Enfoque

Recuperación económica con perspectiva de género

En todo el mundo, el impacto económico de la pandemia recae de manera desproporcionada en las mujeres, en los jóvenes y en trabajadores/as informales. Son quienes más trabajos e ingresos han perdido el último año. Esta situación empuja a millones de mujeres, niños y niñas a ubicarse por debajo de la línea de pobreza. Es una preocupación compartida por países y organismos internacionales porque retroalimenta desigualdades y le pone un freno a la recuperación económica.

En Argentina, en términos de empleo, las mujeres se llevan la peor parte. La tasa de desocupación pasó de 8,9% a 11,7% para la población en general, y de 9,5% a 13,1% para las mujeres. En el contexto de la pandemia fueron las que más puestos de trabajo perdieron. En particular forman parte de este grupo las trabajadoras domésticas, que son las que enfrentan mayores niveles de informalidad y reciben los menores ingresos.

Los hogares con jefatura femenina y con niñas, niños y adolescentes (NNyA), son los que sufrieron los efectos más negativos porque tuvieron una doble crisis: la de los cuidados y la pandemia. El aumento de tareas domésticas y de cuidados en los hogares recayó asimétricamente sobre las mujeres condicionando sus posibilidades laborales. La actividad de las mujeres jefas de hogar con menores de edad y cónyuge cayó 9,3 puntos porcentuales entre diciembre de 2019 y julio de 2020. La caída fue de 14,0 pp para las mujeres jefas de hogar con NNyA sin cónyuge, es decir, las madres que están solas a cargo de un hogar.

Así también, en el mundo, son los Estados los que están trabajando con más fuerza para amortiguar el impacto de esta crisis sanitaria mundial. El gobierno argentino, ni bien comenzó la pandemia, se dispuso a atender las necesidades más urgentes y en los sectores más afectados. En marzo de 2020, en un país con doble crisis (económica y de deuda insostenible) que acarreábamos de la gestión de Juntos por el Cambio, nos llegó la pandemia. Y el Presidente no dudó un segundo: eligió cuidar la vida y proteger el trabajo y producción.

Y se pusieron en marcha medidas inéditas y de gran alcance como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), entre otras, que contribuyeron a sostener ingresos y empleos. Ayudaron a contener el aumento de la pobreza, en un contexto en el que los más golpeados son los que ya se encuentran en una situación de desventaja, como los trabajadores informales, los y las jóvenes, las mujeres y las distintas comunidades LGBTQ+.

Al mismo tiempo, se reforzó todo el sistema de salud y de protección social. El paquete Covid de 2020 ascendió a 6,6 puntos de PBI. Este impulso y políticas expansivas continuaron en 2021. Es decir, el Estado sigue presente, con un Gobierno que hace un monitoreo constante de la dinámica de la pandemia, desde lo económico y también desde lo sanitario. Así, se amplió la cobertura de la Asignación Universal por Hijo, la tarjeta Alimentar duplicó su alcance ante las cifras de la pobreza infantil, se abrió el Progresar a más jóvenes, se otorgaron bonos al personal de salud, hubo asistencia a los sectores más perjudicados como el turismo, gastronomía y cultura, entre otras. El Repro siguió acompañando a las empresas y los y las trabajadoras. Se pusieron en marcha medidas que buscan seguir acompañando a sectores que sin este apoyo estarían desprotegidos. Son alrededor de 480 mil millones de pesos destinados a reforzar la salud y el tejido productivo y social.

Estas acciones buscan sostener los ingresos de los hogares de forma rápida y asistir a los sectores más afectados. Sabemos que muchas veces se trata de paliativos, porque se entrecruzan problemas de la pandemia con problemas estructurales. Y entendemos que para transformar dinámicas de exclusión, desigualdad y brechas de género estructurales se necesita más tiempo y restablecer la estabilidad macroeconómica. Y fundamentalmente se necesitan políticas concretas que impulsen la generación de empleo. Esa es la verdadera inclusión: crear trabajo. Pero las urgencias son ineludibles y hoy llevar un plato de comida a millones de niños, niñas y adolescentes que están en la pobreza es una obligación.

Aún en el marco de la emergencia hemos dado pasos importantísimos. Estamos trabajando en fortalecer los cuidados, ese trabajo invisible que realizan mayoritariamente las mujeres, que representaría el 16% del PBI si se midiera como el resto de los sectores económicos y que ha sido central para sostener el tejido social y productivo en la pandemia. El presupuesto 2021 incluye infraestructura de cuidados, que es motor de desarrollo porque impulsa la generación de empleo en varias rondas multiplicadoras: aumenta el empleo en construcción, aumenta (y mejora) el empleo en cuidados y aumenta las posibilidades de empleo de aquellas mujeres que podrán disponer de valiosas horas. Fortalecer los cuidados es una condición para el desarrollo de la Argentina. Una condición poco escrita en la teoría económica que hoy está presente en la gestión.

Avanzamos también en feminizar los resortes productivos de nuestro país. La construcción, la obra pública, la industria, la energía, el transporte y la tecnología son sectores estructurantes de la estrategia de recuperación donde hoy las mujeres son minoría. En los últimos meses, se han llevado adelante reformas tributarias y estímulos productivos que buscan que las mujeres ganen espacios en estos sectores masculinizados. Un ejemplo claro es la reforma de la ley de Impuesto a las Ganancias Sociedades que otorga beneficios impositivos a las empresas que contraten en cargos jerárquicos a mujeres y personas trans.

En términos redistributivos, el Aporte solidario y extraordinario para morigerar los efectos de la pandemia es un hito y permite financiar a quienes están más afectados, de manera sostenible para las finanzas nacionales. Al mismo tiempo, se han puesto en marcha programas de empleo que revalorizan e impulsan trabajos y oficios de la economía popular, en donde se desarrolla más de un tercio de los/as trabajadores/as. La integración social, la construcción de viviendas y urbanización de barrios, la conectividad y el estímulo productivo son prioritarios en esta agenda económica.

Una recuperación sostenible y justa requiere políticas públicas feministas y populares activas. Esta es también la agenda que venimos construyendo desde el Gobierno y desde el Ministerio de Economía, con el liderazgo de Martín Guzmán, para que el camino de la pospandemia sea el de invertir la lógica que espera el derrame de arriba hacia abajo, para dar paso a la planificación del proyecto de país que queremos: una Argentina con oportunidades para todas y todos.

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Comentarios

  • SM

    Simon Marco

    Hace 11 días

    que falopa que es esta mina

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