La inflación vuelve a instalarse como amenaza global por el salto del petróleo tras la escalada del conflicto en Medio Oriente. Un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) marca que América latina llega esta vez mejor preparada que en otras crisis: después de dos décadas de reformas monetarias, buena parte de la región logró “anclar” las expectativas inflacionarias y amortiguar así el impacto de los shocks externos.
El documento del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI sostiene que la región atravesó el test más duro desde la pandemia con resultados mejores a los esperados. Aunque la inflación subió con fuerza entre 2021 y 2023, las expectativas de largo plazo se mantuvieron relativamente estables en países como Chile, Perú, México o Brasil.
Para el organismo, ese anclaje funciona como un “amortiguador” frente a shocks como la suba del petróleo: si hogares, empresas y mercados creen que la inflación terminará convergiendo otra vez a niveles bajos, el traslado a precios es menor y menos persistente. El paper incluso muestra que en países con expectativas firmemente ancladas el impacto inflacionario de un deterioro de los términos de intercambio puede ser prácticamente nulo.
“El progreso de las últimas décadas permitió que la región atravesara el shock pospandemia con mucha más credibilidad que en episodios anteriores”, concluye el informe.

Sin embargo, el FMI aclara que América latina todavía carga con las cicatrices de su historia inflacionaria. Las expectativas siguen sesgadas “al alza”, reflejando dudas persistentes vinculadas a la dominancia fiscal y a experiencias traumáticas de alta inflación en los años ‘80 y ‘90.
El ancla de la era Milei
En ese punto aparece Argentina como el gran contrapunto regional.
El Fondo describe al país como el ejemplo de cómo un esquema monetario puede perder credibilidad cuando no existe respaldo fiscal ni independencia del banco central. Tras la salida de la Convertibilidad, señala el trabajo, Argentina nunca consolidó un régimen estable de metas de inflación y volvió a convivir con alta nominalidad, indexación y dominancia fiscal.
Incluso el intento de metas de inflación de 2016-2018 aparece citado como un fracaso por “la ausencia de precondiciones”.
Según el FMI, las metas eran demasiado ambiciosas y terminaron chocando con déficits fiscales persistentes, dudas sobre el financiamiento y pérdida de apoyo político. El golpe decisivo llegó a fines de 2017, cuando el Gobierno modificó las metas de inflación y dañó la credibilidad del esquema.
El organismo considera, sin embargo, que el programa de estabilización lanzado a fines de 2023 abrió una nueva etapa. El paper destaca la combinación de ajuste fiscal, control monetario y ancla cambiaria como un régimen “híbrido” útil para países que parten de niveles muy altos de inflación. Según el Fondo, ese esquema permitió bajar rápidamente la inflación mensual, reducir la brecha cambiaria y estabilizar expectativas.
Aun así, advierte que ese tipo de régimen difícilmente pueda sostenerse de forma permanente y que el desafío de largo plazo sigue siendo construir un esquema monetario creíble y consistente.
Según el organismo, la apreciación real del peso comenzó a erosionar competitividad y a limitar la acumulación de reservas, razón por la cual el Gobierno avanzó luego hacia una mayor flexibilidad cambiaria. El informe plantea que los regímenes híbridos pueden funcionar como transición, aunque no reemplazan la necesidad de construir un marco monetario creíble y permanente.
El modelo brasileño
El espejo opuesto es Brasil. El FMI rescata el caso brasileño como uno de los ejemplos más exitosos de transición hacia metas de inflación en mercados emergentes. Tras abandonar el régimen cambiario en 1999, Brasil adoptó rápidamente un esquema de inflation targeting basado en transparencia, autonomía operativa y comunicación pública permanente.

El Banco Central de Brasil empezó a publicar informes trimestrales, minutas detalladas y cartas abiertas explicando desvíos de inflación. Esa estrategia, sumada a una política monetaria agresiva y respaldo fiscal, permitió estabilizar expectativas incluso en contextos de volatilidad cambiaria y shocks externos.
“El anclaje es difícil de ganar, pero fácil de perder”, resume el documento. La evidencia del FMI muestra que una política monetaria más dura produce mejoras graduales y limitadas en credibilidad, mientras que señales inesperadamente laxas generan deterioros rápidos y significativos de las expectativas.
La receta contra el shock petrolero
Por eso, frente al nuevo shock petrolero, el organismo insiste en una receta clásica pero exigente: disciplina fiscal, bancos centrales independientes, metas claras y coherencia política.
“La credibilidad acumulada durante décadas permite absorber mejor las turbulencias”, señala el blog del FMI que acompaña el informe. Pero advierte que esos avances “no están garantizados” y pueden erosionarse rápidamente si reaparecen políticas inconsistentes.
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