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Puede faltar agua por la bajante del Paraná: los efectos secundarios que ve Scioli en Brasil

El río está a un 20% debido a una sequía histórica en el vecino país. El embajador argentino en el principal socio del Mercosur observa que así se encarecerá la logística de las exportaciones de soja, trigo y maíz y también el sistema energético, que se cubrirá con más subsidios.

La peor sequía de los últimos 91 años en Brasil puede tener múltiples efectos adversos en la Argentina durante los próximos meses.

La bajante del Río Paraná podría derivar en una falta de agua para consumo humano en ciudades de Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y el norte de Buenos Aires.

Pero también encarecería en al menos u$s 250 millones los costos logísticos de las exportaciones agropecuarias que salen desde Rosario y, además, el abastecimiento de energía, lo que agrega costo fiscal al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) eléctrica, cubierto por la vía de los subsidios.

El embajador de la Argentina en Brasil, Daniel Scioli, se reunió este martes 15 con el ministro de Minas y Energía del país vecino, Bento Albuquerque, para debatir este tema e intercambiar información sobre la "situación crítica" de los recursos hídricos en la cuenca del Paraná.

El déficit de lluvias preocupa a las autoridades argentinas y el ex gobernador de Buenos Aires coincidió con los funcionarios brasileños en que se debe hacer un "uso racional" del agua y de la energía eléctrica.

Según datos a los que accedió El Cronista, se espera que a partir del 1 de julio lleguen de Brasil unos 3300 metros cúbicos por segundo (m3/s) al Río Paraná, menos de un 20% de los valores normales para esta época del año, que rondan los 15.000 a 20.000 m3/s.

El país gobernado por Jair Bolsonaro está regulando sus embalses para priorizar el consumo interno y su propio abastecimiento barato de electricidad, ya que allí la hidráulica es la principal fuente de energía (62,5% de la matriz eléctrica).

La Argentina quiere que Brasil abra las compuertas de sus represas en los ríos Paraná e Iguazú, un pedido que ya se hizo el año pasado ante una situación similar.

El embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, preocupado por la falta de agua

Una fuente oficial comentó a este diario que están trabajando en conjunto Defensa Civil, el Ministerio de Agricultura, la Secretaría de Energía, la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) y el Ministerio de Obras Públicas para mitigar la situación junto a los equipos de los gobernadores, ya que las provincias son las dueñas de los recursos naturales.

De acuerdo a lo que afirmó un funcionario en off the record, el Gobierno está mirando varios frentes: desde el consumo humano de agua, que se vio perjudicado recientemente en la localidad fronteriza de Puerto Iguazú; hasta el campo, las exportaciones, la logística y la energía.

El cuadro en el Río Paraná es el peor desde 1944. La Agência Nacional de Águas e Saneamento Básico (ANA) de Brasil declaró desde este mes el estado de emergencia por la falta de recursos hídricos en la región del Paraná hasta el 30 de noviembre.

Campo

"La bajante del Paraná es muy grave. Hubo descargas en Brasil para favorecer el tránsito fluvial en el norte, donde hay un tránsito de menor calado que sale con 10 pies. Pero si los niveles bajan mucho los barcos no pueden salir", explicó a El Cronista una fuente del sector agropecuario.

"Los barcos en Rosario están cargando entre 7000 y 8000 toneladas de granos menos, alrededor de un 20% de un nivel habitual de 40.000 toneladas. Esto eleva los costos unitarios de los fletes; el año pasado, con una situación similar, el sobrecosto logístico fue cercano a los u$s 240 millones. Transportar una tonelada de soja hasta China cuesta en torno a los u$s 70", detallaron en el campo.

Energía

Por el lado de la energía, el principal impacto se da sobre la central hidroeléctrica Yacyretá, que opera con níveles mínimos.

La potencia generada este jueves en la represa binacional ubicada en Corrientes era de apenas 83 megavatios (MW), frente a un potencial máximo de hasta 3000 MW a plena capacidad.

La energía hidroeléctrica funciona como "base" y es la más barata del sistema. Ante una ola polar como la que está viviendo el país actualmente, los usuarios residenciales aumentan su consumo de gas y de electricidad, lo que implica que el sistema energético tenga que operar con combustibles líquidos como el gasoil, el fuel oil y el carbón mineral, que son más caros (entre u$s 14,50 y u$s 15,50 por millón de BTU) y más contaminantes.

"La persistente sequía en el Noreste lleva a un despacho térmico elevado, ya que la participación de las centrales hidroeléctricas es la más reducida de las últimas tres décadas: apenas el 12% del abastecimiento", notó G&G Energy Consultants.

Una autoridad energética admitió que la situación es "dramática". "Cammesa tiene inconvenientes generados por las sequías en los ríos Paraná y Limay, que bajan el aporte de las hidroeléctricas", reportó en reserva.

"Esto, sumado a las tres semanas de cortes de ruta en Neuquén, obligó a que se usara todo el stock de combustibles líquidos para la generación de las termoeléctricas, ya que no nos sobraba ni una molécula de gas, aunque el Plan Gas Ar viene funcionando bien", explicaron.

Precisamente en esta semana la ex Enarsa adjudicó la compra de cinco cargamentos de Gas Natural Licuado (GNL) para agosto a un precio de u$s 13 por millón de BTU -incluido el costo de regasificación- para cubrir el stock de Cammesa y ver la posibilidad de exportar energía eléctrica a Brasil durante el invierno.

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