El histórico acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) ha entrado en “fase de ejecución”, con la reciente ratificación que realizó Paraguay luego de ser aprobado por Argentina, Chile y Brasil.
El laberinto de negociaciones diplomáticas que duró 25 años, se transformó en un documento técnico que, ahora, dependerá de la voluntad ejecutiva de la Unión Europea.
La gran novedad en este escenario es la capacidad de la Comisión Europea para actuar de forma inmediata. Federico Lavopa, socio en Quipuadvisors y ex subsecretario de Comercio, destacó que la arquitectura legal del tratado permite separar los componentes comerciales de los políticos.
“La Comisión Europea tiene la potestad de poner en vigor todas las disposiciones comerciales de forma provisional, sin esperar la resolución del Tribunal de Justicia de la UE”, explicó.
Según el experto, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ya había condicionado este paso a que el Mercosur estuviera “listo”. Con la ratificación de Paraguay —el último eslabón que faltaba—, el bloque regional ha cumplido su parte. “Ahora la Comisión debería cumplir con su promesa. Esto implica que empezarían a aplicarse todas las concesiones”, añadió.
En ese marco, Von der Leyen indicó que se pondrá en marcha el 1 de mayo. “La aplicación es provisional. De acuerdo a los tratados europeos, sólo será definitivo cuando el Parlamento Europeo dé su consentimiento”, remarcó.
Entre el laberinto judicial y la urgencia comercial
Esta postura de ejecución inmediata contrasta con los tiempos del Parlamento Europeo, que recientemente solicitó una opinión al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE). Según informes de la consultora BiGlobal, liderada por Marisa Bircher, este proceso judicial que podría extenderse hasta fines de 2026 es el principal “cuello de botella”.

Sin embargo, como señala Marcelo Elizondo, el Consejo Europeo ya otorgó una autorización provisional. Esto genera un escenario de “vigencia técnica” donde las rebajas arancelarias podrían comenzar a operar mientras los jueces europeos terminan de analizar la compatibilidad del tratado con las normas de la Unión.
Elizondo destacó que la baja de aranceles -en torno al 60%- para la producción local impacta en muchos rubros rápidamente mientras que del lado europeo la reducción es progresiva.
Además de baja de aranceles para la exportación a UE de alimentos y otros productos del agro, Lavopa mencionó entre las concesiones comerciales que comenzarían a aplicarse la cuota de carne en la UE y la desgravación de autos en el Mercosur.
En paralelo, advirtió BiGlobal, el acuerdo enfrenta una fuerte resistencia política en Europa, especialmente del sector agropecuario, con Francia como principal foco. Las protestas de agricultores y la presión de organizaciones rurales han llevado a la Unión Europea a reforzar mecanismos de protección.
Para que esta aplicación provisional no desate una crisis política interna, Europa ha diseñado un blindaje financiero para sus sectores más sensibles.
La propuesta incluye un anticipo del presupuesto agrícola, un Fondo de modernización de 45.000 millones de euros; salvaguardias, a partir de mecanismos automáticos para frenar importaciones si se detectan distorsiones de mercado.
Y, por último, reducción de costos, mediante la baja de aranceles a fertilizantes para mejorar la competitividad del productor europeo frente al sudamericano.
El desafío de la competitividad real
Pese al entusiasmo por la apertura inminente, otros analistas piden poner el foco en la capacidad de respuesta de las empresas locales. Horacio Pereira, especialista en comercio internacional, advierte que la baja de aranceles es solo una parte de la ecuación y que “no va a generar un salto exportador de un día para otro”.

“La implementación es lenta y se da en varios años. El punto de fondo es que no alcanza con tener acceso al mercado si no hay empresas con escala, financiamiento y logística para aprovecharlo”, señaló Pereira.
A esto se suman las crecientes exigencias ambientales y sanitarias de la UE, que Pereira califica como “nuevas barreras”. Según su visión, el impacto será desigual: mientras el agro tiene gimnasia exportadora, la industria enfrentará una presión competitiva feroz sin una estrategia productiva clara por parte de los estados del Mercosur.
Con el Mercosur plenamente ratificado y la herramienta de la vigencia provisional sobre la mesa, el acuerdo entra en una etapa de definiciones pragmáticas.
La decisión ahora es política y reside en Bruselas: cumplir la promesa de activación inmediata o permitir que el calendario electoral y judicial europeo siga postergando el incremento del comercio entre ambos continentes.
“El acuerdo avanza y hay voluntad política de concretarlo, pero su implementación seguirá condicionada por las tensiones internas dentro de la Unión Europea", resumió el informe de BiGlobal.
















