

El debate por la protección de la industria nacional volvió al centro de la escena con las últimas medidas tomadas por el gobierno de Javier Milei.
Fausto Spotorno, uno de los analistas más escuchados, disparó contra la propuesta de “apertura inteligente” que viene impulsando el empresario Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, y defendió a ultranza la estrategia de liberalización comercial del Gobierno.
En una entrevista con Ahora Play, ante la pregunta del periodista que planteó que Rocca sugiere una “apertura inteligente y racional”, el economista se mostró en desacuerdo.
“Yo no estoy de acuerdo con Rocca en ‘hagamos una apertura inteligente’. Para mí eso es una tontería. Porque cada vez que Argentina quiso hacer eso de la apertura inteligente, terminó yéndose el gobierno y los mismos tipos con la misma... y perduraban las protecciones", explicó.
“Siempre que protegés a uno desprotegés a otro”, señaló sobre el proteccionismo. “Cuando vos protegés al que le vende al consumidor, desprotegés al consumidor. Y después el consumidor se enoja y te trae el producto importado. Entonces tengo que poner en la aduana 25 tipos para trabar a todo el mundo. No tiene fin la protección”.
El economista cuestionó el modelo de sustitución de importaciones desde su impacto en el consumidor final. “Si vendo un lavarropas al doble de lo que vale, ese consumidor tiene que sacar esos recursos de algún lado y deja de consumir algo más. Entonces termino desprotegiendo a otra industria, o al restaurante, o a lo que el consumidor quiera consumir”, ejemplificó.
Según su análisis, esto deteriora la calidad de vida y castiga a otros sectores de la economía que no pueden desarrollarse porque los recursos están capturados por industrias protegidas.
Crecimiento vs. protección: el dilema sin solución
Spotorno fue contundente al vincular el crecimiento económico con la apertura. “Un programa económico de crecimiento requiere sí o sí esto. No es que lo podés hacer sin esto. Para que haya crecimiento tiene que aparecer nuevos jugadores en la economía. Nuevos negocios, nuevos jugadores, nuevos empleos”.
El diagnóstico sobre la década perdida fue lapidario: “Con el esquema de proteger no aparecían nuevos jugadores, no aparecían nuevos empleos. Los que estaban estaban todos protegidos pero la cantidad de empleos era la misma”.
El economista reconoció que no quiere “castigar” a los sectores que invirtieron bajo protección. “Vieron la oportunidad, invirtieron, es su negocio, su métier. Se invirtió ahí sabiendo que no era competitivo pero bueno, no había otra alternativa”. Sin embargo, insistió en que la realidad económica es otra y requiere un cambio de paradigma.
Para ilustrar los efectos perversos del proteccionismo, Spotorno narró el caso de una empresa del sector construcción que pasó por todas las distorsiones del kirchnerismo.
“Exportaba el 60% de su producción de un producto y vendía en el mercado local ese producto más otros que importaba”, explicó. Con el cepo, el empresario cambió toda su estrategia: dejó de exportar porque cobraba en dólares oficiales y reorientó la producción hacia la sustitución de importaciones, vendiendo en el mercado local al doble del precio.
“Vino el cepo, vino la apertura y la empresa agua. Chao, agua”, resumió. La metáfora fue gráfica: “Es como que te pusieran semáforos en la calle y te dijeran ‘acá se ponen todas luces verdes’ y al final hay un paredón. Te estrollaste contra el paredón”.

El caso chileno y la creatividad empresarial
Ante la pregunta sobre cómo hacer la transición sin destruir empleos, Spotorno citó el ejemplo de la industria automotriz chilena. “Chile en los 70, 80 decide eliminar la industria automotriz. Chau industria automotriz. La cantidad de talleres mecánicos que aparecieron en Chile terminaron contratando más gente que la que trabajaba en la industria automotriz”, relató.
La explicación: al abrir las importaciones de autos aparecieron modelos más baratos y diversos que requirieron nuevos talleristas especializados.
El economista usó el caso de los autos híbridos para ejemplificar cómo emergen nuevos nichos de negocio. “Traer el híbrido va a requerir nuevos talleres mecánicos que sepan cómo arreglar un híbrido. El del Automóvil Club me dijo ‘pará, ¿es híbrido el tuyo? Porque si es híbrido cerramos el capó acá y me voy, no sé qué se hace’”.
Para Spotorno, estos nuevos negocios estaban imposibles de aparecer bajo el proteccionismo: “Te termina matando todos los negocios nuevos, toda la creatividad del lado del empresario”.
Instrumentos de reconversión: el desafío pendiente
Si bien rechazó la “apertura inteligente”, Spotorno sí identificó un espacio para la intervención estatal en la reconversión productiva. “Tenés que tratar de brindar instrumentos que permitan la reconversión. Ahí es donde creo que hay más espacio para trabajar y donde más razonables van a ser los resultados”, planteó.
El economista trazó una distinción por escala de inversión. “En las grandes empresas está claramente el RIGI, ese es el nivel. Pero tendrías que tratar de generar algo parecido en todas las otras líneas de negocio. Al que invierte le doy beneficios grandes para que invierta. Sobre todo gente que va a tener que invertir para sobrevivir, para sostenerse”.
La clave, según Spotorno, está en la coordinación entre niveles de gobierno. “A medida que el negocio es más chiquito es más relevante qué hacen los otros gobiernos. En el RIGI vas a invertir miles de millones de dólares en Vaca Muerta, puedo aplicar una medida a nivel nacional. Pero si pongo un quiosco, es más importante lo que haga el intendente que el gobierno nacional”.
El economista ejemplificó: “Si querés invertir en una zona comercial en Corrientes, es más importante lo que haga el municipio y la provincia. Si ceden terrenos, si invierten en las calles”.
“De nada sirve que el gobierno nacional te diga ‘te bajo el IVA’ o te simplifique Ganancias y después viene la municipalidad y te sube la tasa municipal del 2% al 4%. Te reventó”, concluyó.














