

La Legislatura Bonaerense le dio la espalda al proyecto de Axel Kicillof para autorizar la toma de deuda y hay pocas esperanzas de avanzar con él en extraordinarias pero, sin embargo, el frustrante paso legislativo tiene explicaciones que van de la falta de capacidad para seducir a la oposición a un “sabotaje” peronista.
Desde hace semanas, la política de la provincia de Buenos Aires está en “modo rosca”, es decir, negociaciones, idas y vueltas por el tratamiento de las leyes diseñadas por el gobernador para estabilizar las finanzas en un contexto poco auspicioso: al estrangulamiento de fondos de origen nacional y la baja en la recaudación se suma la necesidad de afrontar pagos de deuda adquiridos durante la administración de María Eugenia Vidal.
Kicillof consiguió que la Legislatura aprobara el jueves por la madrugada dos de tres leyes: el presupuesto y la “Fiscal Impositiva”. Debió acceder a posponer el tratamiento del “financiamiento”, una norma tan central como las otras. Sin esa autorización para tomar deuda, todo será más difícil en 2026. Podrían no pagarse los aguinaldos de diciembre y ese sería sólo el comienzo, advierten.
El viernes por la mañana, luego de un cuarto intermedio de 36 horas, la sesión para tratar la iniciativa restante se estancó sin remedio. La única posibilidad será votarla en extraordinarias, pero cerca de Kicillof creen que eso será “difícil”.
Crónica de un naufragio
A comienzos de noviembre, Axel Kicillof presentó un paquete legislativo con tres leyes. Quería romper el maleficio legislativo que lo había dejado sin presupuesto y ley Fiscal Impositiva en los últimos años. Pero además necesitaba que la legislatura, con dos tercios en ambas cámaras, lo autorizara a tomar casi 3 mil millones de dólares.
Para conseguirlo necesitaba que lo acompañen todos los sectores del peronismo y buena parte de la oposición. “Parece increíble, el gobernador necesita una mayoría agravada para pedir un préstamo, Caputo hace lo que quiere y ni siquiera va al Congreso”, señaló un peronista bonaerense.
Kicillof designó como negociadores a Gabriel Katopodis y a Mariano Cascallares. Ellos serían el contacto con las bancadas para tratar de convencer a propios y extraños. Cierto es que el Ejecutivo pretendía una sola negociación y una sola sesión, antes del recambio de diciembre.
El miércoles pasado, el gobernador debió ceder a las presiones y habilitar la partición del temario bajo la premisa de extender una negociación hasta el viernes para conseguir el apoyo opositor.
Sin embargo, cuando se reanudó el debate, en el hemiciclo de la Cámara Baja solo estaban sentados los legisladores del peronismo.
El presidente del bloque, el camporista Facundo Tignanelli, quien horas antes había salido a desmentir la interna peronista, tomó la palabra y señaló la unidad plena de su bancada y la ausencia opositora.
“Nuevamente, desde nuestro bloque vamos a apelar a que la oposición entre en razones y podamos sentarnos a charlar todo lo que sea necesario para poder alcanzar la ley que necesitamos”, dijo.
Desde el Frente Renovador también le apuntaron a la oposición: Alexis Guerrera publicó una fotografía en la que se lo ve junto a Tignanelli teniendo una conversación telefónica con Sergio Massa. Anunció que se convocará a otra sesión para conseguir la ley.
Esa interpretación, la de una oposición no dispuesta a negociar, no es compartida desde el Kicillofismo que, en sus versiones más extremas han sabido hablar de un “sabotaje” de manos de los socios peronistas. Creen que, detrás del rechazo opositor, se esconde el fuego amigo.
El Fondo de la polémica
El proyecto para el endeudamiento quedo, desde el principio, atado a la creación de un fondo que sería destinado a los intendentes bonaerenses.
Del total de la deuda, los jefes comunales dispondrían de un 8 por ciento. La liquidación de ese dinero y la forma de distribución fueron los puntos centrales del debate con la oposición.
La gobernación sostiene que la distribución se debe realizar por un cálculo que contempla variables como la población, mientras que la contrapropuesta es la creación de una comisión que defina los lugares en los que se desarrollarían las obras.
Efectivamente, la semana pasada ingresó a la Legislatura un proyecto de la oposición que crea esa comisión, pero fue uno de los sectores del peronismo no alineado con el gobernador quien le dio publicidad.
La distribución de los fondos parece ser el motivo de la pelea. El trasfondo queda a libre interpretación de los actores que, por estas horas, se acusan mutuamente.
Por “sabotaje interno”, oposición intransigente, o falta de capacidad para seducir a los rivales políticos, la economía provincial podría quedar en un estado de franca debilidad para responder a los compromisos externos y a las demandas sociales que, todos auguran, irán en aumento.












