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La mora familiar se convirtió en uno de los temas más discutidos de los últimos días, probablemente porque conecta de manera directa la microeconomía de los hogares con la evolución de la macroeconomía.
A eso se suma una lectura política que cada sector intenta ponderar de manera diferente: cuánto pesa la responsabilidad individual, cuánto las condiciones económicas y qué margen existe para una intervención del Estado.
El presidente Javier Milei ya se refirió al tema en declaraciones públicas, en las que dio su visión sobre el origen de las deudas y la posible solución.
“Son acuerdos entre privados. Quienes se endeudan tienen responsabilidad, no les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo”, sostuvo. Y planteó que la motivación de cada préstamo no puede conocerse de manera uniforme: “Yo no sé si tomaste un crédito porque no llegabas a fin de mes o porque creías que se iba Milei y el dólar se iba a 3.000”.
Finalmente, remarcó que “decir que ‘lo tiene que arreglar el Estado’ no está bien”.
Más allá de las motivaciones detrás de cada decisión de endeudamiento, los números muestran un deterioro extendido.
Con matices entre provincias y entre tipos de acreedores, la mora creció con fuerza durante el último año y ya alcanza niveles que no se explican por un fenómeno aislado.
La mora en números
El último informe de EcoGo y la Universidad Austral le pone escala al problema.
En junio, el stock de crédito a personas físicas alcanzó los $97,1 billones, medidos a precios de ese mes. En términos reales, el financiamiento todavía crece: avanzó apenas 0,1% mensual, pero se mantiene 9,1% por encima del nivel de un año atrás.
El problema aparece cuando se mira la capacidad de repago. La mora por monto llegó al 17,5% del crédito total, 0,3 puntos porcentuales más que en mayo y 10,5 puntos más que un año atrás.
Se trata del vigésimo aumento mensual consecutivo de la irregularidad. En otras palabras, casi uno de cada seis pesos prestados ya se encuentra en mora.
El informe distingue, además, entre el monto en situación irregular y la cantidad de personas afectadas. Mientras el primer indicador mide qué parte del dinero prestado está atrasado, el segundo cuenta cuántos deudores tienen al menos una obligación en mora.
Bajo esa métrica, el 26,1% de los deudores presenta algún saldo irregular, 8,8 puntos porcentuales más que un año atrás.
El salto se produjo en muy poco tiempo
La velocidad del deterioro aparece con claridad en la serie histórica.
La mora nacional por monto era de 4,6% en diciembre de 2022, bajó a 4,2% en 2023 y tocó un mínimo de 3,6% a fines de 2024. Desde allí comenzó el salto: cerró 2025 en 12,6% y llegó al actual 17,5% en junio de 2026.
El crédito siguió una trayectoria distinta. Había caído desde $60 billones reales en diciembre de 2022 a $44,8 billones en 2023, para recuperarse luego a $71 billones en 2024 y escalar hasta $98,6 billones a fines de 2025. En junio se mantuvo cerca de ese máximo, en $97,1 billones.
La secuencia muestra que el crecimiento del crédito volvió antes que la capacidad de pago: mientras el financiamiento se recuperó con fuerza desde 2024, la mora empezó a acelerarse de manera mucho más marcada desde el año pasado.
El mayor problema está fuera de los bancos
El deterioro no se distribuye de manera pareja entre los distintos tipos de acreedores. Los proveedores no financieros de crédito (PNFC) —categoría que incluye plataformas de crédito entre particulares, prestamistas no bancarios y emisoras no bancarias de tarjetas— concentran apenas 14,1% del crédito total a las familias, unos $13,7 billones.
Sin embargo, allí la mora llega al 31%.
La comparación con el sistema financiero tradicional es contundente. Bancos, compañías financieras y cajas de crédito concentran el 85,9% del financiamiento, unos $83,4 billones, y registran una mora de 15,2%. Es decir, el nivel de irregularidad entre los proveedores no financieros más que duplica al de los bancos.
La brecha también se amplió durante el último año: la mora de los PNFC aumentó 16,3 puntos porcentuales, contra una suba de 9,6 puntos en el sistema financiero.
Las diferencias se vuelven todavía más visibles cuando se baja al mapa provincial. La mora del crédito no financiero alcanza 38,2% en Misiones, 35,7% en San Luis, 35,2% en Chaco, 34,8% en San Juan y 34,3% en Salta.
Incluso La Pampa, que tiene la mora total más baja del país, muestra una diferencia muy fuerte entre ambos segmentos: apenas 7,1% en el sistema financiero frente a 28,5% entre los proveedores no financieros.
La Rioja es el caso más crítico
El mapa provincial muestra que la mora no está concentrada en una sola región, aunque existen casos claramente más comprometidos.
La Rioja encabeza el ranking, con 24,5% del crédito en situación irregular. Le siguen San Luis, con 22,6%; Santa Cruz, con 22,2%; Catamarca, con 21,8%; y San Juan, con 21%. En el otro extremo aparecen La Pampa, con 9,1%; CABA, con 11,9%; y Entre Ríos, con 13,4%.
La Rioja también ocupa el primer lugar cuando se mira a las personas y no al dinero: 35,4% de sus deudores tiene algún saldo en mora. Muy cerca aparecen San Juan, con 35%; Catamarca, con 34,7%; San Luis, con 33,7%; y Chaco, con 33,2%.
En CABA, en cambio, la proporción cae a 15%, la menor del país.
Más que el nivel actual, en varios distritos impresiona la velocidad del deterioro. En apenas doce meses, la mora por monto subió 15,2 puntos porcentuales en La Rioja, 14,9 en Santa Cruz, 13,7 en Catamarca, 13,3 en San Luis y 13,2 en Tierra del Fuego. Buenos Aires también registró una suba fuerte, de 12,5 puntos, hasta llegar a una mora de 20,3%.
No siempre la provincia más endeudada es la que tiene más mora
Uno de los datos más interesantes del informe es que endeudamiento y mora no necesariamente van de la mano.
EcoGo mide el endeudamiento provincial comparando el crédito de las familias con el Producto Bruto Geográfico (PBG) de cada jurisdicción.
Bajo esa métrica, Tucumán ocupa el primer lugar, con un stock de deuda equivalente al 13% de su PBG. Le siguen Catamarca, con 11,9%; Formosa, con 11,6%; Misiones, con 11,2%; y Río Negro, con 11%.
Esto muestra que una provincia puede tener un nivel alto de deuda en relación con el tamaño de su economía sin ser necesariamente la que presenta más atrasos. La Rioja, por ejemplo, lidera la mora, pero no encabeza el ranking de endeudamiento sobre PBG.
CABA tiene muchos más deudores, pero no la mayor mora
La penetración del crédito también presenta diferencias muy marcadas. CABA registra 657 deudores cada 1.000 habitantes, el valor más alto del país. Le siguen Tierra del Fuego, con 565; Santa Cruz, con 549; Neuquén, con 523; y Chubut, con 500.
En el otro extremo, Santiago del Estero tiene apenas 362 deudores cada 1.000 habitantes; Salta y Jujuy, 364; y Misiones, 369.
La Ciudad es un caso particular porque combina alta penetración del crédito y deuda promedio elevada con una mora relativamente baja.
Tiene una deuda media de unos $7 millones por deudor, segunda sólo detrás de Tierra del Fuego, pero la mora por monto se ubica en 11,9% y apenas 15% de sus deudores presenta alguna irregularidad.
Tierra del Fuego tiene la mayor deuda promedio
La deuda promedio por persona también exhibe una marcada dispersión regional. Tierra del Fuego lidera con aproximadamente $8,5 millones por deudor. Detrás aparecen CABA, con $7 millones; Santa Cruz, con $6,8 millones; Neuquén, con $6,6 millones; La Pampa, con $6,3 millones; y Chubut, con $6,1 millones.
En el extremo inferior, Santiago del Estero y Formosa registran deudas promedio cercanas a $2,9 millones, mientras que Misiones y San Juan rondan los $3,2 millones y La Rioja, los $3,3 millones.
El promedio nacional se ubica en torno a $4,7 millones por deudor, aunque el dato debe leerse con cautela: el informe incluye personas físicas, monotributistas y autónomos con CUIT personal, por lo que funciona como una aproximación amplia al crédito de los hogares y no exclusivamente al financiamiento de consumo.
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