FMI: las 'manos amigas' que porotea Alberto Fernández y las cartas que juega Sergio Massa para seducir opositores

La aprobación del acuerdo con el FMI en el Congreso desvela a la Casa Rosada. La estrategia para asegurar los votos en Diputados y la incertidumbre que expone la decisión de Cristina en el Senado

Tras cumplir con una gira que buscó ser también toda una señal política hacia Washington, Alberto Fernández regresó esta madrugada al país con la premisa de ponerle cuerpo y alma al desafío de garantizar antes del 21 de marzo la aprobación legislativa del acuerdo con el FMI, cuyos aspectos más específicos pule por estas horas el ministro de Economía, Martín Guzmán

Y para ese objetivo de fondo, el Gobierno ya definió dos metas básicas en el corto plazo: rechazar cualquier alternativa de sortear el aval legislativo que exige por ley el entendimiento con el organismo internacional y acelerar las gestiones con la oposición para asegurar en parte su acompañamiento a la iniciativa.

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Sobre el primer punto hubo bastante ruido en la Casa Rosada en ausencia del Presidente. Especialmente después de que algunas voces de la oposición, como el caso de Patricia Bullrich, se alzaron para plantear ese desenlace tras el escenario que abrió la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque del Frente de Todos en Diputados y el virtual quiebre de la tropa legislativa oficialista ante el tratamiento del pacto con el FMI.

"De ninguna manera estamos considerando esa posibilidad", le dijo tajante a este diario un importante funcionario del Gobierno en referencia a la alternativa de derogar la norma que exige el respaldo legislativo a los acuerdos en materia de deuda que firme el Ejecutivo. 

En parte hay detrás de esa postura la decisión de ‘no borrar con el codo lo que se escribió con la mano', por tratarse de una iniciativa alentada por esta misma gestión, pero -además- porque en el entorno presidencial observan con optimismo el horizonte legislativo del entendimiento por la deuda más allá de las diferencias internas que Alberto buscó tranquilizar este lunes en su conversación telefónica con Cristina Kirchner.

En parte la confianza de la Casa Rosada se nutre de la gestión que lleva adelante Germán Martínez desde que desembarcó al frente del bloque propio en reemplazo de Máximo. En los últimos días conversó personalmente con más de un centenar de diputados oficialistas y destrabar adhesiones al proyecto. Allí ya hacen números y suponen que entre 80 y 90 de los 118 legisladores del FdT acompañarán la iniciativa y que parte del entramado de La Cámpora en la Cámara baja se abstendría al momento de la votación.

Otra cuestión se vincula con la postura que asumirá Juntos. La gestión en ese caso será encabezada por el propio titular de Diputados, Sergio Massa, que ya tiene previsto reunirse con los principales referentes de la coalición opositora la próxima semana para empezar a preparar el terreno antes del desembarco de la letra chica del acuerdo con el Fondo en el Congreso.

Con ese objetivo en la mira la estrategia de Massa se concentrará en las próximas horas en destrabar la negociación por el reparto de las comisiones de la cámara y, en paralelo, ‘limpiar' de la agenda de Extraordinarias (si es que es posible alguna sesión antes de fin de mes) los temas más conflictivos para evitar cortocircuitos indeseados con la oposición en un momento clave.

En gran medida la expectativa de avanzar en el diálogo con la oposición se sustancia en las diferencias que el aval al acuerdo con el FMI plantea puertas adentro de Juntos, lo que para el oficialismo evidencia los problemas para asumir una postura uniforme. Y se entusiasman con sumar apoyos desde sectores del radicalismo, la Coalición Cívica y parte del PRO. En el poroteo informal que trasciende de algunos despachos hablan de un piso de 70 adhesiones. "Van a patalear un poco, pero la mayoría va a acompañar porque no tienen mucho margen", sintetiza el razonamiento un referente de la primera línea del FdT.

En el Senado es otro cantar. El territorio alambrado por Cristina reaviva la mayor incertidumbre de la Casa Rosada a pesar de los gestos de tranquilidad que intentó llevar Alberto a su tropa tras la conversación con la vicepresidenta. 

En ese punto es donde vuelven a aflorar las diferencias entre la dirigencia más cercana al jefe de Estado y que abre la grieta entre los albertistas que presionan por quemar las naves con el mundo K y aquellos que reclaman transitar con pie de plomo los dos años que restan de mandato.

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