Cero dólares: cómo y por qué las restricciones y el cepo ya ponen fuertes trabas al crecimiento

Las restricciones cambiarias y las trabas a la importación ya se hacen sentir en la economía real. Qué problemas están enfrentando hoy los distintos sectores para acceder a insumos y producir. Un análisis a fondo sobre una problemática recurrente que condiciona la recuperación.

En enero, notebooks y tablets dejaron por un tiempo la sección Tecnología de los diarios y ocuparon páginas en la de Economía. ¿El motivo? La posibilidad de que reinstauraran parte de los aranceles a la importación eliminados durante el gobierno de Maurico Macri. La medida fue desmentida por el Gobierno, pero vuelve a poner en primera plana un problema recurrente. Con cada vez menos dólares, el Gobierno necesita evitar al máximo la salida de divisas. Pero al intentar solucionar un inconveniente, crea otros nuevos. 

La falta de dólares ya es recurrente en la economía argentina. Sin ingreso de divisas se dificulta la compra de mercadería en el exterior y, con ello, la provisión no solo de productos terminados, sino también de bienes intermedios y de capital necesarios para la industria local

Como muestra solo basta un botón: en la industria automotriz, uno de los sectores más demandantes de dólares, en promedio cerca del 70 por ciento de las piezas tiene origen extranjero. Son los componentes necesarios para producir un vehículo que, en muchos casos, tendrá como destino la exportación y, en consecuencia, el ingreso de divisas al país. 

Y así se plantea un dilema. Si se corta la canilla para las importaciones para frenar la salida de divisas, a la larga se terminarán restringiendo las exportaciones. El resultado: los dólares serán cada vez más escasos. 

Al instaurarse el cepo cambiario en 2011 el Banco Central (BCRA) tenía US$ 47.523 millones en reservas. Cuatro años después, cuando se levantaron las restricciones, ese número apenas llegaba a US$ 24.164 millones. En septiembre de 2019 volvieron los controles cambiarios con un BCRA que contaba con US$ 53.146 millones de reservas, que a fines de enero ya habían caído por debajo de los US$ 40.000 millones.

 "En cualquier país, normalmente suben las importaciones cuando sube la producción y el nivel de ingresos de la población, ya sea por mayor producción y uso de insumos y bienes intermedios, nacionales e importados, y por mayor consumo, también de bienes nacionales e importados", explica Marcelo Capello, economista jefe del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), de la Fundación Mediterránea.

"Cuando se limitan importaciones se limita toda la economía. No se pueden reponer piezas y se restringe la producción", dice Capello, del Ieral

El especialista destaca, además, que en varios países el proceso va acompañado por una suba en las exportaciones, lo que evita caer en un cuello de botella de divisas. Sin embargo, en otros, entre ellos la Argentina, el incremento del ingreso suele darse por los mayores niveles de consumo y gasto público, en detrimento de la inversión y las exportaciones, con el consiguiente problema para conseguir los dólares necesarios para el funcionamiento de la economía.

Es ese el momento en el que surgen las restricciones. "Por un lado, los cepos cambiarios agravan la falta de divisas, por los incentivos que producen a no entrar dólares y a sacar dólares del país. Por el otro, cuando se restringen las importaciones, especialmente cuando se trata de insumos, bienes intermedios y bienes de capital importados, en parte esa restricción se cubre con producción local (sustitución de importaciones), y en otra porción deriva en menor producción y demoras para abastecer el mercado local. Si las restricciones permanecen mucho tiempo, suele reflejarse también en atraso tecnológico, lo que afecta el crecimiento económico a largo plazo", agrega. 

De por sí, la Argentina ya tiene un alto arancel promedio para las importaciones: el 12 por ciento del Mercosur, contra un 5 por ciento global. A eso se le suman restricciones no arancelarias y dificultades a la hora de comprar bienes en el exterior.  

 Problemas de arrastre 

 "Hay que ver lo que pasa antes de llegar a las restricciones. Y ahí tenemos aranceles, el sistema integrado de monitoreo de importaciones (SIMI), que operan como ralentizador del proceso. En otra época estuvieron las declaraciones juradas anticipadas de importaciones (DJAI), que se manejaban en forma discrecional. Ahora volvieron las trabas para acceder al mercado de dólares. Eso no funciona y la Argentina hace 10 años que no crece", sentencia Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionalies (DNI).

  Históricamente, los años que más crece el producto interno bruto (PIB) son los que más crecen las importaciones. Durante el gobierno de Néstor Kirchner, en pleno auge en el precio de las commodities y con crecimiento a tasas del 8 por ciento, las importaciones llegaron a representar el 20 por ciento del PIB.

 

Las importaciones suben cuando crece la economía

"No se entiende por qué insisten en tomar estas medidas", agrega Elizondo.

El 80 por ciento de las importaciones son bienes que se utilizan para la producción, según datos proporcionados por la consultora DNI. Bienes de capital, insumos, piezas intermedias que usa la industria y que, en algunos casos, se destinan al mercado de exportación. 

En 2020, las importaciones de bienes de capital, intermedios y piezas y accesorios, se ubicaron en 8,1 por ciento del PIB, similar a las de 2019 y por debajo del 8,7 por ciento que alcanzó en 2018. El número es, sin embargo, sustancialmente mayor al 6,7 por ciento observado en 2015, año en que resultaron más fuertes las restricciones a las importaciones. 

"El proceso de restricción a las importaciones se agudizó desde 2012, cuando comenzó a ser evidente el atraso cambiario, y se evitó una mayor pérdida de reservas en el BCRA restringiendo las importaciones, la cual se extendió básicamente hasta 2015, y vuelve a aplicarse desde 2019", agrega Capello. 

El economista del Ieral sostiene que es posible que el Gobierno incremente aún más las restricciones. En su opinión, el objetivo sería llevarlas a niveles cercanos a 7 por ciento del PIB, lo que afectaría la producción en algunos sectores.

 Con este perfil productivo de las importaciones en mente, a principios de año el BCRA incrementó las restricciones para el acceso al mercado único libre de cambios (MULC) para los importadores de bienes considerados suntuarios. Hoy quienes traen del exterior autos y motos de alta gama, bebidas alcohólicas con un precio superior a 50 dólares el litro, piedras preciosas, entre otros productos deben conseguir financiamiento por un año, pero sin acceder a los mercados de dólar bursátil (dólar CCL y MEP) ya que, de hacerlo, no podrán acceder posteriormente al MULC.

"Lo quieren vender como restricciones para el mercado de lujo, pero lo que tenemos que preguntarnos es qué es un bien suntuario. Para muchos sectores de la economía esos productos son su medio de trabajo. Me resisto a esa calificación", dice.

En ese sentido, agrega, hoy la economía está integrada en una cadena global que impide medirla en disciplinas aisladas: "Cuando se limitan importaciones se limita toda la economía. Se afecta la amortización, porque no se pueden reponer piezas de máquinas en funcionamiento. O se restringe la producción, por la imposibilidad de acceder a insumos".

   "Hay una mirada sesgada, muy anticuada, propia de una época en la que el que exportaba no importaba. Cuando el mundo no era una cadena de valor" Fuente: BCRA. Marcelo Elizondo, DNI.   

Por eso, dice, es complicado señalar quiénes serán los más afectados por las restricciones a las importaciones y la falta de divisas. Si se limita el acceso a productos de alta tecnología, como con los impuestos a las computadoras, se grava el acceso a productos de la economía del conocimiento". 

Aranceles

En las últimas semanas volvió a cobrar fuerza la imposición de aranceles para notebooks. Hasta 2017 la importación de computadoras portátiles estaba gravada con un 35 por ciento. De esta manera se buscaba incentivar la producción en Tierra del Fuego. Pero el gobierno de Mauricio Macri los llevó a cero con el objetivo de bajar los precios en dólares y aumentar la variedad de modelos en el mercado. Ahora, con la necesidad de cuidar cada dólar, volverían las restricciones. 

"Hay una mirada sesgada, muy anticuada, propia de una época en la que el que exportaba no importaba. Cuando el mundo no era una cadena de valor internacional. Creo que el Gobierno sigue creyendo que hay una diferencia entre exportador e importador, que ya no existe más", opina Elizondo. 

La suma de trabas y complicaciones acaba por disuadir a las empresas que dependen de las importaciones de iniciar procesos productivos. Si el empresario no tiene asegurada la provisión de insumos o de bienes de capital, deja de invertir. Y eso sin entrar en el impacto que genera en el clima de negocios, que hace más compleja la actividad económica. 

El otro factor, dicen los analistas consultados, es el incremento de la brecha cambiaria. Con un dólar oficial que ronda los $ 92 y el bursátil cerca de los $ 150 se complica la operación para muchas empresas, incluso en sectores que son exportadores netos, como el agropecuario

"No solo tienen que incorporar maquinaria y tecnología del exterior, sino que los fertilizantes y agroquímicos tienen precio en dólares", explica José María Segura, economista jefe de PwC Argentina. Algunas empresas acceden al MULC y pueden importarlos a precio oficial, otras, en cambio, tienen que recurrir al contado con liquidación o deciden no comprar. Con consecuencia, cae la oferta y suben los precios en dólares. Todo esto mientras el productor de soja recibe $ 60 por dólar exportado, producto del 33 por ciento de retenciones que tiene ese grano.  

Una situación similar atraviesa otro sector netamente exportador, como el minero. En septiembre del año pasado una comunicación del BCRA cerró parcialmente el acceso al MULC para el pago de deudas en el exterior. Así, las empresas debían recurrir a dinero que tenían en el extranjero, en el mejor de los casos, o al CCL para cancelar sus pasivos. 

"El 1° de octubre se emitió la comunicación 2173 que dice que para adelante no se va a tener problema, pero no hay solución para los que ya estaban. Y eso aumenta la incertidumbre", explica Alberto Carlocchia, presidente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros

Si para acceder a divisas, el sector tiene que recurrir al CCL, deberá pagar $ 150 por dólar. Como contrapartida, cuando exporta recibe apenas $ 70, una vez descontadas retenciones, regalías y fideicomiso.  

 Sin crédito

La otra opción fue refinanciar las deudas con las casas matrices. "Y ahora hay que autofinanciarse, porque las casas matrices lo piensan dos veces", agrega. 

La política cambiaria es una parte importante de la ecuación que hacen los mineros a la hora de invertir y de calcular la rentabilidad de un proyecto. Que pueda cambiar de un día para el otro con solo una comunicación del BCRA no ayuda a agregar certidumbre, explican. 

En la etapa de construcción de los proyectos, cerca del 25 por ciento de los insumos son importados. "Hoy hay solo uno que está en esa etapa, pero este tipo de restricciones hace que los que podrían hacer desembolsos lo piensen dos veces. Por eso necesitamos una legislación que promueva y proteja grandes inversiones. Acá hablamos de US$ 100 millones para arriba. Se necesita algo que dé garantías al inversor", agrega Carlocchia. 

Segura agrega que la poca apertura que tiene la economía argentina le permite cerrar las importaciones. En un mundo que tiene una economía cada vez más integrada en cadenas de valor, tomar este tipo de decisiones es prácticamente imposible, porque la producción local depende de la de otros países. 

"Por supuesto que lo que sucede no es deseable, porque el desarrollo económico de un país pasa por integrarse a las cadenas de valor globales", señala y destaca, sin embargo, que en el país muchas industrias dependen de insumos importados para producir bienes para el mercado interno y el de exportación. 

 80% de las PyMEs dicen que no pueden sustituir las importaciones de sus insumos por producción local. 

Según datos de la Fundación Observatorio PyME (FOP), el 62 por ciento de las empresas de la industria manufacturera son importadoras y dependen de los insumos del exterior para su producción. En promedio, los componentes del exterior representan un 20 por ciento de su gasto. 

"El problema es que el 80 por ciento de las PyMEs dice que no puede sustituir las importaciones por otros productos fabricados en el país. Y cuanto más industrial es el producto, más depende de los dólares. Hay muy poco margen para sustituir importaciones de insumos y cada vez hay menos posibilidades de hacerlo de manera significativa.", aporta Vicente Donato, economista y director ejecutivo de la FOP. 

Entre los sectores que tienen alta dependencia de las importaciones se destacan el automotor, el minero y el de energía, por citar algunos con potencial exportador. Pero también hay otros como el de calzados, textiles, muebles que atienden casi exclusivamente al mercado interno y que de incrementarse las restricciones podrían verse afectados.

 Rebote

Hasta diciembre de 2020, el país acumulaba 28 meses de superávit en la balanza comercial. Y pese a los US$ 360 millones de déficit del último mes, el año pasado terminó con un saldo positivo de US$ 12.500 millones, un 21,7 por ciento menos que el acumulado de 2019. 

En comparación con lo sucedido 12 meses atrás, en diciembre se desplomaron las exportaciones un 34 por ciento interanual. A la par se observó un avance del 25 por ciento de las importaciones. 

"Veníamos viendo una fuerte caída de las importaciones, en línea con la contracción de la economía, pero en el tercer y cuarto trimestres de 2020, apenas empezó a asomar una reactivación, volvieron a subir las compras de bienes en el exterior. Y el panorama es que este año siga la tendencia, por lo que el Gobierno se va a encontrar con un problema agravado de la gestión de la escasez de dólares", agrega Donato. 

Con un rebote cercano al 5 por ciento, según las estimaciones del Banco Mundial, la demanda de divisas para la provisión de bienes intermedios de capital crecerá. Y si no se encuentra una manera de incentivar el ingreso, el problema de la escasez promete incrementarse en igual medida. 

En ese sentido, lo que se haga a partir de ahora será clave. Por ahora, la restricción a las importaciones es distinta a la que hubo entre 2011 y 2015, señala. Aunque las señales sobre incrementos en los controles cambiarios y de las importaciones no son alentadores, Donato mantiene las esperanzas de que el Gobierno no reproduzca errores del pasado. 

"Lo que no ajusta por precio, ajusta por cantidad. Si no se convalida el precio del sector externo y existe menos ingresos de divisas que los egresos, se termina con un incremento de las restricciones", vaticina Segura. 

Es que a las necesidades que tiene el país de dólares para financiar el comercio exterior se le suma la presión que ejerce la demanda de los ahorristas como reserva de valor. Y en la medida que existan dudas sobre el valor del peso, ese problema no se va a resolver. 

"El dólar como reserva de valor o, como le dicen algunos, la fuga de capitales le juega en contra al proceso productivo, porque los dólares que se atesoran no los puede usar la industria. Es necesario que se aplaque la demanda de divisas de los ahorristas y la única manera de lograr ese objetivo es fortalecer el peso", agrega el economista de PwC. 

Además, debería atacarse el problema de raíz y lograr incrementar el ingreso genuino de divisas al país. Para ello, son necesarias políticas económicas que no tengan un sesgo antiexportador.  

 "Básicamente es hacer lo que hacen los países que no tienen problemas para financiar su balanza de pagos. Impuestos más bajos, no gravar exportaciones, bajar y hacer más eficiente el gasto público y modernizar las regulaciones laborales", aporta Capello, del Ieral.

Demoras 

En la práctica, dicen, ya se empiezan a notar demoras. Durante enero, indican diversos importadores, casi no se aprobó ninguna licencia. Y en la Secretaría de Comercio, agregan, nadie atiende el teléfono ni responde los mails. El trámite a distancia (TAD) prácticamente dejó de funcionar. Y las importaciones temporales -mecanismo utilizado para introducir piezas que se van usar para producir bienes exportables-, está complicada. 

Empresarios textiles se quejan por las demoras en la aprobación de importaciones

Daniel Rosato, presidente de Industriales PyMEs Argentinos (IPA) dice que hay sectores, como el textil, con empresas que tienen el contenedor listo para retirar del puerto a las que no les aprueban la SIMI. Eso retrasa la producción y les genera problemas para cumplir con sus clientes. 

"Pero, a la vez hay productos similares textiles que entran terminados y los vemos en venta en cadenas de supermercados. Es injusto o contradictorio. Siempre es mejor que entre una materia prima para producir que el producto terminado", razona. 

En IPA agregan que ya hay quejas por insumos que no están ingresando al país. A eso se le suma que la Secretaría de Industria quiere que las empresas presenten las proyecciones de importaciones para 2021 cuando todavía no hay un panorama claro de qué va a pasar con la economía. Y todos estos trámites y la burocracia hacen más lento el proceso y terminan afectando a las compañías que lo único que buscan es seguir produciendo.

 "Se vive una situación de incertidumbre total. La Dirección General de Gestión Comercial Externa asigna cupos de exportación arbitrarios y después no los cumple. Cuando se llega aproximadamente al 60 por ciento empiezan a no aprobar las licencias", se queja Rubén García, presidente de la Cámara de Importadores de la República Argentina. 

En la industria vitivinícola dicen que tienen algunos inconvenientes para reponer insumos importados, principalmente corchos y agroquímicos. Los proveedores, explican, ya están vendiendo los productos con un precio que es un mix entre el dólar oficial y el paralelo. 

"Nos aumentan los costos y no los podemos trasladar a precios. Por lo menos no en el mercado doméstico, porque los vinos están incluidos entre los productos con precios máximos. Y si bien es cierto que aumentó el consumo en el último año, lo hizo con una fuerte pérdida de rentabilidad", cuenta Ramiro Barrios, director de Bodegas de Argentina y gerente de Clos de los Siete. 

En la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (Afarte), que concentra a las compañías que producen mayormente en Tierra del Fuego, reconocen que el plan de comercio exterior presentado en enero de 2020 no se cumplió. Es que las plantas estuvieron casi tres meses cerradas por la cuarentena. A eso se le agrega que la paralización de las fábricas fue en los primeros meses del año, cuando todavía había stock de insumos de 2019. 

"Es cierto que hasta ahora no tuvimos impedimentos para importar, pero también que el año pasado se produjo menos que el anterior. Por el momento está todo en orden, pero no es un tema en el que nos podamos relajar. El temor de que vuelvan los problemas está presente. Es una sospecha que tiene todo el mundo en la cabeza", señala Federico Hellemeyer, presidente de la entidad. 

La preocupación tiene sentido. La industria electrónica de Tierra del Fuego es una de las que mayor demanda de divisas tiene en el país. Solo en diciembre, el sector realizó importaciones por un total de US$ 43 millones. De mantenerse la tendencia a la recuperación del consumo, la necesidad de dólares será mayor y es en ese momento cuando podrían empezar a aparecer los problemas. 

 Con ayuda de la cuarentena 

Distintos sectores dicen, por lo bajo, que la crisis generada por la cuarentena se encargó de enfriar el mercado y ayudó a que los números no fueran peor de lo que podrían haber sido en una situación normal. En las reuniones que la Unión Industrial Argentina (UIA) realiza cada 15 días con directivos de distintas compañías las quejas ya empezaron a oírse. 

Por el momento son pocas las cámaras empresarias que están diciendo que empezaron los problemas. Principalmente, la industria del plástico y la automotriz. "Las demás no es que no tengan inconvenientes, pero todavía no son lo suficientemente grandes como para abrir un frente de batalla con el Gobierno", agregan las fuentes. 

Los importadores de autos, con mayores problemas para ingresarlos al país

En el sector automotor, el principal problema lo tienen los que importan vehículos terminados. A las terminales que producen en el país pueden llegar a tener demoras en la liberación de las piezas, pero al final logran importarlas. 

Los que sí pueden tener inconvenientes son los autopartistas, que tienen que recurrir a sus clientes para que los ayuden a solucionarlos. "Casi todas son PyMEs y necesitan insumos importados para fabricar las piezas que van a ir al auto terminado. Pero lo cierto es que cada vez que pasó algo, intercedimos en la Secretaría de Comercio y se solucionó", dicen en una de las 12 automotrices que tienen producción en el país. 

García, de la CIRA, apunta contra el gasto público y dice que debería ser la principal preocupación del Gobierno. En ese sentido, argumenta que pese a que en los últimos dos años hubo superávit comercial, los dólares no dejaron de salir del sistema. "El país gasta más de lo que tiene y termina expuesto. El peso pierde valor y lo lógico es que el que tiene un resto busque una moneda fuerte para cubrirse y así se siguen dilapidando divisas", remata.

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