

La física todavía no logra explicar del todo qué es la materia oscura, aunque los cálculos indican que sería unas cinco veces más abundante que la materia visible, la que forma planetas, estrellas y todo lo que el ojo humano puede percibir. Su existencia se infiere de manera indirecta, a partir de cómo su masa afecta el movimiento de galaxias y cúmulos enteros.
Sin embargo, un estudio publicado el 26 de enero de 2026 en la revista Nature Astronomy presenta el mapa de materia oscura con mayor resolución elaborado hasta la fecha, creado por un equipo liderado por la astrofísica Diana Scognamiglio, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, junto a los coautores Richard Massey, de la Universidad de Durham, y Jason Rhoder, también del JPL, a partir de datos del telescopio espacial James Webb.
Los hallazgos refuerzan la idea de que la gravedad de la materia oscura fue la que atrajo a la materia ordinaria hacia las primeras aglomeraciones que terminaron formando galaxias y estrellas.
Este tipo de avances permiten comprender de qué está hecho realmente el universo, ya que sin esa materia invisible no existiría la estructura gravitacional necesaria para mantener unidas a las galaxias, incluida la Vía Láctea.

Avances en materia oscura: qué zona del cielo exploraron los científicos
El nuevo mapa corresponde a una porción del campo COSMOS, una región ya estudiada previamente por el telescopio Hubble y otros observatorios, que abarca un área equivalente a 2,5 veces el tamaño de la luna llena. Dentro de ese sector relativamente pequeño del cielo, los investigadores lograron identificar casi 80.000 galaxias, muchas de ellas desconocidas hasta el momento.
Según datos de la Universidad de California, Riverside, el mapa elaborado con el Webb contiene aproximadamente diez veces más galaxias que los relevamientos realizados desde observatorios terrestres y el doble que el propio mapa del Hubble. Esto permitió a los científicos comparar los nuevos datos con los registros anteriores y confirmar, con mayor detalle, las estructuras detectadas hace casi dos décadas.
Lograron detectar algo invisible a simple vista
Para identificar la presencia de materia oscura en esta región del cielo, el equipo utilizó la técnica lente gravitacional, que permite detectar cómo un objeto masivo distorsiona la luz proveniente de fuentes más lejanas. En este caso se trató de un efecto de “lente débil”, en el que las formas de las galaxias se deforman levemente por la influencia gravitacional de la materia oscura ubicada entre ellas y los telescopios.
Calcular ese efecto requirió observar la misma zona del cielo durante 255 horas, lo que constituyó el estudio más extenso realizado durante el primer año de operaciones científicas del Webb.

Gracias a la luz infrarroja que capta el telescopio, los investigadores pudieron además inferir la existencia de filamentos de materia oscura que conforman una suerte de red cósmica, a lo largo de la cual se distribuyen las galaxias.
Hacia dónde avanza ahora la investigación
El hallazgo representa apenas un primer paso dentro de un período que distintos especialistas describen como una etapa especialmente fértil para el estudio del universo oscuro. El telescopio Euclid, de la Agencia Espacial Europea, y el futuro telescopio Nancy Grace Roman, de la NASA, sumarán observaciones complementarias sobre una porción del cielo mucho más amplia, aunque con menor nivel de detalle que el logrado por el Webb.
Los equipos de investigación ya trabajan en una versión tridimensional del mapa, que combinada con los datos de otros observatorios podría ayudar a resolver una de las preguntas centrales sobre esta materia invisible, que es si está compuesta por partículas pesadas y lentas o, por el contrario, más livianas y veloces.
















