
Javier Milei aseguró en una entrevista a The Economist que las islas Malvinas son “inequívocamente” argentinas y planteó el acuerdo entre el Reino Unido y China sobre Hong Kong como modelo diplomático para recuperarlas.
El Presidente prometió también defender la soberanía sobre las islas, Georgia del Sur y las Sandwich del Sur, además de la zona marítima que las rodea, en un tono mucho más firme que el habitual en su gestión.
El mandatario aludió, así, a la amenaza económica concreta que hizo formal en la cadena nacional en la que anunció que Argentina sancionaría a cualquier empresa que explote petróleo en las Malvinas, un gesto dirigido tanto a Londres como a las compañías con intereses en la región.
Sin embargo, evitó cualquier tono belicista. Fue tajante al descartar una escalada militar y sostuvo que la Argentina no cree en la guerra, distanciándose de la decisión de la dictadura militar que en 1982 invadió las islas y provocó un conflicto armado entre ambos países.
También negó que la Argentina busque una confrontación verbal agresiva. Aclaró que los argentinos no han decidido empezar a gritar como salvajes, en referencia a un eventual endurecimiento discursivo frente a Gran Bretaña por el reclamo territorial.

El antecedente de Hong Kong
El punto más llamativo de la entrevista fue su propuesta de solución consensuada con Gran Bretaña, tomando como antecedente directo la cesión británica de Hong Kong a China en 1997.
En 1984, Londres se comprometió a devolver Hong Kong a China en 1997 bajo la fórmula “un país, dos sistemas”. El pacto, firmado por Margaret Thatcher y el premier chino Zhao Ziyang, establecía que el territorio conservaría su autonomía jurídica, económica y política durante medio siglo. La transferencia se concretó el 1° de julio de 1997, poniendo fin a 156 años de dominio británico.
El Presidente fue explícito con la comparación. Preguntó por qué no replicar ese esquema con las Malvinas, ya que, según su razonamiento, a largo plazo la Argentina podría recuperar las islas, tal como ocurrió con el territorio asiático.

Los riesgos de una confrontación con Londres
En un tramo de la entrevista, Milei reconoció los riesgos económicos de una escalada. Ante la posibilidad de que Gran Bretaña bloquee ventas de armamento con componentes británicos o frene un acuerdo comercial bilateral, admitió que existen efectos secundarios que deben considerarse.
The Economist también recordó que Argentina busca atraer inversión extranjera en minería, petróleo, gas y agro, áreas donde empresas británicas como Rio Tinto ya operan con fuerte presencia.
Además, Gran Bretaña podría incidir en la relación de Argentina con el Fondo Monetario Internacional, según el semanario. Se trata de un factor sensible mientras Milei intenta sostener el plan de estabilización económica que llevó adelante durante su gestión.
Detrás del endurecimiento discursivo, según el análisis de la publicación británica, hay un dato político interno. La aprobación del gobierno viene cayendo, y las encuestas le dan a Milei cerca de un 50% de chances de reelección en 2027.

Los votantes valoran la baja de la inflación, pero cuestionan otros aspectos de la gestión. Persisten los reclamos por la falta de empleo formal, el bajo crecimiento y el costo de vida elevado, agravado por el retiro de subsidios a la energía y el transporte.
El giro también podría responder a una disputa interna. “Milei se distanció de su vicepresidenta, Victoria Villarruel, cercana a las Fuerzas Armadas, quien cuestionó su postura sobre las Malvinas y podría competir contra él en 2027″, especula The Economist.
El rol de Trump
El semanario finalmente consigna que las palabras de Trump funcionaron como un envión adicional. El mandatario estadounidense evitó comprometerse a apoyar a Gran Bretaña en un eventual conflicto, y recordó que el Reino Unido no lo respaldó durante la guerra contra Irán.
Milei aprovechó la ocasión para reforzar su cercanía con Trump. Calificó su estrategia geopolítica como brillante y lo ubicó, junto a Benjamín Netanyahu, como referente de lo que definió como la lucha por Occidente.
El giro discursivo de Milei sobre Malvinas contrasta con su histórica admiración por Margaret Thatcher. La ex primera ministra ordenó recuperar militarmente las islas en 1982 y sigue siendo una figura resistida por buena parte de la sociedad argentina.














