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Tras la caída de la actividad en julio y las primeras señales débiles de agosto, varias consultoras internacionales y locales comenzaron a advertir sobre el riesgo de una recesión técnica y a revisar sus proyecciones de crecimiento para este año, marcando un contrapunto con la visión que Javier Milei tiene de las cuentas nacionales.

Oxford Economics, el influyente centro de análisis internacional, anticipó que modificará sus pronósticos para 2026 y 2027, mientras que otras entidades como Bank of America, Barclays y JP Morgan también redujeron sus expectativas para la economía argentina.

Ese diagnóstico abrió una discusión que hasta hace pocos meses parecía lejana y es si debería el Gobierno impulsar algún tipo de estímulo para sostener la actividad, aun a costa de resignar parte del ajuste fiscal o monetario.

La respuesta oficial, al menos por ahora, es negativa. En su última entrevista, el presidente Javier Milei volvió a rechazar la idea de cambiar el rumbo económico.

Negó que la Argentina esté entrando en una recesión, atribuyó parte de la desaceleración al proceso de reasignación de recursos y defendió la decisión de no recurrir a una devaluación ni a medidas expansivas para sostener sectores que pierden competitividad.

Esa postura coincide con el diagnóstico de Facimex Valores, que sostiene que, frente a un contexto económico más desafiante, la prioridad del Gobierno pasó a ser blindar el programa económico de cara a las elecciones de 2027, incluso si eso implica aceptar un crecimiento más lento en el corto plazo.

El diagnóstico de una economía que, al menos, perdió impulso

Las señales de desaceleración comenzaron a acumularse durante las últimas semanas.

Oxford Economics sostuvo que los datos de julio y los indicadores preliminares de agosto “elevan la posibilidad de una recesión técnica en el tercer trimestre” y adelantó que revisará sus proyecciones para reflejar ese escenario.

En la misma línea, Suramericana destacó que la caída del EMAE dejó un arrastre estadístico negativo para el resto del año y proyectó un crecimiento inferior al 2%, mientras el consumo masivo continúa mostrando debilidad.

El debate sobre los estímulos llegó para quedarse

Con ese contexto, volvió a instalarse una pregunta clásica de la política económica y es si conviene aplicar medidas para impulsar la demanda o preservar el equilibrio macroeconómico.

Facimex reconoce que ese debate creció durante el último mes, pero considera que tanto un estímulo fiscal como uno monetario implican costos elevados.

Según la consultora, una expansión del gasto podría deteriorar las expectativas sobre el equilibrio fiscal, mientras que un relajamiento monetario agregaría presión sobre la inflación y el tipo de cambio, con una efectividad limitada sobre el crédito y la actividad.

La respuesta de Milei: no cambiar la receta

Consultado por la caída del EMAE y las advertencias sobre una posible recesión, Milei sostuvo que “no hay recesión”, sino una “desaceleración del ritmo de expansión”, y defendió que la economía atraviesa un proceso de reasignación de recursos hacia sectores más productivos.

También rechazó la posibilidad de utilizar una devaluación como herramienta para mejorar la competitividad.

“Esos que piden un tipo de cambio real más alto, lo que están pidiendo es bajar los salarios”, afirmó durante la entrevista, al defender que una moneda más apreciada es una consecuencia natural de un programa de estabilización exitoso.

Para Facimex, la estrategia oficial tiene una lógica política y financiera.

El informe sostiene que el Gobierno llega a la antesala de las elecciones de 2027 con una posición mucho más sólida que la que tenía antes de los comicios legislativos de 2025: menor brecha cambiaria, mayores reservas disponibles, menor concentración de vencimientos en pesos y un programa financiero prácticamente cerrado.

El objetivo, sostiene la consultora, es reducir al mínimo el riesgo de una reversión de políticas que desaliente la inversión.

En la misma entrevista, Milei insistió en esa idea al afirmar que el Gobierno tiene asegurado el financiamiento del sector público hasta fines de 2027 y destacó el fortalecimiento de las reservas, los swaps y las herramientas disponibles para enfrentar eventuales episodios de dolarización de carteras.

La discusión, entonces, ya no pasa únicamente por si la economía crecerá 1,5%, 2% o 3%. La verdadera diferencia aparece en la estrategia para enfrentar un período de menor dinamismo.