OPINIÓN

¿Qué enseñanzas deja Brasil para bajar la inflación?

En estos días donde Brasil domina la agenda pública argentina, conviene hacer una breve reseña de cómo el socio principal del Mercosur logró, a mediados de los noventa, destruir la inflación. En especial, si pueden extraerse lecciones para el caso argentino. Mientras hoy todas las miradas se depositan en el programa de estabilización de Israel de 1986, Brasil también muestra elementos a considerar. Ninguna de las inflaciones de entonces, vale decirlo, son éstas, y quizá por esa razón un seguimiento estricto de recetas de otros tiempos no sea el más adecuado. Los diferentes momentos establecen otras condiciones de borde, siempre. Sin embargo, las estabilizaciones contienen siempre elementos comunes.

En 2024 el país vecino alcanzará las tres décadas consecutivas de baja inflación. ¿Cómo logró doblegar a una bestia que entre 1991 y mediados de 1994 crecía entre el 20 y el 40% al mes? Brasil venía de media docena de planes fracasados desde los años ochenta, que fueron "adaptando" la formación de los precios a la elevadísima inflación y consolidado complejos mecanismos de indexación de salarios y contratos muy difíciles de erradicar. Era el país con mayor número de índices de precios, privados y públicos.

La estabilización de los precios comenzó en 1994, con el Plan Real, Itamar Franco de presidente y Fernando Henrique Cardoso, ministro de Economía. La paradoja es que un sociólogo de formación marxista, traductor de Sartre y teórico de las teorías de la dependencia en boga a finales de los años sesenta fijó para Brasil una mirada distinta de desarrollo, desde un estado omnipresente, poco eficiente, hacia una organización con mercados más libres y autorregulados. El mundo de los noventa, claro, facilitaba las cosas: el Consenso de Washington impedía revalidar las fórmulas proteccionistas del nacionalismo brasileño. "Daremos vuelta la página del getulismo", enfatizaba Cardoso, haciendo referencia a Getulio Vargas, el principal organizador del Brasil moderno.

El "mix" inicial de medidas del Plan Real dio resultados muy significativos. La inflación cayó del 45% en los meses previos al 2% en los siguientes. Hasta mediados de los años 2000 la inflación fue 9% anual promedio, y desde entonces se ubicó en el 5% anual.

El primer elemento relevante es que, a diferencia de los programas anteriores, la estabilización brasileña de 1994 fue planificada con suficiente antelación, un año al menos, y se diferenció de las experiencias de los años 80s, todas basadas en la ruptura de contratos y efectos "sorpresa". En el Plan Real todas y cada una de las medidas fueron anticipadas.

Siguiendo el paradigma dominante en los noventa y "el fin del getulismo", incluyó una drástica apertura importadora y a los capitales extranjeros, dándole continuidad al programa de privatizaciones iniciado en 1990. Esta decisión permitió un significativo financiamiento del programa, tanto que el déficit en cuenta corriente pasó de 0,2% del producto en 1994 al 2,4% al año siguiente, alcanzando el 4,3% en 1999.

El contexto externo era muy diferente al de los 80s. Los procesos aperturistas facilitaban las estrategias de estabilización de los precios basadas en la competencia externa sobre los bienes transables en un escenario de apreciación real de la moneda.

La secuencia previa del Plan también fue novedosa; un año antes se consolidó el superávit fiscal primario, creándose además un Fondo de Resiliencia Social para atenuar los costos del ajuste sobre los sectores más vulnerables, mientras el producto por habitante había caído 10% entre 1990 y 1993. Con superávit primario, comenzó a caer la carga de la deuda pública, permitiendo la consolidación a nivel del resultado financiero. El ajuste del déficit primario fue de nada menos que de 4,5% del producto en el primer año (del 5% en 1994 al 0,5% en 1995).

Cuando el Real reemplazó al cruzado como moneda, hubo una fuerte contracción monetaria, con control de agregados y tasas reales de interés positivas, por encima de la devaluación. Aquí vale la pena hacer un alto y discutir cómo hizo Brasil para quebrar la altísima inercia inflacionaria contenida en una economía totalmente indexada al dólar.

El Plan Real no contuvo congelamientos de precios y salarios, a diferencia de los fallidos planes anteriores. En cambio, la decisión fue crear unidades indexadas para quebrar la inercia. En los tres meses previos al lanzamiento del programa, todos los precios fueron congelados y fijados en Unidades de Valor Real (UVR), que se actualizaban por las variaciones del tipo de cambio. Lo relevante fue que los precios relativos de los bienes y servicios, medidos en UVR, se mantuvieron constantes, eliminando de este modo la inercia inflacionaria. En otras palabras, los precios absolutos fueron sincronizados mediante el congelamiento de los precios relativos en UVR. Una salida muy ingeniosa que permitió coordinar, junto con los "fundamentals" fiscales y monetarios y el cambio de moneda, la drástica desinflación.

El ingreso de capitales fue muy importante, permitiendo la recuperación de las reservas del Banco Central inmediatamente -punto clave en cualquier estabilización creíble. Claro, se dio a costa de una fuerte apreciación real de la nueva moneda y un déficit externo que se multiplicó por 10. Este aumento de la fragilidad externa, asociada a la dependencia de los capitales extranjeros, derivó en la crisis de 1999. La salida del esquema, en particular del déficit en cuenta corriente, resultó muy dificultosa debido al amplio apoyo social generado por la estabilidad dada por la apreciación cambiaria. Ciertos parecidos a la convertibilidad argentina, con la diferencia, no menor, de que, al no ser un tipo de cambio fijo, Brasil logró evitar que la actividad y el empleo fueran plenamente impactados por los shocks internacionales de entonces (el Tequila de 1994, la crisis asiática de 1997 y la rusa en 1998).

Las lecciones brasileñas para una estabilización "a-la-argentina" son bastante obvias. Plan conceptualmente bien articulado, con tiempos de maduración y testeo, decisión política para sostener un fuerte ajuste fiscal y monetario y, fundamental, acceso a fuentes externas de financiamiento. Fortalecer las reservas es imperioso para volver creíble cualquier estrategia antiinflacionaria.

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Comentarios

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  • RN

    Raul Nieto

    06/10/22

    Muy claro el pie pero estamos los ciudadanos a exigirlo al gobernante y sobre todo el gobernante electo realizara las acciones por el bien de la patria o volva a pensar solo en su interés personal de poder

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