Para reducir la exposición a un fenómeno de El Niño que se proyecta entre fuerte o muy fuerte, los productores comenzaron a modificar el calendario de la campaña 2026/27.
La principal apuesta es adelantar la implantación de los cultivos para evitar que sus etapas críticas coincidan con las lluvias intensas y las olas de calor de enero, sin embargo, mientras el sector ensayaba esa estrategia, una fuerte manga de granizo atravesó parte de la región núcleo y habría afectado entre 30.000 y 80.000 hectáreas.
Lo que está en juego por el impacto climático excede los resultados de una campaña ya que los dos cultivos involucrados tienen un peso relevante en el ingreso de dólares.
Entre enero y julio, el complejo maicero exportó u$s 5269 millones, un 12% más que en el mismo período de 2025, mientras que el trigo generó u$s 2604 millones, con un crecimiento del 37%, según el último informe del Consejo Agroindustrial Argentino.

En conjunto, aportaron cerca de u$s 7900 millones.
Por ahora, la magnitud del daño todavía es difícil de precisar: hay lotes apenas alcanzados y con posibilidades de recuperación, pero también otros que quedaron prácticamente destruidos.
La tormenta del 27 de agosto golpeó el noroeste de Córdoba, el centro-sur de Santa Fe y sectores de Entre Ríos, precisó la Guía Estratégica para el Agro.
El fenómeno dejó su marca sobre localidades como Bell Ville, Marcos Juárez, Leones, Montes de Oca, Las Rosas, Monje, Gálvez y San Genaro. El recorrido y la extensión del área afectada recuerdan a la tormenta registrada el 19 de febrero, que había castigado lotes de la cosecha gruesa.
Esta vez, el impacto recayó sobre los cultivos de invierno. “Parece que afectó un área grande, encima ya hay trigos encañados”, señalaron técnicos de Marcos Juárez consultados por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

El adelantamiento del cereal juega en contra de sus posibilidades de recuperación. El 33% del área ya ingresó en encañazón y los técnicos estiman que el cultivo está entre 10 y 15 días adelantado respecto de su evolución habitual.
Antes del granizo, el estado general era muy favorable: el 73% del trigo se encontraba en condiciones muy buenas y otro 25%, excelentes. El 65% atravesaba el pleno macollaje, mientras que apenas un 2% permanecía en el inicio de esa etapa hacia el sur de la región.
Ahora será necesario determinar cuánto de ese potencial quedó comprometido. Las primeras observaciones muestran daños muy dispares, desde pérdidas totales en lotes pulverizados por el granizo hasta afectaciones leves que permitirían la recuperación del cultivo. La evaluación definitiva demandará varios días.
Una siembra inédita
El golpe climático se produjo mientras los productores ponían en marcha una estrategia inédita para la nueva campaña.
La siembra comenzó antes de lo habitual con el objetivo de adelantar el desarrollo de los cultivos y evitar que sus etapas de mayor demanda hídrica coincidan con las altas temperaturas previstas para enero.
La implantación ya alcanza un 3% del área proyectada, un nivel excepcional para esta fecha. Se trata del inicio más temprano de al menos las últimas cinco campañas.
En la región núcleo, las sembradoras suelen comenzar a trabajar después del 10 o incluso del 15 de septiembre, cuando la temperatura del suelo supera los 12 grados y permite una germinación uniforme. Este año, sin embargo, la perspectiva de lluvias abundantes y fuertes olas de calor llevó a anticipar las labores.
“Es la primera vez en toda mi carrera que veo sembrar lotes tan temprano en esta zona”, señalaron técnicos de Carlos Pellegrini.

La estrategia se concentra principalmente en el norte de la región. En Aldao ya se observan sembradoras trabajando y en María Susana calculan comenzar alrededor del 1° de septiembre, unos diez días antes de lo habitual.
Más al sur, las bajas temperaturas del suelo todavía condicionan las decisiones. En San Pedro existe intención de anticipar la implantación, mientras que en Junín el inicio está previsto para el 15 de septiembre, cinco días antes de la ventana tradicional. En Corral de Bustos estiman comenzar entre el 10 y el 15, salvo que se produzca un marcado ascenso de la temperatura.
La maniobra, sin embargo, no elimina los riesgos. Al adelantar la siembra, los lotes quedan más expuestos a posibles heladas tardías. “Cruzamos los dedos, porque si nos agarra una helada nos lleva puestos con el trigo y el maíz y de eso no te recuperás”, advirtieron los técnicos.

El contraste deja al descubierto los límites de la planificación frente al clima. Las fechas de siembra pueden modificarse para reducir el impacto del calor o las lluvias excesivas, pero fenómenos como el granizo resultan imposibles de anticipar mediante el manejo agronómico.
“Hay cosas que se pueden evitar con el manejo y otras que no, como esto. Para eso están los seguros”, explicaron desde Aldao. También advirtieron que, aunque los productores suelen recortar coberturas para bajar costos, los niveles de riesgo actuales son muy diferentes de los que enfrentaba la actividad hace dos décadas.
Más tecnología para producir más
La expectativa de una campaña con mayor disponibilidad de agua también impulsa una apuesta tecnológica más elevada. Los técnicos prevén que terminarán prevaleciendo los planteos de alta y muy alta tecnología, especialmente mediante una mayor fertilización nitrogenada.

La decisión responde a la necesidad de mejorar los rindes para recuperar rentabilidad. “Hoy la necesidad está en ganar rentabilidad con kilos, no hay otra”, señalaron desde el sur de Santa Fe.
En algunas localidades se proyectan aplicaciones de entre 120 y 140 unidades de nitrógeno para sostener el potencial productivo. No obstante, la posibilidad de lluvias abundantes genera cautela por el riesgo de lavado de nutrientes. También existe especial atención sobre la calidad de las semillas: ante márgenes ajustados, los productores buscan maximizar la efectividad de cada implantación.
Por ahora, las lluvias vuelven a ser necesarias para recomponer las reservas de humedad en las provincias del oeste, donde ya aparecen cuadros de escasez o principios de sequía.
El campo movió primero para enfrentar al Niño, con cambios en el calendario y una mayor inversión tecnológica, sin embargo, el granizo volvió a mostrar que, aun con planificación, una parte decisiva de la producción continúa sometida a fenómenos que no se pueden evitar.


















