Elecciones en Brasil: Lula lanza un 'operativo de seducción' para conquistar a los empresarios

El expresidente Lula da Silva se ha alejado de los líderes empresariales mientras hace campaña para ganar un tercer mandato.

Ante la cercanía de las elecciones presidenciales en Brasil, Luiz Inácio 'Lula' da Silva, el progresista que ya estuvo dos veces en el cargo y que aspira a otro, ha lanzado una ofensiva de seducción para ganarse a la comunidad empresarial del país.

El movimiento sigue a una serie de promesas de campaña del expresidente que han alarmado a los líderes empresariales, incluyendo abolir el límite constitucional al gasto público y las sugerencias de que un gobierno de Lula interferiría con los precios de los combustibles fijados por la productora de petróleo controlada por el Estado, Petrobras.

"Las cosas que ha dicho Lula son realmente terribles", dijo Paulo Bilyk, director ejecutivo de Rio Bravo Investments, que tiene 13.000 millones de reales (u$s 2,6 mil millones) de activos bajo gestión. "Si está tratando de alejarse de lo mainstream, lo ha hecho de forma muy competente".

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Lula, que fue presidente entre 2003 y 2010, es el favorito para vencer al actual mandatario, el populista de derecha Jair Bolsonaro, en los comicios de octubre. El sondeo publicado el viernes pasado por Ipespe mostró que tenía una ventaja de 12 puntos porcentuales sobre el excapitán del ejército, desde una diferencia de hasta 20 puntos porcentuales a principios de este año.

En las últimas semanas ha enviado a altos cargos de su Partido de los Trabajadores (PT) para abrir un diálogo con los ejecutivos en un intento de tranquilizarlos, según personas presentes en las reuniones. Las delegaciones han subrayado que Lula es una persona conocida cuyo mandato en el gobierno fue bueno para los mercados financieros y la economía en general.

"Lo más importante en estos diálogos es reforzar el hecho de que el presidente Lula ya es una figura conocida", dijo Alexandre Padilha, un exministro del gobierno que la semana pasada se reunió con inversores en nombre de Lula. "Tiene credibilidad porque sus ocho años de gobierno fueron el único periodo de la historia de Brasil en el que ocurrieron tres cosas al mismo tiempo: crecimiento económico, reducción de la desigualdad y responsabilidad fiscal".

Muchos en el Brasil corporativo, conocido coloquialmente como Faria Lima por la avenida principal del distrito financiero de Sao Paulo, son escépticos tanto de Lula como de Bolsonaro y habían esperado que surgiera un candidato centrista de "tercera vía", una perspectiva que ahora parece poco probable.

Las grandes empresas de Brasil han ejercido durante mucho tiempo una fuerte influencia en el ámbito político del país. Su poder de lobby en el Congreso puede hacer o deshacer la agenda legislativa de un gobierno, y los candidatos presidenciales hacen todo lo posible para ganar su apoyo, dicen los analistas.

Los emisarios de Lula dijeron que en las reuniones con los empresarios habían insistido en que un posible tercer gobierno de Lula sería fiscalmente responsable y respetaría la independencia del banco central de Brasil, que obtuvo el año pasado.

"Es una competencia de fealdad y parece que Bolsonaro es el menos feo para los mercados financieros", dijo una figura de las finanzas que anteriormente sirvió en el gobierno. "Mucha gente [en el sector] se tapará la nariz y votará por él".

En el cargo, el exlíder sindical se ganó una reputación de pragmático que respetaba en gran medida la política económica ortodoxa mientras financiaba programas de erradicación de la pobreza. Pero el tono populista de su campaña hasta el momento, mientras Brasil se enfrenta a una inflación de dos dígitos y a un aumento de la pobreza, ha puesto nerviosos a los inversores.

Les preocupa su promesa de abolir el límite de gasto de Brasil, un requisito constitucional que limita los aumentos presupuestarios a la tasa de inflación. Lula ha dicho que "tendremos que gastar lo que sea necesario" y que el crecimiento económico era la forma de reducir la deuda bruta de Brasil, que alcanzó casi el 90% del PBI en 2020. Pero los inversores consideran que el tope es crucial para evitar un gasto descontrolado.

Muchos han criticado también el reciente comentario de Lula de que el presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, era tan "responsable como [el presidente ruso Vladímir] Putin" de la guerra en su país.

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"Lula está perdiendo la confianza que tenía en el pasado por una serie de comentarios tontos. Hoy [los empresarios] tienen una percepción negativa de él", dijo el director de un gran banco de inversión.

Los representantes del PT que asistieron a las recientes reuniones dijeron que muchos de los ejecutivos eran receptivos, pero que un grupo se había negado a comprometerse con el partido, principalmente por su asociación con el escándalo de corrupción conocido como Lava Jato, que se descubrió durante el mandato de la sucesora de Lula, Dilma Rousseff.

El propio Lula estuvo casi dos años en prisión por corrupción antes de que su condena fuera anulada por la Corte Suprema [Supremo Tribunal Federal] el año pasado debido a irregularidades procesales en el juicio.

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"Siempre hay dos o tres empresarios que quieren decir que todo lo bueno que pasó en el gobierno de Lula fue por el escenario internacional y que todo lo malo fue culpa del PT", dijo un asistente.

Para Claudio Couto, politólogo de la Fundación Getúlio Vargas, gran parte de las críticas a Lula reflejan un profundo disgusto por el PT tras los escándalos de corrupción y la recesión económica de Rousseff.

"Cualquier defecto o error cometido por Lula es magnificado, mientras que sus cualidades son disminuidas. Y lo contrario ocurre con Bolsonaro", dijo.

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En las encuestas de 2018, los empresarios apoyaron a Bolsonaro, que prometió un gobierno económicamente liberal. Paulo Guedes, que se convirtió en ministro de Economía, prometió amplias reformas estructurales y una ola de privatizaciones.

Sin embargo, esa agenda se ha visto en gran medida frustrada y muchos empresarios temen que la retórica franca de Bolsonaro -en particular su desinterés por la protección del medio ambiente- esté convirtiendo a Brasil en un paria internacional.

El líder de extrema derecha ha sido criticado por su gestión de la pandemia de Covid-19, el aumento de la deforestación de la Amazonia y las afirmaciones no probadas de que el sistema de voto electrónico de Brasil es vulnerable al fraude.

"Estamos entre la espada y la pared", dijo Bilyk.

A falta de un candidato centrista convincente, algunos en el mundo empresarial dicen que es probable que se queden con el statu quo.

"Es una competencia de fealdad y parece que Bolsonaro es el menos feo para los mercados financieros", dijo un ejecutivo financiero que antes trabajó en el gobierno. "Mucha gente [en el sector] se tapará la nariz y votará por él".

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