

La morosidad de las familias es un tema que ha copado la agenda en las últimas semanas y encendió las alarmas sobre la calidad de los préstamos que otorgaron los bancos. Sin embargo, detrás del deterioro aparece una lectura llamativa del dato: el crédito creció a una velocidad todavía mayor.
Ese fue el diagnóstico de Mariano Flores Vidal, economista y exgerente general del Banco Central (BCRA), quien sostuvo en el programa Cuentas Claras de El Cronista Stream que el incremento de los atrasos debe analizarse dentro de la fuerte recuperación del financiamiento privado.
“La morosidad creció, sí, pero creció mucho más el crédito”, resumió. Según explicó, los préstamos al sector privado pasaron de representar apenas un 5% del Producto Bruto Interno (PBI) a ubicarse cerca del 13% o 14%.
Aunque el salto fue significativo, la Argentina todavía mantiene un sistema financiero pequeño en comparación con otros países.
Según las cifras citadas por el especialista, el crédito equivale al 70% del PBI en Brasil, ronda el 40% en Perú y Colombia y alcanza el 100% en Chile.
Por eso, Flores Vidal consideró que la suba de la mora no debería interpretarse de manera aislada como una señal de crisis.
El sistema comenzó a prestar nuevamente después de años de escaso financiamiento y de contar con poca información sobre el historial crediticio de los clientes.
Qué hay detrás del aumento de la morosidad
El economista situó la mora de los créditos a las familias en el 12,8%, pero advirtió que la composición del financiamiento resulta determinante para entender ese porcentaje.
En economías con mercados financieros más profundos, una parte considerable de los préstamos familiares corresponde a créditos hipotecarios de largo plazo, que suelen registrar niveles bajos de incumplimiento.
En la Argentina, en cambio, cerca del 85% del crédito a las familias está concentrado en préstamos personales y tarjetas, dos líneas que presentan una morosidad mayor por sus propias características.
“Son créditos que por sí mismos ya tienen una mayor morosidad que el resto”, explicó. De esta manera, parte del deterioro responde al tipo de financiamiento que predomina en el mercado argentino y no necesariamente a un problema generalizado en toda la cartera bancaria.

El exgerente del BCRA también vinculó los atrasos con el cambio de las condiciones macroeconómicas. Al comienzo del proceso de estabilización, recordó, la tasa de política monetaria se encontraba en torno al 120% o 123%.
La posterior baja de las tasas nominales anuales impulsó a más personas a endeudarse. Sin embargo, como la inflación descendió con mayor rapidez, el costo de interés real de las cuotas terminó aumentando y complicó la capacidad de pago de una parte de los deudores, según su análisis.
“El costo de pagar la deuda para el individuo fue muchísimo más alto y, por lo tanto, de ahí viene la morosidad”.
Flores Vidal agregó que el regreso del crédito también representó un proceso de aprendizaje para las entidades. Tras años con escaso financiamiento, los bancos contaban con menos información para estimar el riesgo y debieron volver a calibrar sus mecanismos de evaluación.
Qué puede pasar con los depósitos y los bancos
Pese al aumento de los incumplimientos, el especialista aseguró que no observa un riesgo para los depositantes. Para fundamentar esa afirmación, analizó las previsiones realizadas por las entidades y su capacidad para absorber eventuales pérdidas.
De acuerdo con sus cifras, los bancos ya tienen cubierto mediante previsiones el 87% de la cartera irregular. Incluso si ninguno de los deudores incluidos en ese cálculo pagara, el patrimonio neto de las entidades sufriría un impacto cercano al 2%, según su lectura.
“Si no le paga nadie de los que previsionaron, el patrimonio neto de los bancos se ve impactado en un 2%”, señaló. Además, remarcó que las entidades presentan niveles de capital suficientes para afrontar ese escenario.
Por eso, su conclusión fue directa: “El depositante, tranquilo”. Su análisis indica que la mora requiere seguimiento y obliga a revisar la capacidad de pago de los clientes, pero no constituye actualmente una amenaza para la solvencia del sistema.
Flores Vidal comparó el sistema financiero con una red hidráulica cuya presión debe controlarse sin dañar las cañerías. En esa línea, advirtió sobre los proyectos que impliquen romper contratos o intervenir de manera abrupta en el mercado de crédito.
Así, el especialista no desconoce el aumento de los atrasos, pero cuestiona una lectura alarmista: la mora creció en medio de una expansión acelerada del crédito, mientras que los bancos mantienen previsiones y capital para responder ante los incumplimientos.













