PANORAMA POLÍTICO

Los 60 días de Guzmán, la cintura de Scioli y el equilibrio presidencial con Massa

El kirchnerismo bajó el fuego tras la salida de Kulfas. Hay un nuevo foco que obliga a Alberto Fernández a jugar de componedor entre el flamante ministro de Desarrollo Productivo y el presidente de Diputados

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"Nacido y criado en San Martín, cuna del massismo". Con esa descripción se presenta orgulloso el diputado provincial Rubén Eslaiman del Frente Renovador y vicepresidente de la Cámara de Diputados de Buenos Aires. Su tuit, en respuesta al agradecimiento de Daniel Scioli al presidente Alberto Fernández, expresó el enojo de una gran parte de su espacio con la designación del nuevo ministro de Desarrollo Productivo. "Hay pocas acciones de nuestro gobierno que no me agradan y muchas que sí pero la Asunción de este sujeto me desagrada profundamente!!!!!!! El peor gobernador de la provincia de Buenos Aires solo equiparado por Vidal !!!!!!!!" Los 215 caracteres ya fueron borrados por indicación de Massa.

Al día siguiente otro massista, José Ignacio de Mendiguren, elogió la designación. El titular del BICE sabe, como el albertismo y las huestes kirchneristas, que no hay espacio para más conflictos. Sólo por eso se bajaron los exabruptos en un nuevo intento de paz después del affaire Cristina Kirchner-Matías Kulfas que cerró rápidamente el Presidente y el juez Daniel Rafecas en la Justicia. Habrá que ver qué hace y dice la Vicepresidenta este lunes a las cuatro de la tarde en el acto de la CTA.

OTRA TREGUA

Máximo Kirchner volvió a reunir al PJ de Buenos Aires para repartir secretarías entre todos los sectores

Alberto y Cristina ni charlaron ni pactaron. Pero por debajo de ambos siguen las gestiones para no romper la unidad. Volvieron a mostrarlo Máximo Kirchner y La Cámpora con Gabriel Katopodis, Juan Zabaleta y Victoria Tolosa Paz, entre otros, al reunirse en la sede del PJ bonaerense y distribuir las secretarías tribu por tribu.

La primera razón del acercamiento es la coincidencia generalizada de que nadie sobra y de que el Frente de Todos no se puede romper. La segunda es que al kirchnerismo esta vez sí le gustó la reacción inmediata del Presidente que se solidarizó con la Vicepresidenta y echó a un amigo. Después pronunció un duro discurso en la Cumbre de las Américas con reclamos a Estados Unidos y finalmente apuntó a generar equilibrios al interior de la fuerza gobernante. Cada gesto fue bien recibido de lado de CFK.

PROMESAS Y GESTIÓN

El presidente Alberto Fernández convocó a Germán Martínez para ir a la ofensiva en el Congreso

Lo que falta ahora es la gestión, dicen. El miércoles el Presidente sorprendió a los ministros al encabezar la reunión de gabinete. Hasta quienes lo critican aseguran que mostró la mejor versión de sí mismo. Recuperó el rol de armador y ordenador. Con frases cortas, claro y en un tono firme pero contenedor -así lo describieron- pidió a cada funcionario que se enfoque en su lugar, que defiendan al Gobierno y que discutan en los medios. Incluso enumeró las cosas bien hechas hasta acá y buscó estimular el espíritu de equipo. Tuvo además palabras de aprecio hacia Kulfas, parecidas a las que por la tarde le dedicaría en la jura de Scioli. Y el fin de semana mandó a distribuir un manual para defender las últimas medidas de Economía.

Sin embargo el Alberto más expeditivo estuvo a punto de dar marcha atrás por no haber calculado el impacto de la designación de Scioli sobre el massismo, enojo que el propio Massa mandó a callar porque no va a subirse a un ring que lo debilitaría por el solo hecho admitir que su lugar puede estar en peligro.

El nuevo foco de fuego es por la disputa de una agenda productiva que apunta a seducir a los mismos sectores de empresarios y clase media.

En ese marco fue el Presidente quien subió a ambos al ring y para frenar la pelea está obligado a hacer juegos de equilibrio. Tuvo y tendrá en los próximo días gestos para cuidar su vínculo con Massa.

GESTOS A MASSA

Sergio Massa destacó el acuerdo y voto unánime para las leyes de "alivio fiscal"

A Alberto Fernández no le sobra nada ni nadie. Necesita de gobernadores e intendentes y de Scioli y Massa, su imprescindible aliado en una cámara de Diputados sin mayoría y donde empuja una ofensiva con una agenda pro positiva después de las medidas antipáticas como el DNU de ampliación del Presupuesto, la suba del gasoil y la segmentación de tarifas.

Para compensar la visibilidad en un escenario en disputa le acaba de dar a Massa la titularidad de la Dirección General de Aduana. Además le reservó lugar en el avión rumbo al G7, cumbre que tendrá lugar el 27 de junio en Bavaria, Alemania.

El ex asesor massista y flamante jefe de la Aduana, Guillermo Michel, promete poner el foco en la subfacturación de exportaciones y la sobre facturación de importaciones de algunas empresas para girar dólares al exterior. Su idea es sistematizar todos los procesos aduaneros poniendo el énfasis en la tecnología para incrementar el control sobre las importaciones irregulares. El massismo intenta evitar la lucha de barro y en cambio mostrar la gestión de acuerdos en la adversidad, como fue el voto unánime para las leyes de "alivio fiscal".

FRÁGIL UNIDAD

La unidad del Frente de Todos sigue siendo una caja de cristal. Si no se rompe es porque ahora le apuntan a un adversario común: Mauricio Macri.

También es frágil la situación económica y social. Los próximos 60 días serán la prueba de fuego para el albertismo y para Martín Guzmán. En voz baja se admite que ya no hay margen de error en la lucha contra la inflación y la suba del dólar. Por eso Alberto Fernández le pidió al ministro que no sea conservador. Y el jueves Guzmán gastó su bala de plata con la batería de medidas económicas que no criticó  ni el kirchnerismo.

El silencio del kirchnerismo, a la espera del discurso de Cristina 

Aunque dicen que Massa amagó a irse, ni él ni el resto del Frente de Todos da perdido el 2023 si se mantienen unidos. Cada cual se concentra en su juego. Massa lloró en el recinto con el relato del diputado y ex combatiente Aldo Leiva. Y también Scioli se emocionó aunque ocurrió en privado. Fue cuando visitó a Axel Kicillof y volvió por primera vez al despacho que dejó en diciembre del 2015. Aunque suene increíble el kirchnerismo le tiene más aprecio que a Kulfas a quien todavía le facturan no haber compartido actividades con Augusto Costa, su par de la provincia. Scioli hace gala de su malabarismo político, se reunió con Kicillof y Costa y les propuso hacer actividades en conjunto para potenciar a las pymes bonaerenses y la generación de trabajo formal.

"Pichichi" tuvo premio en La Plata: le convidaron la misma pasta frola que comió durante ocho años allí. "Es una política de Estado que se mantiene", bromearon los bonaerenses sobre la tarta preparada en la residencia del actual gobernador que se convirtió en la favorita del equipo de Kicillof. 

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