Petrobras se convierte en "fútbol político" para las elecciones brasileñas

Los grandes aumentos de los precios de la nafta, el diésel y el gas para cocinar, empujados fundamentalmente por la guerra en Ucrania, provocan la intervención de Bolsonaro y Lula.

Hace casi 70 años, Brasil fundó una empresa petrolera nacional a raíz de una campaña con el lema: "¡o petróleo é nosso!", que resuena hasta hoy.

El sentimiento populista detrás de la frase, que significa "el petróleo es nuestro", resuena en Petróleo Brasileiro, mejor conocida como Petrobras, especialmente cuando las facturas de combustible están en aumento. A medida que el descontento por los niveles de vida reducidos da forma a las próximas elecciones presidenciales de octubre en Brasil, la compañía de hidrocarburos más grande de América Latina se está convirtiendo una vez más en fútbol político.

El presidente Jair Bolsonaro, cuya popularidad está siendo mermada por la inflación de dos dígitos, arremetió contra un gran aumento de los precios de la nafta, el diésel y el gas para cocinar por parte de Petrobras este mes, después de un salto en los precios de referencia para el petróleo a raíz de la guerra en Ucrania.

Guerra Rusia-Ucrania: ¿se puede esperar que termine pronto?

Ha aumentado la especulación sobre el futuro del director ejecutivo del grupo, cuyo predecesor fue derrocado por Bolsonaro hace sólo un año en medio de tensiones similares.

Las críticas del derechista representan un raro punto de consenso con su presunto retador, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva del PT. Al frente de las encuestas, Lula ha dicho que Petrobras debe considerar "el bienestar de 213 millones de brasileños".

Para los accionistas externos en el negocio valorado en u$s 80 mil millones, la controversia es un recordatorio no deseado de las dañinas intervenciones de los políticos en el pasado. La ironía es que la gerencia de la empresa parecía haber restaurado su fortuna después de un período de crisis.

Cómo puede beneficiar a las empresas una semana de cuatro días de trabajo

Durante el gobierno del PT en la década anterior, Petrobras estuvo en el centro del escándalo "Lava Jato".

La compañía también estuvo al borde de la bancarrota después de verse obligada a mantener los precios del combustible artificialmente bajos durante la presidencia de Dilma Rousseff. Desde entonces, ha reducido una enorme cantidad de deuda y está vendiendo activos como campos petroleros maduros y refinerías para poder concentrarse en la exploración y producción en sus ricas reservas en aguas profundas.

Sin embargo, si las ganancias y los dividendos récord para 2021 fueron prueba del cambio hacia la rentabilidad, causaron enojo en un momento en que muchos brasileños están luchando. Bolsonaro calificó las ganancias de "absurdas".

En el centro de las quejas se encuentra una política de seguimiento de los mercados internacionales para las tarifas de combustible nacionales. Tanto Bolsonaro como Lula criticaron la práctica. El contraargumento es que vender con un descuento sostenido no sólo es potencialmente dañino para Petrobras, sino que también corre el riesgo de provocar escasez de combustible, ya que Brasil depende de los importadores para llenar el vacío de suministro.

Informe militar: cómo la guerra por Ucrania se convirtió en una batalla por sus ciudades

Sin embargo, en esencia, el renovado debate se reduce a la cuestión fundamental de qué es Petrobras. "El gobierno brasileño tiene que tomar una decisión", dice Roberto Castello Branco, cuya destitución como presidente ejecutivo hace un año hizo caer sus acciones. "O nacionaliza Petrobras y la transforma en un departamento del ministerio de minas y energía, que no aconsejo, o privatiza la empresa".

Pocos ven cualquier resultado como realista por ahora. Brasilia posee alrededor del 37% del capital social de Petrobras, pero posee un poco más de la mitad de los derechos de voto, lo cual efectivamente le da el derecho de nombrar al director ejecutivo. A pesar de todas las promesas de Bolsonaro de no interferir con la gran petrolera, aún podría buscar a alguien más dócil que el director ejecutivo actual, Joaquim Silva e Luna. El general de la reserva del ejército de 72 años ha demostrado no ser fácil de manejar, como lo demuestra el aumento de los precios de la refinería de la nafta, el diésel y el gas para cocinar este mes.

Marcelo Mesquita, miembro independiente del directorio de Petrobras, dice que la empresa ahora tiene una gobernanza "robusta". "Ésta es ya la tercera vez que el presidente de la república no ha estado satisfecho y ha querido meterse con la empresa y su política de precios y ésta es la tercera vez que ha visto que eso no es posible", dice.

Tags relacionados

Noticias del día

Compartí tus comentarios

Formá parte de El Cronista Member y sumate al debate en nuestros comentarios