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La economía argentina se encuentra hoy frente a una encrucijada que el diccionario libertario no termina de resolver. Bajo el concepto de “la manta corta”, el último informe semanal de Econviews —la consultora dirigida por Miguel Kiguel— pone blanco sobre negro: para que la inflación siga bajando, hacen falta políticas contractivas que asfixian la recuperación; pero para reactivar, el Gobierno debería tocar alguna de sus “vacas sagradas”, algo que, por ahora, se niega a hacer.
El diagnóstico es crudo: la economía no arranca. Si bien sectores como la minería, el agro y la energía vuelan (Vaca Muerta alcanzó en el primer semestre un récord histórico de producción de petróleo con 25.360 miles de m³), estos motores representan apenas el 13% del PBI. El 87% restante, compuesto por el consumo masivo, la industria manufacturera y la construcción, sigue “aletargado” o en caída.
El muro del 2% y el rebote que no llega
La inflación de julio en la Ciudad de Buenos Aires, que se ubicó en el 2,93%, encendió las alarmas. Aunque a nivel nacional el dato podría rondar el 2,2%, el mercado empieza a ver un “piso” difícil de perforar sin profundizar la recesión.
Econviews plantea que el Gobierno tiene tres opciones para intentar un “ayudín” a la actividad, pero todas chocan contra el dogma oficial:
- Política fiscal expansiva: aumentar obra pública o jubilaciones. Respuesta oficial: “¡Afuera!” —consigna Kiguel en su informe—, por el “compromiso innegociable del déficit cero”.
- Política monetaria expansiva: bajar tasas para estimular el crédito. El riesgo: una nueva dolarización de carteras que dispare el tipo de cambio y, por ende, la inflación.
- Devaluación: aceptar un tipo de cambio más alto para ganar competitividad en la industria y el turismo, opción descartada de plano por el Ejecutivo.
“Para bajar la inflación hacen falta políticas contractivas que van en contra de la reactivación. Políticas de estímulo pueden ayudar, pero seguramente van a implicar una tasa de inflación más alta”, señala el relevamiento, dejando la decisión en manos de las “fuerzas del cielo”.
El factor político: encuestas en rojo
La falta de “bolsillo” empieza a pasar factura. El informe también destaca que los sondeos de Di Tella y AtlasIntel-Bloomberg muestran que la imagen del Gobierno cayó a mínimos de la gestión. La preocupación central es que no se vislumbra una mejora inmediata en el empleo ni en los salarios reales, mientras que la inversión acumula cuatro trimestres consecutivos de caídas.
Sin margen para el gasto público y con el crédito hipotecario aún trabado por la mora y la inflación, una alternativa que asoma es el uso del FGS (Fondo de Garantía de Sustentabilidad) para financiar infraestructura, una vía que no implica emisión ni costo fiscal, pero que el Gobierno aún no se decide a destrabar.
No todo es pesimismo. El sector energético-minero se perfila como el gran salvador de las cuentas externas. Se espera que para 2030, la balanza de estos sectores alcance un saldo positivo de u$s 50.000 millones.
Además, los proyectos bajo el régimen del RIGI ya suman promesas de inversión por u$s 83.100 millones, con 15 proyectos aprobados mayoritariamente en minería y energía. Sin embargo, estos desarrollos son de capital intensivo y tienen una “capacidad limitada para absorber empleo” en comparación con la industria o el comercio.
Proyecciones: ¿qué espera el mercado?
El consenso de los economistas (REM) proyecta una inflación de 29,8% para todo 2026 y un tipo de cambio para diciembre de $ 1651,80. En cuanto a la actividad, el mercado es más optimista que Econviews, esperando un crecimiento del 2,7% para este año, aunque la realidad de la calle y el “serrucho” de la construcción (que cayó 4,1% en junio) sugieren que el camino será más sinuoso de lo esperado.
En definitiva, el Gobierno administra una manta que no llega a cubrir los pies y la cabeza al mismo tiempo. En un contexto de calendario electoral que ya empezó a correr, la pregunta es cuánto tiempo más podrá sostener el equilibrio fiscal sin que la tensión social y la caída de la imagen fuercen un cambio de rumbo.