En esta noticia

Tras una negociación de 25 años, la Unión Europea dio un paso clave para avanzar con el acuerdo de libre comercio con el Mercosur, al respaldar este viernes, por mayoría cualificada del Consejo Europeo, la firma del entendimiento comercial.

La decisión impulsaría la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo tras más de un cuarto de siglo de negociaciones y bloqueos, y que abarcará a cerca del 25 % del PIB global. Ahora, todos los focos estarán puestos en el bloque sudamericano, que deberá dar rubricar el tratado con su firma el próximo 17 de enero en Asunción.

De qué se trata el acuerdo y cómo se logró

El tratado busca rebajas y eliminaciones de aranceles al comercio internacional. Su objetivo es eliminar la mayoría de los aranceles entre ambas zonas comerciales, creando un espacio de más de 700 millones de consumidores.

Este viernes, el Consejo Europeo respaldó el acuerdo comercial con el Mercosur, con 21 votos a favor sobre 27. Solo Francia, Polonia, Hungría, Austria e Irlanda votaron en contra, mientras que Bélgica se abstuvo, según señalaron dos diplomáticos europeos.

Italia, cuyo apoyo es clave para la aprobación del acuerdo, votó a favor tras obtener concesiones de la Comisión Europea en favor de los agricultores.

De esta forma, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, quedaron habilitados para avanzar con la firma oficial del pacto. Resta esperar que viajen la próxima semana a Asunción (Paraguay ostenta la presidencia rotatoria del bloque sudamericano) para proceder a la rúbrica junto a los mandatarios de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

Cómo beneficiará a la Unión Europea

Para la Unión Europea, el acuerdo permitirá eliminar aranceles para el 91 % de las exportaciones hacia el Mercosur. Este paso abre las puertas de un mercado históricamente protegido para sus sectores industriales más competitivos, entre los que destaca la automotor y la maquinaria industrial, donde los actuales aranceles de entre el 35 % y el 14 % desaparecerán progresivamente.

Otros sectores que se beneficiarán especialmente serán el químico y el farmacéutico, que exportan por valor de miles de millones de euros cada año, o productos agroalimentarios protegidos por denominaciones de origen como los vinos y los quesos.

Qué le permitirá al Mercosur y cómo impacta a la Argentina

Por su parte, se eliminará aranceles para el 92 % de las exportaciones del bloque suramericano hacia ese mercado. Esto le permitirá ganar acceso preferencial en productos como carne de vacuno, soja, miel y biocombustibles, aunque bajo un sistema de cuotas que busca limitar el impacto en los productores locales europeos.

En el sector agroindustrial, quizás el más emblemático por la capacidad productiva del Mercosur y la resistencia europea, se darán beneficios arancelarios a casi la totalidad de las exportaciones sudamericanas.

Un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires destaca que el 99,5% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur tendrán beneficios arancelarios, los eliminará en su totalidad para el 84% de esos productos y otorgará cuotas o preferencias arancelarias parciales para el 15,5%.

El 70% de las exportaciones agroindustriales tendrán la eliminación inmediata de los derechos de importación que aplica el continente europeo, incluyendo productos de pesca (como la merluza, vieiras y calamares), porotos y harina de soja, maní, algunas frutas (manzanas, peras, duraznos, cerezas, ciruelas y uvas de mesa), frutos secos, pasas de uvas, legumbres, aceites vegetales para uso industrial (soja, girasol y maíz), despojos comestibles de las especies bovina/porcina/ovina y otros productos de origen animal (como las menudencias, grasas y semen bovino), entre otros.

El 14% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur tendrán una eliminación total progresiva en un período de 4 a 10 años. Entre los productos que entran en este esquema se destacan la harina de maíz, aceites vegetales (soja, girasol y maíz), preparaciones alimenticias y pastas, algunas frutas cítricas (como los limones, naranjas y mandarinas) y algunos productos de la pesca (como los langostinos), entre otros.

“Se facilitará a las PYMES su integración en las cadenas globales de valor y se aplicarán medidas de facilitación del comercio. Generará mayores oportunidades comerciales para las PYMES, mientras que los consumidores se beneficiarán de una mayor variedad en el acceso a bienes y servicios a precios competitivos", remarcó el ministro de Economía, Luis Caputo, sobre sus implicancias para Argentina.

Acuerdo Mercosur-UE: por qué las negociaciones se demoraron más de 25 años

La intención de ambos bloques de buscar este pacto quedó plasmada en un acuerdo marco de cooperación firmado en 1995 y que entró en vigencia en 1999, pero formalmente las negociaciones técnicas se iniciaron en Buenos Aires en abril de 2000.

Desde entonces, se han celebrado decenas de rondas de negociación en el marco de un proceso complejo, incluso con impases por largos años.

La dilatación de las conversaciones se ha debido a los fuertes intereses sectoriales que han primado durante mucho tiempo, en particular en ciertos productos agrícolas e industriales y en cuestiones ásperas, como las denominaciones de origen y las cuestiones ambientales, a lo que se han sumado períodos de tensiones políticas diversas que han desviado la atención y restado prioridad al proceso negociador.

Parlamento Europeo. Fuente: Archivo
Parlamento Europeo. Fuente: Archivo

Los próximos pasos y qué falta para que entre en vigencia

Sin embargo, el visto bueno de los países de la Unión Europea para firmar el acuerdo con el Mercosur no supone sin embargo el último paso para cerrar el histórico pacto, que aún podría enfrentar sus últimos obstáculos principalmente en su proceso de ratificación en el Parlamento Europeo durante 2026.

Puntualmente, el acuerdo se considera “mixto” y se divide en dos partes, una comercial y un acuerdo de asociación, que siguen caminos paralelos: ambas tendrán que recibir la aceptación de la Eurocámara antes de su conclusión formal. El acuerdo de asociación requiere, además, el consentimiento de todos los parlamentos nacionales de la UE.

En ese sentido, la ratificación en el Parlamento Europeo se prevé compleja por la gran división en el hemiciclo comunitario en un voto en el que la nacionalidad de los eurodiputados pesará tanto o más que las líneas ideológicas. Sin embargo y pese a que Francia y otros países mantienen su rechazo, el número de contrarios no parecería suficiente para bloquear la propuesta. Si no surgen nuevos obstáculos legislativos, la aplicación inicial podría darse hacia finales de 2026, señalan fuentes europeas.