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Durante buena parte de la última década, el diagnóstico sobre el bolsillo de los argentinos parecía relativamente sencillo y cuando los ingresos perdían poder de compra, el foco se ponía casi exclusivamente en la inflación o en el aumento de las tarifas. Lo mismo sucedía con la pobreza, cuya explicación principal era la combinación de inflación y desempleo.

Pero los datos sobre la economía de bolsillo de las últimas semanas describen un escenario bastante más complejo.

Cuatro estudios difundidos durante las últimas semanas coinciden en que el deterioro de los hogares ya no responde a un único factor.

La composición de la pobreza cambió, los salarios evolucionan de manera muy distinta según el sector de actividad, el consumo perdió impulso y el gasto de las familias también modificó su estructura.

Cada informe observa una parte distinta de la realidad. Juntos ayudan a entender por qué hoy el bolsillo de los hogares luce muy diferente al de hace apenas algunos años.

La pobreza cambió de composición

Hace pocos días, el Indec anunció el fin de la racha bajista de la pobreza que volvió a subir por encima del 30%. Desde la Casa Rosada señalan que, más allá de eso, fueron millones los que dejaron la pobreza desde diciembre de 2023 y destacan que la reducción sigue siendo cercana al 20%

El primer cambio aparece en el informe de IERAL, que plantea que la pobreza dejó de explicarse únicamente por la falta de empleo.

El estudio sostiene que una parte creciente de los hogares pobres mantiene algún tipo de inserción laboral, pero enfrenta ingresos insuficientes para sostener su nivel de vida.

En otras palabras, el mercado laboral continúa siendo un factor central, aunque el problema ya no pasa solamente por conseguir trabajo, sino también por cuánto rinde ese trabajo frente al costo de vida.

Ese cambio modifica la forma de leer los indicadores sociales.

Los salarios también empezaron a dividirse y el Banco Provincia muestra que la economía empresaria se volvió mucho más heterogénea. Mientras los sectores vinculados al petróleo y la energía continúan expandiéndose, las grandes compañías relacionadas con alimentos, consumo y construcción atraviesan una realidad muy distinta.

La diferencia aparece incluso en los costos laborales. Entre el promedio de 2023 y el primer semestre de 2026, la masa salarial declarada de las grandes empresas —que incluye remuneraciones, beneficios y cargas sociales— cayó 16,7% en términos reales.

Según el informe, ese ajuste ayudó a sostener los márgenes de rentabilidad de algunas compañías pese a la caída de las ventas.

El documento encuentra además una economía cada vez más partida.

Mientras Petróleo y Gas aumentó sus ventas 24,3% entre 2023 y 2026 y Energía Regulada avanzó 8,3%, Alimentos y Bebidas, Materiales y Construcción y Consumo y Otros retrocedieron más de 25% en el mismo período

La explicación que ofrece el Banco Provincia es que los sectores ganadores responden principalmente a factores externos —como la maduración de Vaca Muerta o el precio internacional de la energía— más que a una mejora homogénea de la economía doméstica.

El consumo perdió impulso

Ese comportamiento también aparece reflejado en los informes de Suramericana. La consultora advierte que la actividad económica perdió dinamismo durante los últimos meses y que el consumo continúa siendo uno de los componentes más débiles de la recuperación.

Ese diagnóstico ayuda a entender por qué algunos sectores vinculados al mercado interno siguen mostrando dificultades mientras otros continúan creciendo impulsados por las exportaciones, la energía o la minería.

Las tarifas siguen pesando, pero ya no alcanzan para explicar el problema

En el estudio de Focus Market se muestra que el peso de los servicios públicos dentro del presupuesto familiar aumentó de manera muy significativa durante los últimos años.

Sin embargo, ese dato por sí solo ya no alcanza para describir el deterioro del bolsillo.

Hoy las familias enfrentan un escenario en el que conviven varios factores al mismo tiempo: ingresos que perdieron capacidad de compra en algunos sectores, un consumo más débil, una economía que evoluciona a distintas velocidades y un gasto cotidiano cuya composición también cambió.

Las tarifas siguen formando parte de esa ecuación, pero dejaron de ser la única explicación.

Mirados por separado, los cuatro informes describen fenómenos diferentes, pero todos llegan, desde ángulos distintos, a una conclusión similar.

La economía de bolsillo argentina ya no puede resumirse en un único indicador.

Hay sectores que crecen mientras otros se contraen; empresas que sostienen sus márgenes aunque vendan menos; hogares con empleo que igualmente enfrentan dificultades para llegar a fin de mes; son parte de un problema más amplio: cómo evolucionan los ingresos frente a una economía que cambió de manera profunda.