Barbie de los bonos o por qué es mejor no hacer nada por ahora

Varias tendencias desde el final de la guerra fría se están invirtiendo. Al mismo tiempo, el suministro de energía se ve limitado por las preocupaciones sobre el cambio climático y la seguridad, mientras que los niveles récord de deuda privada y pública restringen las opciones políticas, además de ser un lastre para el crecimiento.

Todo ello allana el camino a un mundo más inflacionario, en el que la inflación y las tasas de interés probablemente sean más volátiles.

White prevé presiones inflacionarias continuadas y tasas de interés reales más altas durante mucho más tiempo de lo que la mayoría de la gente espera ahora. Si tiene razón, habrá que pensar en la capacidad del mercado de bonos para infligir inestabilidad financiera.

El boom de los bonos a largo plazo amenaza el rally de las acciones

En EE.UU., ha habido una paz fingida desde que el Silicon Valley Bank y otros bancos regionales se hundieron en marzo debido al colapso del valor de mercado de sus tenencias.

Sin embargo, la Corporación Federal de Seguros de Depósitos de EE.UU. estima que las pérdidas no realizadas [las perdidas que resultan de mantener un activo que ha bajado de precio, pero que al no venderlo todavía no se realiza la pérdida] de los bancos estadounidenses ascendían a u$s 515.500 millones a fines de marzo, lo que equivale al 23% del capital de los bancos.

Se trata de todo un peso muerto al comienzo de un inminente desastre inmobiliario comercial que pronto infligirá más daños a los balances bancarios. Ese problema se repite en gran parte del mundo desarrollado.

Alerta en Wall Street: qué puede pasar con los bonos a largo plazo

Sin embargo, son los bancos centrales los que están sufriendo los mayores daños en sus balances debido al aumento del rendimiento de los bonos, como resultado de sus programas de compra de activos. El 31 de marzo, por ejemplo, las pérdidas por valoración a precios de mercado de las tenencias de valores de la Reserva Federal ascendían a u$s 911.000 millones. Es decir, casi 22 veces su capital de u$s 42.000 millones.

¿Cómo puede el dólar seguir siendo la principal moneda de reserva del mundo si está respaldado por un banco central irremediablemente insolvente?

La respuesta inmediata es que el activo más valioso de los bancos centrales no está en el balance, sino en la ventaja de fabricar dinero. En otras palabras, los bancos centrales pueden imprimir su salida de los problemas.

Pero sólo hasta cierto punto. Como aprendieron los alemanes durante la República de Weimar, los mercados pueden llegar a la conclusión de que el rey de los bancos centrales no tiene ropa.

EE.UU. aún no ha llegado a ese punto. Y no hay buenas alternativas al dólar y a los bonos del Tesoro. Para los inversores, el mensaje pro tempore es que los bonos, aunque inseguros y muy arriesgados, ofrecen un aumento sustancial de la rentabilidad en relación con los objetivos de inflación de los bancos centrales, en torno al 2%. El mundo financiero no deja de ser paradójico.

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