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Será un fin de año agitado en el plano económico para el Gobierno nacional. Así lo indica el último informe de Fundación Capital, que identificó tres test que Javier Milei y su equipo deberán rendir en las próximas semanas.
Si bien desde la consultora dan casi por descontado que cada uno de estos exámenes será aprobado, advierten que es de suma importancia evaluar en detalle cada uno de los resultados.
En primer lugar, señalan los especialistas, habrá que ver cómo finaliza la formación de activos externos en noviembre, primer mes post elecciones.
“Recordemos que, de acuerdo con el último dato oficial de septiembre, las compras netas de billetes y divisas del sector privado superaron los u$s 6.500 millones, en plena tensión pre comicios”, indicaron.
Además, pusieron el foco en el terreno cambiario: por un lado con la licitación del pasado miércoles 26, con el vencimiento de un título dólar link por u$s 2.700 millones, y por el otro con los vencimientos de futuros a fin de noviembre por aproximadamente u$s 2.000 millones, que aparecen en el horizonte.
“Es importante observar cuánto se renueva en ambos casos, en un marco de tipo de cambio mayorista que subió en las últimas tres ruedas, pero se sostiene debajo del techo (en torno al 6%)”, agregaron al respecto.
En ultimo lugar, se presenta el test financiero de la licitación del próximo miércoles, donde vencen en torno a unos $ 14,5 billones, ofreciéndose diversos tipos de instrumentos (CER, dólar link, tasa fija y TAMAR).
“Cuánto renuevan los bancos y los ´no bancos´, será la variable a monitorear post la reciente comunicación del Banco Central. La Comunicación “A” 8355 baja encajes bancarios, por aproximadamente dos billones de pesos. Esa baja, aumenta la capacidad prestable de las entidades. La política monetaria se relaja, con el agregado que la integración mínima diaria de encajes pasa a ser del 75%, otro relajamiento monetario con efecto principal sobre la volatilidad intradiaria y diaria de los tipos de interés", apuntaron.
“Por otra parte, la extensión temporal de la exigencia de efectivo mínimo adicional (5 puntos) a ser integrada con títulos públicos busca una renovación de los $ 14,5 billones de vencimientos de deuda pública, que sea lo más cercana posible al 100%. De esta manera, se evidencia un proceso modo gradual, aumentando la capacidad prestable, aunque con los bancos aún siendo relevantes en el financiamiento del sector público”, ampliaron.

Según el análisis de Fundación Capital, el Gobierno cuenta con las condiciones para salir bien parado de estos desafíos. La fortaleza política derivada de los resultados electorales y el respaldo explícito de Estados Unidos juegan a favor de una coyuntura financiera que, por ahora, se mantiene sólida.
El problema, manifiestan, es que la mayor demanda de pesos que se ve en diciembre no es estructural: tiene que ver con la estacionalidad propia del aguinaldo, el arranque del verano y el aumento del consumo de fin de año. Por eso, el verdadero examen llegará recién en la segunda quincena de enero y febrero, cuando esa demanda transitoria se diluya y se vea si la confianza en el peso se sostiene o no.
El diagnóstico de la fundación es contundente: la economía argentina está profundamente desmonetizada. Hoy la base monetaria representa apenas el 5% del PBI, cuando antes de la pandemia promediaba el 8,5%.

Si se toma el agregado monetario más amplio —billetes, monedas y depósitos a la vista—, la cifra actual es del 7,9% del producto, mientras que en décadas anteriores rondaba el 11,4%. Esa falta de liquidez no solo refleja la desconfianza acumulada, sino que también limita el funcionamiento normal de la economía, remarcaron.
El desafío central hacia adelante, entonces, es lograr una remonetización ordenada, pero con un marco de política monetaria claro que le dé previsibilidad al mercado.
En esa línea, el FMI fue explícito en su última revisión del acuerdo: sin mayor claridad sobre el régimen monetario y cambiario de mediano plazo, va a ser difícil consolidar la baja de la inflación.
El organismo sugiere avanzar hacia un esquema de agregados monetarios con acumulación de reservas, similar al que aplicaron países como Perú y Uruguay, ambos con alta dolarización financiera. En esos casos, los bancos centrales fijaban metas de crecimiento de la base monetaria alineadas con objetivos de inflación, compraban dólares para expandir liquidez y usaban operaciones de mercado abierto —con eventuales subas de tasa— solo cuando era necesario esterilizar shocks puntuales.
El informe también destaca un dato clave: este año la Argentina pasó de un “crowding in” a un “crowding out”. En otras palabras, el sistema financiero dejó de prestarle al sector privado para financiar al Estado. Esa inversión de roles dejó a la economía real sin crédito, lo que profundizó aún más la desmonetización. Por eso, el próximo paso será generar las condiciones para que los bancos vuelvan a canalizar recursos hacia empresas y familias, algo que solo va a pasar si hay reglas monetarias estables y un horizonte despejado.
La credibilidad puede llegar de la mano de las reservas
Para Fundación Capital, el éxito de cualquier esquema monetario depende de un factor central: la credibilidad. Y en ese sentido, acumular reservas internacionales es clave para darle previsibilidad al sistema. Hoy Argentina tiene un ratio de reservas brutas sobre PBI de apenas 6% —incluyendo el swap con China que ni siquiera está activado—, mientras que otros países de la región superan el 13%.
La buena noticia es que el camino para mejorar esa métrica existe: las recientes emisiones de deuda en dólares, tanto de provincias como de empresas privadas, suman unos u$s 3.700 millones, y si se le suma la posibilidad de que vuelvan dólares del mercado financiero, la acumulación de reservas luce factible.
El informe sostiene que aumentar la cantidad de pesos en la economía mediante compras de dólares no tiene por qué generar inflación, siempre y cuando haya demanda genuina de dinero.
La experiencia internacional —e incluso la de la convertibilidad en Argentina— lo demuestra. Si aparecen shocks de liquidez relevantes, se pueden esterilizar con operaciones de mercado abierto, sin caer en una bola de nieve de pasivos monetarios. El problema es que la demanda de dinero es difícil de estimar, más aún cuando todavía existe la obligación de liquidar divisas en ciertos plazos, lo que distorsiona la lectura sobre si esa demanda es real o forzada.
Otra alternativa que plantean los especialistas para remonetizar es institucionalizar el bimonetarismo: permitir que los argentinos usen dólares en transacciones cotidianas, con incentivos concretos y bajo supervisión internacional. Si solo el 10% de los dólares en efectivo que están en manos de los argentinos entrara en circulación, la masa monetaria de la economía se podría duplicar sin impacto inflacionario.
La advertencia final del informe es clara: hay que monitorear la inflación sin caer en la tentación de usar anclas cambiarias o salariales, que terminan generando tensiones a mediano plazo.
Lo que se necesita entonces es un programa integral donde converjan la política fiscal —cuyo equilibrio ya es un avance importante—, la monetaria, la cambiaria y la financiera. Un esquema de agregados monetarios con compras de reservas y operaciones de mercado abierto para absorber shocks es, según Fundación Capital, el camino a seguir.
Las condiciones políticas y externas están dadas, concluyen, aunque aclaran que son necesarias pero no suficientes para resolver los desafíos que todavía quedan: volver a crecer y acumular reservas de verdad.














